Comentario Bíblico, 3 de Febrero de 2019

Cuarto Domingo Ordinario

Texto Sagrado:

Jr1, 4-5.17-19; Sal 70; 1 Cor 12, 31-13,13; Lc 4,21-30


Al escucharlo, todos se llenaron de indignación

Lectio Divina

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

21 Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». 22 Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?». 23 Pero él les respondió: «Sin duda ustedes me citarán el refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm».

24 Después agregó: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. 25 Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. 26 Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. 27 También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio».

28 Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron 29 y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.

30 Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Meditación

Te atacarán, pero no te podrán (1ª Lectura). Jeremías nos ofrece la bellísima descripción de su llamado y de su envío, envueltos ambos en un conocimiento personal y cercano por parte de Dios, que es anterior a cualquier actividad del profeta: “antes de formarte en el vientre”, “antes de que salieras de las entrañas maternas”. Antes de todo, Dios conoce, consagra y envía a Jeremías, “destinado a las naciones”. Llevar a cabo la misión no le resultará fácil a Jeremías. Tiene que ir, sin miedo, “dispuesto a pelear”. Y no a proclamar su propia palabra, sino “diciendo lo que Él le ordene”. Y se lo va a decir “puesto en pie”, en señal de autoridad. El profeta va revestido de la fuerza del Señor que hace de él “una plaza fuerte, una columna de hierro, un muro de bronce”. La va a necesitar, porque el rechazo a su mensaje le viene de todo el país. Todos se van a enfrentar contra él. La advertencia de Dios es clara: “te atacarán”. Es el destino del verdadero profeta. Pero, también la confianza es propia del profeta que habla en nombre de Dios. Lleva en su corazón una promesa: “no te podrán”. Y la razón no puede ser más hermosa ni más honda: “yo estoy contigo para salvarte”. Sin una confianza así no habrían existido jamás los profetas.

Los mismos que se admiran de Jesús lo intentan tirar al barranco (Evangelio).También el profeta Jesús ha proclamado su unción y misión en la sinagoga de su pueblo (“el Espíritu me ha ungido, me ha enviado”) (Lectura evangélica). Allí era conocido desde niño. Su proyecto de liberación de los pobres impresiona a sus paisanos, que quedan “admirados de aquellas palabras de gracia que salían de su boca”. Pero, estaban perplejos. Lo que decía era hermoso, pero ¿quién era él para decirlo? Simplemente, era el hijo de José, el carpintero de la aldea. ¡Cómo nos cuesta entender que Dios nos hable a través de nuestra propia gente! Preferimos un Jesús, “Rey de Reyes”, “Señor de Señores”, “Altísimo sobre toda la tierra”… ¡Alguien que haga signos espectaculares! Jesús siente el rechazo y la desconfianza y responde en tono de queja: “ningún profeta es aceptado en su tierra”. Y como profeta, sus paisanos lo perdieron. Jesús acepta el rechazo, pero les recuerda que cuando los cercanos no quieren, el mensaje salvador del profeta se marcha a los de lejos (“destinado a todas las naciones” había sido Jeremías). Ahí tienen a Eliseo que cura a un leproso de Siria (Naamán) y a ninguno de Israel; o a Elías que es enviado a una viuda de extranjera (de Sarepta) y no a las viudas de Israel. No se puede decir más claro: quien se cierra en sus prejuicios, se pierde la salvación, aunque crea que tiene derecho a ella. Sus paisanos se dieron por aludidos. Pero, no para cambiar. No les gustó el mensaje de una salvación para todos. Y se fueron por lo más fácil y dramático: decidieron matar al mensajero. Su intención fue despeñar a Jesús por un barranco. En esta escena programática (al inicio de la vida pública), Lucas adelanta ya el destino de Jesús: no será el barranco del pueblo, será la cruz la que intente malograr el proyecto que él mismo había dicho tan claro en la sinagoga de Nazaret: El Espíritu “me ha enviado a anunciar la liberación a los pobres”.

En medio de divisiones y de conflictos, también dentro de nuestras propias comunidades, nos toca ser “profetas del amor” (2ª Lectura). Sin amor, el carisma de lenguas no pasa de ser “campana que suena o platillos que aturden”. Sin amor, el predicador o el sanador o el sabio, son un “don nadie”: “no soy nada”, dice Pablo. Sin amor, la generosidad o la entrega hasta el martirio no aprovechan de nada… Y sigue todo el himno al amor, que concluye con un fuerte subrayado de su importancia: “de la fe, la esperanza y el amor, la más grande es el amor” (13,13), porque “el amor no pasa nunca” y los carismas sí que pasan: “vendrá un día en que nadie comunicará mensajes de parte de Dios; nadie hablará en un lenguaje misterioso; nadie podrá presumir de una profunda ciencia” (13,8). El aviso de Pablo es claro: hay que trabajar por lo que perdura, y lo que perdura es el amor. Sin amor, el carisma es como “la flor del heno, que hoy es y mañana no aparece” ¡Qué triste sería una comunidad “carismáticamente” enfrentada! Sería una comunidad que intentaría “suprimir” a los profetas del amor.

Ecos para la semana

Lunes: El profeta no es una figura del pasado. También entre nosotros hay profetas. Gentes sencillas y sinceras que nos transmiten la verdad, aunque no nos guste… ¿Conocemos a gente así en nuestras comunidades? ¿Cómo tratamos a esa gente?

Martes: Por nuestro bautismo, también nosotros hemos recibido la vocación de ser profetas ¿Por qué nos da miedo decir la verdad? ¿Por qué callamos frente a la injusticia, los atropellos de las personas, la corrupción…? Tenemos que ser “profetas del amor”, ¿por qué nos da tanto miedo serlo?

Miércoles: De la enseñanza y del estilo de vida de Jesús, ¿lo aceptamos todo e intentamos vivirlo todo, o nos quedamos sólo con lo que nos gusta y nos conviene? De las enseñanzas y de las maneras de comportarse Jesús, ¿qué es lo que más nos resistimos a aceptar?

Jueves: El criterio para saber si son buenos nuestros grupos, comunidades, asociaciones, nuestra aldea… es el amor. Si no hay amor, todo lo demás que hagamos no nos vale: ¿sentimos que el amor de unos hacia otros es el motor de toda nuestra vida en la comunidad, en la aldea? ¿O son otros comportamientos? ¿Cuáles?

Viernes: ¿Cómo y qué vamos a hacer, después de escuchar estas enseñanzas, para arreglar los posibles distanciamientos e, incluso, enfrentamientos que puede haber entre nosotros? Nos comprometemos con algunas acciones concretas.

Sábado: El anciano Simeón le dijo a la Virgen acerca de su hijo, Jesús, que sería “signo de contradicción”, anunciándole la suerte que correría como profeta. Ella comprendió muy bien este destino de Jesús. Hoy le hacemos una oración especial para que venga con nosotros en el camino de nuestras luchas por llevar el Evangelio en nuestro envío de profetas y misioneros.

Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
Esta entrada fue publicada en Lectio Divina. Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s