Lectio Divina, 1º. de Julio de 2018

Lectio Divina, 1º. de Julio de 2018

Décimo Tercer Domingo Ordinario

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Sab 1, 13-15; 2,23-24 * Salmo 29 * 2Co 8, 7; 9, 13-15

* Mc 5, 21-43

Madre Teresa

“A ti te digo, niña: ¡Levántate!”

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén. Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Texto

21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva».

24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. 25 Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias. 26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. 27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada». 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?». 31 Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?». 32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».

35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?». 36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.

39 Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». 40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». 42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

Lectio

A ti te digo, niña: ¡Levántate!: La famosa escena de la resurrección de la hija de Jairo según el Evangelio de Marcos, viene a completar la presentación del Dios de la vida propuesta por la Página sagrada. En realidad se trata de una doble presentación:

a. Jesús es el paso de Dios, del Dios que ha creado al hombre destinándolo para la vida plena. Tanto en el caso de la niña enferma y luego muerta, como en el de la mujer enferma, dichas personas encontrarán en Cristo su sanación, y más aún, el verdadero destino de lo humano: una vida digna y restaurada en su ambiente social y familiar.
b.
En el caso de la mujer enferma (VER vv.25‐34) ocurre una doble curación, una doble intervención del Dios que vivifica:

– Jesús no se niega a participarle de la vida que de él emana (VER 31 ss): de hecho él ha venido para restaurar todo lo humano que padece bajo el poder del mal. Su interrogación (VER v. 32) no es de indignación sino destinada a poner de manifiesto lo que es el inicio de toda sanación: la fe de aquella mujer que “quiso creer y pasar desapercibida de todos”.

– A la curación física, el Maestro añade la curación espiritual absolviendo sus pecados (VER v. 34), elemento que se deduce de la valoración de la enfermedad como fruto del pecado tenida entonces entre los judíos.

c. En el caso de la niña, las palabras con que tiene lugar su restauración son prácticamente palabras y gestos de resurrección: El Maestro la toma de la mano, es decir, extiende su “mano poderosa” como de Moisés, aquella que se extendió en el caos del Mar Rojo e hizo salir al pueblo de la escena de la muerte a la vida. Las palabras de Jesús son figura de la resurrección, pues dicho milagro simboliza ya lo que será el levantarse del final de los tiempos de todos los que “esperan en el Dios de la vida”.

Meditatio

  • ¿Nuestro compromiso con la vida en todas sus formas es en verdad imitación de la acción del Dios de la vida? ¿o hemos caído pasivamente en la indiferencia o hasta en la complicidad de lo que atenta contra la vida?
  • Nuestra postura delante de la enfermedad y del fin de la vida ¿se ve orientada por nuestra fe y relación con Cristo, vida nuestra?

Oratio

Si Tú pasas de nuevo, oh Cristo, no moriremos para siempre… si tu nos ves, no veremos más las sombras del sepulcro… si Tú nos lo ordenas, nos levantaremos de nuevo hacia la vida: ¡oh Dios de la vida y vida de los que creen! aumenta nuestra poca fe. AMÉN

Contemplatio

Con el salmo 29 la asamblea se ve invitada contemplar y a proclamar su testimonio del auxilio recibido de parte del Dios de la vida. Dicho auxilio no es otro que el rescate de la muerte y el paso a la vida que se celebran en el domingo cristiano.

Actio

  1. Reforzar nuestra propia fe en la vida que viene de Dios, haciendo concreto nuestra cercanía a toda situación donde la vida está amenazada.
  2. Extender en todo ambiente, mediante nuestro amor cristiano, el Reino que ha de imperar sobre la cultura de la muerte y la violencia.

 

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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