Lectio Divina, 7 de mayo de 2017

Lectio Divina, 7 de Mayo de 2017

Cuarto Domingo de Pascua

Ciclo “A”

Página Sagrada:

Hch 2,14a.36-41; * Salmo 22 * 1 Pe 2,20b-25 * Juan 10, 1-10

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“Mis ovejas escuchan mi voz”

Invocación inicial

Ven Dios Espíritu Santo,

y Envíanos desde el cielo

Tu Luz para iluminarnos.

Ven ya, Padre de los pobres,

luz que penetra en las almas,

dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo,

amable huésped del alma,

paz en las horas de duelo.

Eres pausa en el trabajo;

brisa, en un clima de fuego;

consuelo, en medio del llanto.

Ven, luz santificadora,

y entra hasta el fondo del alma

de todos los que te adoran.

Sin tu inspiración divina

los hombres nada podemos

y el pecado nos domina.

Lava nuestras inmundicias,

fecunda nuestros desiertos

y cura nuestras heridas.

Doblega nuestra soberbia,

calienta nuestra frialdad,

endereza nuestras sendas.

Concede aquellos que ponen

en Tí su fe y su confianza

tus siete sagrados dones.

Danos virtudes y méritos,

danos una buena muerte

y contigo el gozo eterno.

Texto

1 “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. 2 El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. 3 El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. 4 Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. 5 Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz”.

6 Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.

7 Entonces Jesús prosiguió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. 9 Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. 10 El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”.

Lectio

En este domingo en el que celebramos a “Jesucristo buen pastor”, en el ejercicio de la Lectio Divina se nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el misterio del pastoreo en la Iglesia, ya que Cristo en su misterio pascual nos ha hecho entrar en una nueva forma de vida y de relación con Èl, donde seguimos escuchando su voz y somos conducidos por Él a la vida abundante. Por ello es necesario que nos detengamos en los siguientes detalles:

a. Es interesante notar el contexto del capítulo 10 de Juan que es la continuación de la historia del ciego de nacimiento, curado por Cristo y expulsado de la sinagoga en cap. 9. Aquel hombre lo ha perdido todo: le está prohibido congregarse con Israel, rebaño de Dios para escuchar la Palabra y recibir la bendición. Cuando sale del Templo (VER Jn. 9, 9, 35ss) se encuentra con Uno que le ofrece un nuevo espacio de vida y encuentro con Dios: Jesús es ese espacio, Él es el guía nuevo, diverso a los falsos pastores de Israel… Él dará su vida por aquel hombre, porque el buen pastor da la vida por sus ovejas.

b. A hombres como aquel que fue curado y hecho parte del rebaño de Cristo, ahora les corresponde reconocer la voz de su Pastor es decir, dar a su vida toda la orientación que supone el creer verdaderamente en Jesús-Guía (“Señor y Mesías”, como diría la 1a. Lectura).

c. Así pues, ciertos verbos en la voz de Cristo indican “el modo de ser parte de su rebaño”: entrar = “estar en comunión con Cristo, rompiendo con otros falsos guías” VER vv. 7-8) escuchar la voz = “apegarse con fe a su Palabra y llevarla a la práctica de la vida” (VER v. 3); caminar-seguir = “mantener la fidelidad en cualquier situación” (VER v. 4); reconocer, conocer la voz = “optar por su camino y voluntad frente a otras propuestas de vida que resultan falsas” (VER v. 4b).

Meditatio

  • Cristo es el “Buen Pastor” que continúa guiando nuestras vidas a través de su Palabra proclamada y creída en la Iglesia: ¿vivimos el momento de la escucha con intensidad y apertura?
  • Cristo, Buen Pastor, continúa colocándonos ante la opción de ser o no parte de su rebaño (“entrar o no”) con todas sus consecuencias personales, comunitarias, sociales: ¿cuánto de nuestra vida es conducido por Cristo?

Oratio

Inmolado por nosotros, Cristo cordero, te ofreces hoy como pastor del rebaño… concédenos entrar en tú rebaño: encaminar nuestros pasos de tal manera, que como obradores de la justicia, de la paz y de la verdad, invitemos a otros a escuchar y reconocer tú voz en la Iglesia.

Amén.

Contemplatio

 

El Salmo 23 expresa la experiencia de un creyente con otros pastores falsos, pero que vuelto a Dios, recobró aquella seguridad y vida abundante que vienen sólo del Altísimo. La recitación de este Salmo no puede ser meramente emotiva, ella debe desembocar en la contemplación y orientar hacia la “conversión”

Actio

  1. Hacer presente a Cristo-Guía, Buen Pastor en todos los momentos de jornada
  2. Dejar que él conduzca nuestras más importantes decisiones con su Palabra
  3. Orar para que él siga dando a su Iglesia pastores según el corazón de Dios
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Lectio Divina, 30 de Abril de 2017

Lectio Divina, 30 de Abril de 2017

Tercer Domingo de Pascua

Ciclo “A”

Página Sagrada:

Hch 2, 14.22-33 * Salmo 15 * 1Pe 1, 17-21 * Lc 24, 13-35

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Se les acercó en el camino, lo reconocieron en la fracción del pan”

Texto

13 Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. 14 En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. 15Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. 16Pero algo impedía que sus ojo lo reconocieran. 17 El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, 18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».

19 “¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, 20 y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. 21Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. 22Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro 23 y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. 24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».

25 Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! 26 ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» 27Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él.

28 Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. 29Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. 30 Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. 31Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. 32Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

33En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, 34 y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».

35Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Lectura

Un tema particularmente significativo se propone este domingo a la reflexión de los discípulos y testigos, que forman la Iglesia del Señor: la historia es el camino hecho de encuentros con el Señor resucitado. En la escena del camino de Emaús vemos cómo el Señor, haciéndose caminante, ilumina la vida de sus discípulos, los conforta, los “hace comprender” que no están solos, y finalmente, los envía de nuevo a anunciar esa buena noticia.

a. “Sus ojos no eran capaces de reconocerlo”: contrariamente a lo que pudiera creerse, el relato de Emaús no enfoca el abandono del discipulado por parte de los dos que regresaban a su aldea. Más bien ellos “siguen siendo discípulos para el mismo Señor” quien se aproxima, para hacer madurar su fe, desarrollando aquella “incapacidad de verlo”, cuando la lectura de la realidad y de la historia aún se hacen desde la expectativa y cálculo humano.

b. “Les explicó lo que se refería a él en la Escritura”: pues ella, junto al testimonio de los santos, es el único primer elemento con que la Iglesia seguirá contando, para fundamentar su fe y hacer crecer su esperanza: ni los milagros, ni las apariciones, ni los momentos de profunda “emoción” mantendrán la fe, solo la Palabra inicia la “apertura de los ojos” y cura el desánimo.

c. “Le reconocieron al partir el Pan”: la Eucaristía es un signo y una presencia real que, fortalece la fe de los caminantes en el discipulado y es capaz de iluminar todo el mensaje de las Sagradas Escrituras. “Volvieron a anunciar a sus hermanos”: como conclusión lógica, y al mismo tiempo sobrenatural y misionera, por lo que ha sido un contacto vivo con Jesucristo: convertir ese contacto en anuncio para otros, para que también ellos experimenten la presencia del Resucitado en el camino de sus propias existencias.

Meditación

  • ¿Celebramos la Eucaristía como un momento de verdadero “encuentro con el Viviente, Cristo Resucitado”? ¿O nuestra falta de preparación y de participación empobrecen lo que realmente ocurre en la fracción del pan?
  • El anuncio de que otros le “han visto” (como las mujeres en el sepulcro vacío), es decir “las experiencias sencillas de Dios en sus vidas” ¿no es recibido muchas veces con duda y hasta burla por nuestra mentalidad egoísta y desconfiada?

Oración

Nuestros ojos se abren de pronto, Señor, y he aquí que siempre has estado presente… el desánimo y la tristeza ante el mal nos habían impedido hasta ahora el poder verte y creer en ti…

Amén.

Contemplación

La importancia del Salmo 15 es innegable para la contemplación en esta Lectio Divina. Su proclamación deberá acompañarse no sólo del deseo de alabar al Justo que vuelve a la vida, rescatado por Dios, sino del deseo de que el camino de la vida sea el nuestro.

Acción

  1. Abrir nuestra vida y nuestro corazón a la Palabra que lo anuncia vivo, y a la Eucaristía que lo acerca a nuestra historia.
  2. Ser también nosotros “su presencia en los caminos de la vida” para todos aquellos que le buscan y necesitan como vida, luz y libertad verdaderas
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Lectio Divina, 23 de abril de 2017

Segundo Domingo de Pascua

Ciclo “A”

Página Sagrada:

Hechos 2,42-47 * Sal 117 * 1Pe 1,3-9 * Juan 20, 19-31

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“Dichosos los que creen sin haber visto”

Invocación Inicial

 

Ven, Espíritu Santo

Espíritu Santo Consolador, ven con tu fuerza y con tu poder, que sin herir ni violentar, ofreces en la conciencia el susurro de lo que es bueno y mejor, para bien de cada persona y de la comunidad humana.

Ven, sobre todo, a lo más íntimo de nuestro ser, donde se experimenta la turbación, el sinsentido, la desesperanza, la tristeza, el desánimo, el dolor y las lágrimas secretas. ¡Son tantos los que lloran sin que los mire nadie! ¡Son tantos los heridos de la vida que se creen incurables! ¡Son tantos los que piensan que no tiene remedio su dolencia!

Ven, Espíritu Santo, Consolador, hazte luz para quienes todo lo ven oscuro; amor, para quienes se creen o están solos; fuerza, para quienes perciben la debilidad física y también en su espíritu. Tú eres el mejor Abogado, defiéndenos de nosotros mismos, de nuestras melancolías y desesperanzas.

Texto

19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. 20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

21 Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. 22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió “Reciban al Espíritu Santo. 23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

24 Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”.

26 Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. 27 Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. 28 Tomas respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. 29 Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”.

30 Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 31 Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Lectio

A partir del Evangelio, es posible determinar una continuidad en el mensaje de la página sagrada y en la práctica de la lectio divina para este segundo domingo de Pascua: ¿En qué forma se puede definir mejor a la Iglesia, sino como comunidad de fe? Fe, de hecho, es esperar lo que no se ve (Rm 8,24). La incredulidad de Tomás en la “aparición de Cristo” viene a ser entonces, el extremo opuesto de la fe. En aquel hombre no vive aún el espíritu de la Iglesia “formada por los que creen sin ver” es decir, por los que arriesgan a partir de la sola palabra de los testigos. Retomemos algunos elementos del texto:

  1. La fe comunitaria de cada generación depende del testimonio de otros: contrariamente a la necesidad de una experiencia personal de tipo emotivo, suficientemente convincente, mucho de lo que creemos y practicamos procede de una “transmisión” recibida de otros. Si Tomás no “vio” debería haber prestado fe a la palabra de la Iglesia, representada en todos aquellos que predican a Cristo.
  2. La fe del individuo, y sin duda del grupo, está siempre sujeta a un crecimiento progresivo: a diferencia de aquellas conversiones totales y hasta traumáticas, la pedagogía divina al menos en todos los casos bíblicos de fe, se trata de un proceso que va respetando la capacidad humana de razonar y de optar (VER vv. 26-31)
  3. La fe conduce a la prolongación de la obra de Cristo: como aquellos que lo habían visto antes, también Tomás quedará, -ahora que su fe ha crecido- integrado a la misión de la reconciliación universal por la acción del Espíritu Santo, para perdonar los pecados e integrar a los hombres a la vida nueva del resucitado.

Meditatio

  • ¿Cuál es el camino de fe que estamos dispuestos a aceptar “dentro de la Iglesia”: visiones, emociones, momentos inolvidables o un camino progresivo, al ritmo de Dios, como en el caso de Tomás?
  • ¿Estamos dispuestos a creer en el testimonio de otros? ¿O la humanidad de los predicadores sigue siendo escándalo, obstáculo para dejarnos llevar al encuentro con Cristo?

Oratio

En tú resurrección, oh Cristo, has renovado la vida de todo hombre más allá de nuestro alcance, has realizado la obra de la salvación mediante el dolor y la donación, ahora te reconocemos presente, como fundamento de la iglesia.

Amén.

Contemplatio

La propuesta del Salmo 117, es una invitación a retomar el tema de la alabanza y la contemplación del Señor, las cosas admirables que ha obrado en la resurrección de Cristo: el vencimiento del pecado y de la muerte.

Actio 

  1. Hacer presente a Cristo, que pasa a través de la miseria y de la pequeñez de nuestros pequeños o grandes errores.
  2. Fortificar la fe de nuestra comunidad con el ejercicio de un amor realizado en el servicio constante y desinteresado.

 

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Lectio Divina, 16 de abril de 2017. Domingo de Resurrección

Lectio Divina, 16 de abril de 2017

Domingo de Resurrección

Ciclo “A”

Página Sagrada:

Hch 10, 34a.37-43 * Sal 117 * Col 3, 1-4 * Jn 20,1-9

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“El otro discípulo vio y creyó”

 

Invocación inicial

¡Señor Jesucristo, hoy tu luz resplandece en nosotros, fuente de vida y de gozo! Danos tu Espíritu de amor y de verdad para que, como María Magdalena, Pedro y Juan, sepamos también nosotros descubrir e interpretar a la luz de la Palabra los signos de tu vida divina presente en nuestro mundo y acogerlos con fe para vivir siempre en el gozo de tu presencia junto a nosotros, aun cuando todo parezca rodeado de las tinieblas de la tristeza y del mal.

Texto

1 El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 2 Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

3 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5 Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, 7 y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. 9 Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Lectio

Los discípulos y misioneros en este encuentro trataremos de volver los ojos al Resucitado, de una manera nueva, como el “otro discípulo” e iniciar una contemplación del Misterio del Señor, que impulsa la existencia entera, a su seguimiento renovado y a su testimonio constante. Por ello en el evangelio es necesario detenernos en lo siguiente:

  1. Siempre sorprenderá al lector bíblico, que en ninguno de los Evangelios se contenga una “narración de la resurrección” paso a paso. Pero aparte de la imposibilidad de que haya habido testigos oculares, el interés de los autores de esos Evangelios está en “invitar al acto de fe en la palabra predicada” que remite a un hecho creído y cierto. Sólo delante de la Palabra se puede practicar la fe.
  2. La escena se desarrolla el primer día de la semana, ocasión en que como ahora, se celebra la fe en un Cristo al que no se ve físicamente, pero al cual se percibe ante todo a través de la Palabra y la Eucaristía. Acá se parte de un bajo nivel de fe, que ha de crecer, ya que como María Magdalena, la tentación humana de los creyentes es de desánimo, al no hallar a Cristo en las condiciones que uno se esperaría.
  3. Existen signos que funcionan para quien tiene fe: las vendas, el sudario, etc. que manifiestan una ausencia porque algo ha pasado, son una invitación, pero no una imposición para creer… Pedro no entra a aquel ámbito donde es preciso entrar: la contemplación desde la fe de que Dios actuó en Cristo, resucitándolo, y actuará en los que crean dándoles vida abundante.
  4. El amor y la fe se ayudan: El discípulo, a quien Jesús quería y que sin duda correspondía al Maestro, es quien tendrá una cierta facilidad para reconocer la manera y los caminos, por los que actúa Aquel a quien se ama y por lo mismo se conoce.

Meditatio

  • ¿Tenemos conciencia de la importancia de la Pascua de Cristo en nuestra vida? ¿Advertimos que sin ella, es cierto, no tendríamos problemas pensando igual y haciendo lo mismo que antes, pero ha ocurrido que el sepulcro fue encontrado vacio y por tanto la vida debe cambiar?
  • Pedro indicó a Cornelio los hechos que Jesús realizó: ¿Acompañamos nuestro testimonio de meros discursos, o podemos también señalar lo que Jesús Resucitado ha obrado y está obrando en nuestra comunidad y persona?

Oratio

Al extender tus manos en la cruz, oh Cristo, derramaste sobre el universo el amor del padre… Por eso hoy, ante la tumba vacía, te cantamos victoria, pues si tú la llamas, la vida te obedece, ¡oh Cristo! Señor de la vida.

Amén.

Contemplatio

La comunidad cristiana, renovada en su discipulado y misión, puede proclamar hoy el Salmo 117 y permanecer en su contemplación, con la seguridad de que aquel “Día del Señor” del que allí se habla, el “Día sin ocaso” se ha iniciado en la Resurrección de Cristo.

Actio

  1. Evangelizar en ambientes nuevos, como Pedro en casa de Cornelio, y dispuestos a aceptar a toda persona como hermano en Cristo.
  2. Impulsar “hacia arriba” la familia, el grupo juvenil, la sociedad en la que vivimos diariamente hasta “recapitular todas las cosas en Cristo”.

 

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Vigilia Pascual, 15 de Abril de 2017

Vigilia Pascual, 15 de Abril de 2017

Sabado Santo

Ciclo “A”

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Celebración de la Resurrección del Señor

(A) El anuncio y preparación de la Pascua cristiana en el Antiguo Testamento

Primera lectura: Gn 1, 1‐31; 2, 1‐2

1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra.

2 La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. 3 Entonces Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

6 Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. 7 Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; 8 y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

9 Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. 10 Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno.

11 Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”. Y así sucedió. 12 La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. 13 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

14 Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, 15 y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. 16 Dios hizo que dos grandes astros –el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. 17 Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, 18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. 19 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

20 Dios dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”. 21 Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. 22 Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”. 23 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

24 Dios dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió. 25 Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno. 26 Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. 27 Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. 28 Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. 29 Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. 30 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió. 31 Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

2,1 Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. 2 El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido.

 

Al principio creó Dios todas las cosas

La primera de las páginas de la Sagrada Escritura, la narración de la creación del mundo es la clave para la comprensión del Misterio Pascual que hoy llega a su plenitud: Cristo es el autor de una nueva creación, en la cual, Dios mismo mediante el Espíritu como fue al inicio (VER v. 2) renueva todas las cosas. Como lo profesa la fe de la Iglesia en esta noche, la obra más perfecta de Dios sigue siendo el hombre: un Hombre Nuevo que inicia el Cristo Resucitado, en justicia y santidad (cfr Ef 4, 24). En el destino de la humanidad, hoy salvada y restaurada en el Resucitado, todo lo antiguo ha pasado, como narra la creación original, del caos al cosmos, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida.

Salmo responsorial: Salmo 103

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

 

1 De David.

Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

2 bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios.

3 El perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

4 rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura;

5 él colma tu vida de bienes,

y tu juventud se renueva como el águila.

6 El Señor hace obras de justicia

y otorga el derecho a los oprimidos;

7 él mostró sus caminos a Moisés

y sus proezas al pueblo de Israel.

8 El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

9 no acusa de manera inapelable

ni guarda rencor eternamente;

10 no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas.

11 Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,

así de inmenso es su amor por os que lo temen;

12 cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados.

13 Como un padre cariñoso con sus hijos,

así es cariñoso el Señor con sus fieles;

14 él conoce de qué estamos hechos,

sabe muy bien que no somos más que polvo.

15 Los días del hombre son como la hierba:

él florece como las flores del campo;

16 las roza el viento, y ya no existen más,

ni el sitio donde estaban las verá otra vez.

17 Pero el amor del Señor permanece para siempre,

y su justicia llega hasta los hijos y los nietos

18 de los que lo temen y observan su alianza,

de los que recuerdan sus preceptos y los cumplen.

19 El Señor puso su trono en el cielo,

y su realeza gobierna el universo.

20 ¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles,

los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes

apenas oyen la voz de su palabra!

21 ¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos,

sus servidores, los que cumplen su voluntad!

22 ¡Bendíganlo todas sus obras,

en todos los lugares donde ejerce su dominio!

¡Bendice al Señor, alma mía!

 

En el salmo 103 estamos invitados a contemplar la acción silenciosa, casi ignorada, sin testigos del momento preciso, como fueron la creación y la Resurrección, pero con un actor principal: el Espíritu del Señor.

Segunda lectura: Gn 22, 1‐18

Dios no permitió la muerte de Isaac

1 Después de estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abraham: «¡Abraham!», le dijo. El respondió: «Aquí estoy». 2 Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré».

3 A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.

4 Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, 5 y dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes».

6 Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos. 7 Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!». El respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». 8 «Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos. 9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña.

10 Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11 Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!». «Aquí estoy», respondió él. 12 Y el Ángel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único».

13 Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá», y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá».

15 Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, 16 y le dijo: «Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, 17 yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, 18 y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz».

La historia del sacrificio de Abraham ilumina el sentido de la Pascua como un paso de un destino de muerte al don de la vida. Una vida que “se recobra” porque Dios evita la muerte del ser humano (VER v. 11). En la Pascua cristiana el Señor quien ha obrado un rescate, ya en el monte Moriah, ya no de un hijo del Abraham peregrino, sino de todos los seres humanos, si bien, ha permitido el Viernes Santo el sacrificio de su propio Hijo en el monte Calvario, sacrificio que nos ha devuelto la vida.

Salmo responsorial: Salmo 15

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Mictán de David.

Protégeme, Dios mío,

porque me refugio en ti.

2 Yo digo al Señor:

«Señor, tú eres mi bien,

no hay nada superior a ti».

3 Ellos, en cambio, dicen a los dioses de la tierra:

«Mis príncipes, ustedes son toda mi alegría».

4 Multiplican sus ídolos y corren tras ellos,

pero yo no les ofreceré libaciones de sangre,

ni mis labios pronunciarán sus nombres.

5 El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡tú decides mi suerte!

6 Me ha tocado un lugar de delicias,

estoy contento con mi herencia.

7 Bendeciré al Señor que me aconseja,

¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

8 Tengo siempre presente al Señor:

él está a mi lado, nunca vacilaré.

9 Por eso mi corazón se alegra,

se regocijan mis entrañas

y todo mi ser descansa seguro:

10 porque no me entregarás la Muerte

ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

11 Me harás conocer el camino de la vida,

saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.

 Con el salmo 15 contemplamos la resonancia de una voz, la voz del que ha sido salvado. Pudiera ser la de Isaac, salvado del sacrificio, pero es la voz del Resucitado cuya vida “ha comenzado a recorrer el sendero de la vida” pues el Padre lo ha levantado de entre los muertos.

Tercera lectura: Ex 14, 15‐15,1

El pueblo paso a través del mar desde la muerte hasta la vida

15 Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. 16 Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. 17 Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. 18 Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros».

19 El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de delante hacia atrás, 20 interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros. 21 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, 22 y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. 23 Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. 24 Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. 25 Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto».

26 El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros». 27 Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. 28 Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. 29 Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

30 Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, 31 y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.

15,1 Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor: «Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros”.

La narración de la salida de Egipto en el Éxodo, es central en la Vigilia de esta noche: ella contiene la revelación más profunda de lo que ha sucedido. Al igual que los antiguos hebreos, todos hemos sido rescatados a través de paso que es la Resurrección del Señor. Los diversos símbolos del relato de Éxodo nos ayudan a entender que esa liberación ha sido una verdadera recreación a través de las aguas. Comenzamos a vivir el ambiente “bautismal” de esta Vigilia. Entre dichos simbolismos están 1) el paso del agua a terreno seco (eco de la primera creación); 2) el paso de occidente a oriente (del mundo de las sombras a la luz); 3) el paso de la noche al amanecer  (paso de la muerte a un destino que inicia como vida); 4) el paso de la esclavitud a la libertad (de “no ser pueblo de Dios” a ser “comunidad del Señor”).

Responsorio: Cántico de Ex 15, 1‐2. 3‐4.5‐6.17‐18

Cantemos al Señor, sublime es su victoria

1 Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor: «Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros.2 El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. Él es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.

 3 El Señor es un guerrero, su nombre es «Señor».4 El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.

 5 El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar. 6 Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo.

17 Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos. 18 ¡El Señor reina eternamente!».

La comunidad discipular, sintiéndose protagonista de los eventos de la Pascua contempla la obra de Dios cuya narración ha escuchado y proclama el famoso cántico de María, hermana de Moisés, hoy que ha visto y puede testimoniar el poder del Dios del Éxodo nuevo: Cristo, el Señor.

Cuarta lectura: Is 54, 5‐14

De la aflicción y del dolor hemos pasado al gozo del Señor

5 Porque tu esposo es aquel que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: él se llama «Dios de toda la tierra». 6 Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor: «¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?». dice el Señor.

7 Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo; 8 en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor.

9 Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé ni inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra ti ni amenazarte nunca más. 10 Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti.

 11 ¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas y por cimientos, zafiros; 12 haré tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu contorno de piedras preciosas. 13 Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande la paz de tus hijos. 14 Estarás afianzada en la justicia, lejos de la opresión, porque nada temerás, lejos del temor, porque no te alcanzará.

La profecía de Isaías revela la acción de Dios en la noche de Pascua como un rescate, una restauración tal y como Él lo prometió al pueblo destruido y disperso en el Exilio. Al centro se encuentra el v. 7 donde “el Señor efectúa una “alianza” semejante a un matrimonio donde la comunidad toma el nombre y recibe la bendición del Esposo, que es el mismo Señor.

Salmo responsorial: Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

1 Salmo Canto para la Dedicación del Templo. De David.

2 Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste

y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.

3 Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.

4 Tú, Señor, me levantaste del Abismo

y me hiciste revivir,

cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

5 Canten al Señor, sus fieles;

den gracias a su santo Nombre,

6 porque su enojo dura un instante,

y su bondad, toda la vida:

si por la noche se derraman lágrimas,

por la mañana renace la alegría.

7 Yo pensaba muy confiado:

«Nada me hará vacilar».

8 Pero eras tú, Señor, con tu gracia,

el que me afirmaba sobre fuertes montañas,

y apenas ocultaste tu rostro,

quedé conturbado.

9 Entonces te invoqué, Señor,

e imploré tu bondad:

10 «¿Qué se ganará con mi muerte

o con que yo baje al sepulcro?

¿Acaso el polvo te alabará

o proclamará tu fidelidad?

11 Escucha, Señor, ten piedad de mí;

ven a ayudarme, Señor».

12 Tú convertiste mi lamento en júbilo,

me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,

13 para que mi corazón te cante sin cesar.

¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!

Con el salmo 29 contemplamos y proclamamos con el Resucitado el “rescate” obra de Dios: “Sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa” “Cambiaste mi luto en danzas”, y por lo mismo invitamos a la creación entera a alabar al Señor (VER v. 12).

Quinta lectura: Is 55, 1‐11

Sellaré con ustedes una alianza perpetua

1 ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. 2 ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares.

3 Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. 4 Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. 5 Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. 6 ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca!

7 Que le malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva el Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. 8 Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–.

9 Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. 10 Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, 11 así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

Continuando con el tema de la alianza nueva que se celebra en la Pascua cristiana la voz del profeta Isaías es portadora del consuelo porque el Señor ahora va actuar con los desposeídos, con los confundidos por las desgracias de la historia de la destrucción del Reino y del Exilio en Babilonia (VER vv. 1‐3). Ellos, que han esperado que Él actúe, encuentran con sorpresa que el Señor ha seguido caminos extraños, insospechados, pero que conducen a la salvación definitiva: la vida vino a través de la muerte de Cristo (VER v.8).

Responsorio: Is 12, 2‐3. 4bcd.5‐6

Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación

2 Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. 3 Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.

4 Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre.

5 Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra!6 ¡Aclama y grita de alegría. Habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!

La comunidad de los discípulos del Señor es toda la Iglesia que en esta noche ha recibido en el Resucitado “gracia tras gracia” (cfr. Jn 1, 17) y se prepara a “sacar el agua del renacimiento bautismal el don de la vida nueva”.

Sexta lectura: Ba 3, 9‐15. 32‐4,4

Caminen en la claridad del Señor

9 Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención para aprender a discernir. 10 ¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos y has envejecido en una tierra extranjera? 11 ¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote entre los que bajan al Abismo? 12 ¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría! 13 Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre. 14 Aprende dónde está el discernimiento, dónde está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz. 15 ¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría, quién ha penetrado en sus tesoros?

32 Pero el que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos; 33 el que envía la luz, y ella sale, la llama, y ella obedece temblando. 34 Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia: 35 él las llama, y ellas responden: «Aquí estamos», y brillan alegremente para aquel que las creó. 36 ¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! 37 El penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. 38 Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres.

4,1 La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios, y la Ley que subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán la vida, pero los que la abandona, morirán. 2 Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por su luz. 3 No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero. 4 Felices de nosotros, Israel, porque se nos dio a conocer lo que agrada a Dios.

Haciendo suyo el símbolo de la claridad que domina esta noche la profecía de Baruc invita a la comunidad discipular a una “meditación sobre la historia”, sobre todo el camino de la salvación donde siempre se ha encontrado en el Señor la fuente de la vida. Toda idolatría y creencia en dioses falsos, toda opción equivocada, todo error debe ahora quedar atrás y la Iglesia salvada esta noche debe caminar a la luz de la salvación del único Dios verdadero.

Salmo responsorial: Salmo 18

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo. En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino.

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea.

Con el salmo 18 contemplamos y proclamamos como discípulos la verdad y eficacia del Señor Resucitado: sus palabras son en verdad el camino de la salvación, tan diferentes a las de falsos dioses en los cuales, hasta ahora, ha confiado la humanidad.

Séptima lectura: Ez 36, 16‐28

Derramaré sobre ustedes un agua pura y les daré un corazón nuevo

16 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 17 Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones: su conducta era ante mí como la impureza de una mujer en su menstruación. 18 Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y los ídolos con que lo habían contaminado. 19 Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. 20 Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos: «Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país».

21 Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido. 22 Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. 23 Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor –oráculo del Señor– cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes. 24 Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. 25 Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. 26 Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. 27 Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que signa mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. 28 Ustedes habitarán en la tierra que yo ha dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

La antigua promesa de una intervención profunda, definitiva de Dios en la existencia humana personal y comunitaria, tal y como la expuso en su profecía Ezequiel a los israelitas en el Exilio, encuentra en esta noche su cumplimiento. El don del Espíritu del Resucitado (VER v. 26) corresponde al “espíritu de Dios” que sopla sobre los huesos secos, símbolo de la humanidad destruida por los efectos del pecado. Al don del Espíritu, acompaña el don de un corazón nuevo (VER v. 26) pues en Cristo Resucitado se puede vivir una nueva forma de orientar la vida, decidir acertadamente: tal era la función del corazón en la mentalidad hebrea.

Salmo responsorial: Salmo 41

Como busca la sierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío

Del maestro de coro. Poema de los hijos de Coré.

2 Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios.

3 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?

4 Las lágrimas son mi único pan de día y de noche, mientras me preguntan sin cesar: «¿Dónde está tu Dios?»

5 Al recordar el pasado, me dejo llevar por la nostalgia: ¡cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta!

6 ¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios.

7 Mi alma está deprimida: por eso me acuerdo de ti, desde la tierra del Jordán y el Hermón, desde el monte Misar.

8 Un abismo llama a otro abismo, con el estruendo de tus cataratas; tus torrentes y tus olas pasaron sobre mí.

9 De día, el Señor me dará su gracia; y de noche, cantaré mi alabanza al Dios de mi vida.

10 Diré a mi Dios: «Mi Roca, ¿por qué me has olvidado? ¿Por qué tendré que estar triste, oprimido por mi enemigo?».

11 Mis huesos se quebrantan por la burla de mis adversarios; mientras me preguntan sin cesar: « ¿Dónde está tu Dios?»

12 ¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios.

Con el orante del salmo 41, la comunidad discipular proclama que ahora la tendencia más importante de su vida es el Señor: a Él le buscará, como María Magdalena en la mañana de Pascua, con un profundo deseo o “sed” en lenguaje bíblico. El deseo de Dios que es propio de los que han renacido esta noche con Cristo Resucitado (cfr Rm 6, 1ss)

(B) El cumplimiento de las promesas de Dios en la Pascua cristiana del Nuevo Testamento

Lectura de la Epístola: Rm 6, 3‐11

Por el Bautismo fuimos incorporados al Misterio Pascual de Cristo

3 ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? 4 Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. 5 Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.

6 Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. 7 Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. 8 Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. 9 Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. 10 Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. 11 Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

La noche de Pascua es la ocasión propia para vivir la celebración del Bautismo que nos incorpora a Cristo: es una celebración en que simultáneamente se viven “muerte y resurrección” como lo propone todo el capítulo 6 de la Carta a los Romanos. Este texto instruye en el tema de la unión con el Resucitado que es el camino de libertad auténtica y definitiva para el hombre. Al mismo tiempo, el misterio del Bautismo es el inicio de un camino de seguimiento discipular, de maduración y continua transformación en la vida de “hijos de Dios” (cfr Rm 5, 1ss).

Salmo responsorial: Salmo 117

1 ¡Alaben al Señor, todas las naciones, glorifíquenlo, todos los pueblos! 2 Porque es inquebrantable su amor por nosotros,  y su fidelidad permanece para siempre.

¡Aleluya!

Este salmo invita a contemplar en esta noche el “día del Señor” es decir, el momento de la resurrección de Cristo, donde se han manifestado la bondad de Dios para su pueblo (VER v. 12), el poder del Señor que ha vencido la fuerza del mal (VER v. 16), y la extraña “inversión de situaciones” pues Cristo, piedra desechada por los arquitectos, es ahora el fundamento del edificio nuevo del culto a Dios, la Iglesia (VER vv. 22‐23; cfr. 1 Pe 2, 1‐10).

Evangelio: Mt 28, 1‐10

El testimonio de la Resurrección

1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. 2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. 4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.

5 El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, 7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles».

8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. 9 De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. 10 Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».

El texto de Mateo que se proclama en la solemne Vigilia Pascual, muestra y encierra enseñanzas fundamentales para la comunidad de los discípulos y Misioneros del Señor Resucitado que vive entre los suyos:

  1. La resurrección de Cristo se revela a los testigos de su muerte en la cruz: El evangelista cita exactamente detalles que narra en la sepultura de Cristo: era un sepulcro nuevo, sellado con una gran piedra, y están presentes “María Magdalena y la otra María” como en Mt 27, 57‐61: su intención no deja de ser el afrontar las difamaciones que luego surgirán de los enemigos de Cristo: el cuerpo fue robado, fue una equivocación del lugar de la tumba, nadie vio donde fue sepultado, etc. (VER Mt 28, 11‐15; VER acá vv. 1‐2).
  2. La resurrección de Cristo es la victoria del Hijo de Dios: los detalles del temblor de tierra, del ángel con aspecto notorio, del temor de los centinelas y de su “quedar como muertos” corresponden a lo narrado en el momento de la muerte de Cristo (VER Mt 27, 51‐54): en realidad como se ha dicho antes (Mt 27, 54) Él es verdaderamente Hijo de Dios: su persona y su historia han de ser reconocidas por toda la creación que parece verse afectada en estos momentos.
  3. La resurrección de Cristo escapa a las posibilidades humanas, es el paso de Dios en el mundo de los hombres: la reacción de “temor” tanto de las mujeres como de los centinelas no solamente es natural, sino simboliza la majestad del momento y del Señor resucitado (VER vv. 4‐5).
  4. La resurrección es el llamado a los discípulos a superar el temor y volver al camino del seguimiento: Mientras el temor logró anteriormente el abandono de su Señor (VER Mt 26, 56: Todos le abandonaron) y hasta de su negación (VER Mt 26, 69‐75: las negaciones de Pedro) ahora se invita a los discípulos a “rehacer el camino del seguimiento” iniciado un día Galilea (cfr. Mt 4, 18‐22)

II Meditación:

  1. La celebración de la Solemne Vigilia Pascual ¿reafirma en nosotros la esperanza de los discípulos en la presencia viva y permanente del Señor con los que ha llamado?
  2. ¿Estamos dispuestos a recomenzar todo camino de discipulado que se haya visto bloqueado o interrumpido por la realidad del pecado en nuestras vidas, en el ambiente de la comunidad?
  3. ¿Estamos dispuestos, en otras palabras, a aceptar la invitación del Señor de “volver a Galilea” para reencontrarlo y reencontrar la propia identidad como discípulos y testigos suyos?
  4. ¿Percibimos la riqueza del “día del Señor”, el domingo, donde de nuevo caminamos con él, escuchamos y meditamos la Palabra y le reconocemos en la fracción del pan?
  5. ¿Somos discípulos‐misioneros, es decir, enviados fieles y perseverantes de la Resurrección en todos los ambientes donde vivimos, estudiamos, trabajamos, conocemos a otros y somos conocidos?

 

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Lectio Divina, 14 de Abril de 2017, Viernes Santo

Lectio Divina, 14 de Abril de 2017

Viernes Santo

Ciclo “A”

Página Sagrada:

Is 52,13 ‐ 53,12/Salmo 30/Heb 4, 14‐16; 5, 7‐9/Jn 18,1‐19,42

Crucifixion

Todo está cumplido

Invocación inicial

Ven, Tú, refrigerio,

delicia y alimento de nuestras almas.

Ven y quita todo lo que es mío,

e infunde en mí sólo lo que es tuyo.

Ven, Tú que eres el alimento de todo casto pensamiento,

círculo de toda clemencia y cúmulo de toda pureza.

Ven y consuma en mí todo lo que es ocasión

de que yo no pueda ser consumada por ti.

Ven, oh Espíritu,

que siempre estás con el Padre y con el Esposo,

y repósate sobre las esposas del Esposo.

Texto

1 Después de haber dicho esto, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos. 2 Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. 3 Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas.

4 Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: “¿A quién buscan?”. 5 “A Jesús, el Nazareno”. Él les dijo: “Soy yo”. Judas el que lo entregaba estaba con ellos. 6 Cuando Jesús les dijo: “Soy yo”, ellos retrocedieron y cayeron en tierra.

7 Les preguntó nuevamente: “¿A quién buscan?”. Le dijeron: “A Jesús, el Nazareno”. 8 Jesús repitió: “Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejan que estos se vayan”.

9 Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me confiaste”.

10 Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. 11 Jesús dijo a Simón Pedro: “Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?”

12 El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. 13 Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. 14 Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”.

15 Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, 16 mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. 17 La portera dijo entonces a Pedro: “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”. Él le respondió: “No lo soy”.

18 Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego.

19 El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. 20 Jesús le respondió: “He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. 21 ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho”.

22 Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?”. 23 Jesús le respondió: “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero se he hablado bien, ¿por qué me pegas?” 24 Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás.

25 Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”. Él lo negó y dijo: “No lo soy”. 26 Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió: “¿Acaso no te vi con él en la huerta?”. 27 Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.

28 Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. 29 Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó: “¿Qué acusación traen contra este hombre?”. Ellos respondieron: 30 “Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado”.

31 Pilato les dijo: “Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la ley que tienen”. Los judíos le dijeron: “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”. 32 Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. 33 Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”.

34 Jesús le respondió: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”. 35 Pilato explicó: “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”. 36 Jesús respondió: “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”. 37 Pilato le dijo: “¿Entonces tú eres rey”. Jesús respondió: “Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”. 38 Pilato le preguntó: “¿Qué es la verdad?”. Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: “Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. 39 Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?”. 40 Ellos comenzaron a gritar, diciendo: “¡A él no, a Barrabás!”. Barrabás era un bandido.

19,1 Pilato mandó entonces azotar a Jesús. 2 Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo, 3 y acercándose, le decían: “¡Salud, rey de los judíos!”, y lo abofeteaban.

4 Pilato volvió a salir y les dijo: “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena”. 5 Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: “¡Aquí tienen al hombre!”. 6 Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo”. 7 Los judíos respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios”.

8 Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía.  9 Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: “¿De dónde eres tú?”. Pero Jesús no lo respondió nada. 10 Pilato le dijo: “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”.

11 Jesús le respondió: “Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave”. 12 Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: “Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César”. 13 Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado “el Empedrado”, en hebreo, “Gábata”.

14 Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: “Aquí tienen a su rey”. 15 Ellos vociferaban: “¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “¿Voy a crucificar a su rey?”. Los sumos sacerdotes respondieron: “No tenemos otro rey que el César”.  16 Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucifiquen, y ellos se lo llevaron.

17 Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo “Gólgota”. 18 Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. 19 Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la hizo poner sobre la cruz. 20 Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. 21 Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos“.

22 Pilato respondió: “Lo escrito, escrito está”.

23 Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, 24 se dijeron entre sí: “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca.” Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica”. Esto fue lo que hicieron los soldados.

25 Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 26 Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. 27 Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

28 Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: “Tengo sed”.  29 Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. 30 Después de beber el vinagre, dijo Jesús: “Todo se ha cumplido”. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

31 Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. 32 Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús.33 Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas,34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.

35 El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.

 36 Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ninguno de sus huesos”. 37 Y otro pasaje de la Escritura, dice: “Verán al que ellos mismos traspasaron”.

38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús –pero secretamente, por temor a los judíos– pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. 39 Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. 40 Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. 41 En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado.

42 Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Lectio

En el ejercicio de la lectio divina en este día donde no existe la celebración eucarística, y donde estamos invitados en cambio a vivir la Acción Litúrgica de la Pasión del Señor, encontramos un centro que atrae con fuerza nuestra fe: el misterio de la cruz al cual se refiere la Página Sagrada en este día. La cruz, el sacrificio de Cristo, es instrumento de salvación, de liberación, de reconciliación con el Padre y con los hermanos. A través de ese “signo de muerte”, la muerte misma ha sido vencida por el acto de donación amorosa y total del Siervo de Dios.

 

1ra. Lectura: El maravilloso relato de la entrega inigualable del Siervo de Yahvéh contiene varios elementos que resumen los otros tres cánticos ya meditados en la Cuaresma:

  • Como se ha dicho, es una “historia increíble” humanamente, situada más allá de la lógica humana, y que hace sorprenderse y “llevar la mano a la boca” para reprimir la exclamación de asombro (VER Is 52, vv. 13‐15). Es el proyecto de Dios que es realizado por su servidor en entrega total.
  • El rostro que se contempla es el de Uno que tiene ciertas características: Tiene origen humilde; padece por nuestras culpas y vive su sufrimiento en silencio y entrega generosa.
  • Esta historia del Siervo tiene efectos maravillosos: su drama repercute en la humanidad entera como “sanación de las heridas” (v. 4), “perdón de las culpas” (v. 5), “reunión de los dispersos” (v. 6).
  • A la extrema violencia que él sufre y a la extrema pequeñez a la que se ve reducido como “raíz en tierra seca” u “oveja dócil ante el daño” corresponde el juicio de Dios, capaz de glorificar al Siervo y darle el lugar más importante: el señorío sobre todo (VER Is 53, vv. 10‐12; cfr. Fil 2, 6‐ 11).

 

2da. Lectura: La Carta a los Hebreos enfatiza hoy la cercanía de Cristo al dolor humano para redimirlo. El haber experimentado ese dolor en grado supremo hacen que Él, que es de origen divino, pueda ser el “pontífice o puente” ente la miseria humana y la vida divina.

 

Evangelio: En su relato de la Pasión de Cristo, San Juan quiere mostrar la glorificación del Hijo de Dios, de la cual es consciente el mismo Jesús que así lo ha anunciado antes de que todo comience, cuando todavía está en la Cena: “Padre, glorifícame”(Jn 17, 24). Ahora bien, Pilato por ejemplo, ajeno al sentido más profundo de lo que está ocurriendo, irónicamente acierta en comprender la persona de Cristo y el significado de su sufrimiento pues dos veces declara “rey” al Siervo sufriente:

 

  • Haciéndolo sentar en el lugar más honorable del tribunal romano.
  • Escribiendo el letrero sobre la cruz, como una “confesión o manifestación universal” de Cristo Rey en las cuatro lenguas principales de entonces, y negándose a quitar lo que había escrito (VER Jn 19, 19‐22).

 

En esta narración del sufrimiento de Cristo, tan especial en el estilo de San Juan, nos interesa notar:

 

  1. Que Jesús tiene conciencia de los acontecimientos y durante ellos Él sigue gozando del poder divino. El es el “Yo soy” (traducción de Yahvé en el Antiguo Testamento), y por tanto ninguna potencia podría acabar con él; al contrario, en el huerto de los Olivos queda clara su identidad cuando los soldados caen ante su voz (VER Jn 18, 6).
  2. Que los hechos muestran la santidad de Cristo a quien nadie puede acusar de pecado (VER Jn 18, 20‐24) siendo la violencia irracional el único recurso de sus acusadores. Su santidad es aquella de la “víctima perfecta”: al no tener pecado es el “Cordero sin defecto”.
  3. Que sin embargo, en el momento central de esa historia de Cristo en Viernes Santo como “Cordero inmolado” en la pronunciación de que “Todo se ha cumplido” según la misión que tenía del Padre, surge también la historia de la Iglesia y ello se refleja en cuatro momentos:

 

  • El nacimiento de la Iglesia del “costado traspasado” por la lanza del soldado, del cual mana agua y sangre, figuras de la vida de la Iglesia en el Bautismo y la Eucaristía (VER Jn 19, vv. 34)
  • La unidad de la Iglesia, simbolizada en el manto sin costura, sin división (VER Jn 19, 23).
  • La recepción del Espíritu Santo por la Iglesia en “Pentecostés anticipado” a la efusión del Espíritu Santo en Jn 20, 23): Cristo en la cruz tiene “sed”, es decir, “deseo” de dar el Espíritu y así lo hace al “expirar” sobre las personas que al pie de la cruz concentran la Iglesia: María la Madre y Juan el discípulo amado (VER Jn 19, 28‐29).
  • La fuerte relación de la Iglesia con María, dejada como madre del discípulo que simboliza el resto de la Iglesia en aquel momento, el mismo Evangelista Juan, quien como ocurre hasta el día de hoy en la Iglesia Católica: “La recibió en su casa” (VER Jn 19, 25‐27)

Meditatio

  1. ¿Cómo hemos entendido hasta ahora la muerte de Cristo: acaso como una “ausencia de Dios en ante el dolor y la muerte”?
  2. El advertir el gran amor del Padre y de su Hijo por nosotros, que es el mensaje más grande de la cruz ¿nos lleva a desear corresponder con nuestro amor a Dios y al hermano?
  3. La contemplación de la cruz como expresión de las consecuencias del pecado que Cristo vivió siendo inocente ¿nos impulsa a acercarnos solidariamente a todo dolor, inocente o culpable, movidos por el ejemplo del Señor?

Oratio

¡Oh Sabiduría Eterna! ¡Oh Bondad Infinita! ¡Verdad Infalible! ¡Escrutador de los corazones, Dios Eterno! Haznos entender, ¡Tú que puedes, sabes y quieres! Oh Amoroso Cordero, Cristo Crucificado, que haces que se cumpla en nosotros lo que tú dijiste: “Quien me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). ¡Oh luz indeficiente, de la que proceden todas las luces! ¡Oh luz, por la que se hizo la luz, sin la cual todo es tinieblas, con la cuál todo es luz. ¡Ilumina, ilumina e ilumina una y otra vez! Y haz penetrar la voluntad de todos los cooperadores que has elegido en tal obra de renovación. ¡Jesús, Jesús Amor, transfórmanos y confórmanos según tu Corazón! ¡Sabiduría Increada, Verbo Eterno, dulce Verdad, tranquilo Amor, Jesús, Jesús Amor!

Santa María Magdalena de Pazzis

 Contemplatio

Repite con frecuencia, con calma, esta palabras de Jesús, asociado a Jesús en el ofrecimiento de si mismo:  “Padre en tus manos entrego mi Espíritu”

Actio

El día de hoy me propongo un momento de oración a las 3 de la tarde, hora de la muerte de Jesús.

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Lectio Divina, 13 de Abril de 2017, Jueves Santo

Lectio Divina, 13 de Abril de 2017

Jueves Santo

Ciclo “A”

Página Sagrada:

Ex 12, 1‐8.11‐14/Salmo 115/1 Co 11, 23‐26/Jn 13, 1‐15

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Este será un día memorable para ustedes

 

Invocación inicial

“Cuando tú hablas, Señor, la nada palpita de vida: los huesos secos se convierten en personas vivientes, el desierto florece… Cuando me dispongo a hablarte, me siento árido, no sé qué decir. No estoy, evidentemente, sintonizado con tu voluntad, mis labios no están de acuerdo con mi corazón y mi corazón no hace un esfuerzo por entonarse con el tuyo. Renueva mi corazón, purifica mis labios, para que hable contigo como tú quieres, para que hable con los demás como tú quieres, para que hable conmigo mismo, con mi mundo interior, como tú quieres (L. Renna).

Texto

1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, 3 sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, 4 se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.

6 Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”. 7 Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”. 8 “No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Jesús le respondió: “Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”. 9 “Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”. 10 Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”.

11 El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”. 12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. 14 Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

Lectio

Inaugurando el Solemne Triduo Pascual, la Palabra de Dios que se ofrece a la lectio divina recoge los temas fundamentales propuestos por la Liturgia de la Misa de la Cena del Señor: en el Evangelio sobre todo, aquel del amor extremo de Cristo hacia los suyos y hacia la humanidad que redime en su Pasión; amor que expresa el del Padre por el mundo caído en el pecado (cfr. Jn 3, 16) que llegará a ser “mandamiento nuevo para los discípulos de Cristo”. En la lectura del Evangelio. También propone el tema del misterio eucarístico (1ª y 2ª. lecturas) como don que perpetúa la entrega amorosa del Señor; e igualmente el tema del don del sacerdocio ministerial (2ª lectura) como servicio a la prolongación de la salvación que ya inicia con la Cena del Señor.

1ra. Lectura: La primera lectura recoge tanto las prescripciones para la celebración de la Pascua en el éxodo de Egipto como la descripción del significado de aquella noche memorable. Diversos elementos  del relato expresan la fe del antiguo Israel que se valora y se renueva en la celebración cristiana:

  • Dios toma la iniciativa de este banquete (VER v.1) por el cual salvará a su pueblo. Esa primera pascua será para los israelitas un “encuentro inolvidable” con el Dios que “pasa” por toda circunstancia humana de muerte para hacer que triunfe la vida.
  • La intervención del Señor queda fija en el tiempo (VER vv. 2ss), es decir, se convierte en un acontecimiento que marca un “antes y un después” en la vida de la comunidad creyente.
  • Las características de la víctima por cuyo sacrificio Dios salvará a su pueblo (VER vv. 3‐6: cordero de un año, sin defecto, etc.) dejan ver que Dios prepara misteriosamente una víctima que será de su agrado.
  • La descripción de la comida de Pascua (pan sin levadura por falta de tiempo para el fermento por la acción rápida de la salvación, hierbas amargas en recuerdo de la vida oprimida que se deja) y las actitudes requeridas al comer ese alimento (de pie, ceñidos en actitud de vigilia y de viaje) terminan por darle su significado más profundo al banquete: se trata del comienzo de una vida nueva donde se es preservado de la muerte por la sangre del cordero.
  • Finalmente, reuniendo estos elementos, sucede que la comunidad de fe que celebra el rito de la Pascua, como ocurre hasta el día de hoy entre los judíos, debe vivir la tensión del viaje, del inicio de un cambio de vida.

2da. Lectura: El relato más antiguo de la institución de la Eucaristía es sin duda el texto de 1Co 11. Son de notar las expresiones del apóstol:

  • Les transmito lo que recibí (VER v. 23). Pablo actúa claramente como otros que son ministros del memorial del Señor, situándose en la tradición de la Iglesia que recuerda vivamente los gestos y las palabras del Señor en la última cena (Ver vv. 23‐24).
  • Hagan esto en memoria mía (VER vv. 24ss). Pablo distingue claramente entre lo que él puede enseñar a la comunidad de los corintios, y lo que ya se cree, celebra y vive en toda la Iglesia: el cumplimiento del mandato del Señor de celebrar la Eucaristía.

Evangelio: Jesús, a quien Juan Bautista ha señalado como el “Cordero de Dios” realiza la Pascua definitiva, el paso definitivo de la muerte a la vida. En el famoso capítulo de San Juan que hoy se lee, Él convoca a una Cena que ya no corresponde totalmente a la pascua judía, sino que es el inicio de la nueva Pascua definitiva. Aún cuando en el relato de San Juan no se narra la institución de la Eucaristía como en los Evangelios Sinópticos, o más aún como lo hace la 2ª lectura en el relato más antiguo de esa institución (1 Co 11), el signo del lavatorio de los pies de los discípulos encierra profundamente el mismo significado: la vida que se entrega en sacrificio redentor. Tres momentos son notorios en la escena: cada uno de ellos tiene un profundo significado “eucarístico”:

  • El lavatorio (VER vv. 3‐5). Según se indica en el v. 1, es la manifestación de amor más grande del Maestro hacia sus discípulos. Pero ello ocurre cuando Él, el Cordero de Dios debe “pasar” de este mundo al Padre (v. 1), Por ello Cristo realiza el lavatorio de los pies como “servicio supremo”, como gesto de amor supremo simbolizado en el quitarse la túnica y servir como un esclavo.
  • El diálogo con Pedro (VER vv. 6‐11). La resistencia de Simón Pedro a dejarse lavar los pies interesa especialmente a los discípulos de Cristo. En un primer momento, Jesús no intenta explicarle a su discípulo un gesto tan sorprendente (“lo entenderás luego” en v. 7b), pero ante la segunda negativa de Pedro, Cristo señala la necesidad de tener parte con Él es decir, de participar en su Misterio Pascual (v. 8). Pedro acepta y pide un baño general, y Jesús declara que “ya hay una limpieza” en él y en otros discípulos: es la limpieza de la fe que crece en sus corazones.
  • El mandato nuevo de Cristo (VER vv 12‐15). Dicho mandamiento “nuevo” se refiere a la misma actitud amorosa del Señor. Recordando su condición de Señor y Maestro, Él instituye el mandamiento nuevo cuyo cumplimiento consiste en imitar al Señor en su amor (“como yo los he amado”).

Meditatio

  1. Este momento culminante del camino cuaresmal ¿nos encuentra reconciliados con Dios y con los hermanos en la cena de la caridad?
  2. ¿Cuál es nuestro servicio humilde y concreto ante el hermano, a imitación del Señor que nos dio el ejemplo del lavatorio de los pies?
  3. ¿Cómo hemos reaccionado hasta ahora ante el amor extremo que Dios nos muestra en la Pasión de su Hijo: correspondiendo con nuestra propia entrega al Señor y su voluntad?
  4. Los signos del Misterio Eucarístico ¿son concretos en nuestra vida de servicio, fe y caridad?

Oratio

¡Oh, mi Señor Jesús!

Déjame lavar tus sagrados pies;

te los has ensuciado desde que caminas por mi alma…

Contemplatio

Hoy me detengo a pensar en el don de la Eucaristía. ¿Cómo la vivo?

Actio

Me propongo a servir humildemente a mi hermano de alguna manera concreta.

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