Comentario Bíblico, 27 de Enero de 2019

Tercer Domingo Ordinario

Palabra sagrada:

Comentario

Neh8, 2-4ª. 5-6.8-10; Sal 18; 1Cor 12, 12-30; Lc 1,1-4; 4, 14-21

Lectio Divina

Invocación inicial

Shadai, Dios de la montaña, que haces de nuestra frágil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto, para que brote el agua para nuestra sed.

La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la obscuridad de la noche y abra el corazón para acoger el eco del Silencio para que el alba encolviéndonos en la nueva luz matutina nos lleve con las cenizas consumadas por el fuego de los pastores del Absoluto que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro, el sabor de la santa memoria.

Texto

1 Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, 2 tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra.

3 Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, 4 a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.

4,14 Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región. 15 Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

16 Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. 17 Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 18 “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos 19 y proclamar un año de gracia del Señor”.

Meditación

Proclamación de la Palabra en una situación nueva del pueblo (1ª Lectura). El pueblo de Israel había estado un largo tiempo en el destierro de Babilonia. Allí, se le habían olvidado muchas cosas de la Ley. Una vez de vuelta, era preciso recordarlas, para que el “programa de vida”/”su proyecto”, fuera de nuevo la Ley que Dios había dado a Moisés. Desde el alba hasta el mediodía, Esdras se la proclamó y “los oídos de todo el pueblo prestaban atención”. El pueblo respondió a la proclamación de la Palabra: a) dice que sí a Dios con un repetido “amén”; b) ora (“alzaron las manos”) y c) adora (“rostro en tierra”). En una situación nueva de su historia, el pueblo vuelve a acoger la Palabra como “lámpara para sus pasos”; como “luz para su sendero”. Fue un momento de emoción religiosa y al pueblo le dio por entristecerse y llorar. Pero, acoger de nuevo la Palabra no era ocasión de llanto ni de tristeza. Era más bien un momento de fiesta, el momento de los ricos manjares y de las bebidas deliciosas, de la mística de encontrarse juntos y de compartir, “invitando a quien no tuviera nada para sí”. ¿Eran fuertes las exigencias de la Palabra? Lo eran, pero no para entristecerse y llorar. Del llanto y de la tristeza no les iba a llegar la fuerza. La fortaleza les llegaba de “la alegría del Señor”.

La proclamación de la Palabra para el proyecto nuevo y definitivo de Jesús (Evangelio). Pero la etapa más nueva de la relación con Dios, la inaugura Jesús. No es otra etapa más, es la etapa nueva y definitiva. Y, según el Evangelio de Lucas, Jesús presenta su “programa/proyecto” también desde la Palabra de Dios, en concreto, desde un texto del profeta Isaías (61,1-2). Jesús hace la proclamación en la sinagoga de su pueblo, “Nazaret, donde se había criado”. En la Palabra de Dios, busca un texto que va a lo esencial: a su unción y a su misión para “evangelizar a los pobres”. Aquel texto profético estaba pendiente de realizarse, y Jesús proclama: “hoy se cumple la Escritura que acaban de escuchar” (v. 21). La “Buena Noticia” (el “evangelio”, que eso significa “buena noticia”) tiene nombre propio: Jesús. Jesús es “el” Evangelio, Jesús es “el hoy” del amor de Dios. Como libros, evangelios hay cuatro (la primera parte de la lectura evangélica de hoy se refiere al que escribió San Lucas), pero como “Buena Noticia”, el Evangelio es uno sólo: Jesús es la buena noticia del amor inmenso de Dios, a todos, pero de una manera privilegiada a los pobres. Para todos, pero de manera especial para ellos, Jesús anuncia un “año de gracia”, un tiempo de misericordia entrañable.

En esa etapa nueva y definitiva de amor de Dios viven nuestras comunidades, como vivía la Iglesia de Corinto, que Pablo había fundado (2ª Lectura). Porque había nacido del amor de Dios, a Pablo le duele que aquella comunidad no sea testimonio de ese amor y que ande dividida a causa de liderazgos mal entendidos. Aquellos liderazgos que “trocean” a Cristo. Para que lo entiendan bien, les propone una a imagen sencilla: tenemos un solo cuerpo, pero es un cuerpo con muchos miembros. En nuestras comunidades, como en el cuerpo, todos los miembros son necesarios, todos son complementarios y todos son solidarios. Sólo así la unidad no se convierte en uniformidad y la diversidad no degenera en dispersión. Es un ejercicio bonito ver las reflexiones y diálogos que, en esta segunda lectura, hacen los miembros del cuerpo. Pablo les hace hablar entre ellos y llegan a reconocer esto: “todos los miembros estamos ligados por el amor”. La finalidad es que “no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros por igual se preocupen unos de otros”… ¿Cuándo serán así nuestras comunidades?

Ecos para la semana

Lunes: La lectura de la Palabra de Dios no es aquello de que “predíqueme, padre, que por un oído me entra y por el otro me sale”. Leemos para comprender y llevar a la vida el proyecto de Dios. Hacer del proyecto de Dios nuestro propio proyecto ¿Leemos así la Biblia, o sólo vamos buscando curiosidades o consuelos pasajeros o aprendernos de memoria versículos y más versículos?

Martes: El proyecto de Dios es un proyecto de amor y no de aflicción; un proyecto de alegría y no de tristeza; un proyecto de compromiso con los demás y no de pasividad… La Palabra de Dios recoge una historia de amor y de fidelidad que nos debe dar alegría… Sabernos hijos de un Dios que nos ama… ¿Vivimos la relación alegre con un Dios que nos ama o la relación temerosa con un Dios que castiga?

Miércoles: Jesús también presentó su proyecto desde el proyecto de Dios: ungido y enviado por el Espíritu para dar la buena noticia a los pobres… Lo proclama hoy y lo cumplió hasta dar su propia vida en la cruz… ¿Nos sentimos cercanos a ese proyecto de vida? “Hay más alegría en dar que en recibir”, ¿nos lo creemos de verdad?, ¿cómo lo vamos poniendo en práctica? ¿Cómo lo vivimos en la misión?

Jueves: Los cuatro evangelios son la fuente preciosa para conocer mejor a Jesús y amarlo e imitarlo más. Si queremos ser como Jesús, tenemos que recurrir de manera muy sencilla a los evangelios. Llevarlos con nosotros, leerlos, anotarlos, meditarlos…Esa aproximación a Jesús a través de los Evangelios es la que compartimos con los demás (familia, vecinos, compañeros de trabajo…) en la sencilla misión de cada día, ¿lo hacemos?

Viernes: La comunión no es sólo la comunión eucarística, se refiere también a la común-unión de todos los creyentes: “formamos un solo cuerpo (cuerpo=comunión de todos en la Iglesia=un solo cuerpo), todos los que participamos de un mismo pan” (comunión eucarística), ¿cómo andamos de común-unión entre nosotros? ¿Tenemos proyectos comunes o cada quien (personas, grupos, aldeas) marcha por su cuenta?

Sábado: A nuestra Madre, la Virgen, la invocamos como “Madre de los pobres, de los humildes y sencillos”, de todos aquellos a quienes Jesús se sintió especialmente enviado, los últimos y más necesitados de nuestras comunidades, de nuestras aldeas, ¿nos sentimos también nosotros enviados de preferencia a los más pobres? ¿Cómo manifestamos que compartimos en eso el proyecto de Jesús?

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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