Lectio Divina, 31 de Marzo de 2018

Sábado Santo

Ciclo “C”

Vigilia Pascual

Sabado Santo

Celebración de la Resurrección del Señor

Invocación inicial

Señor, en este día sólo hay soledad y vacío, ausencia y silencio: una tumba, un cuerpo sin vida y la oscuridad de la noche. Ni siquiera Tú eres ya visible: ni una Palabra, ni un respiro. Estás haciendo Shabbát, reposo absoluto. ¿Dónde te encontraré ahora que te he perdido?

Voy a seguir a las mujeres, me sentaré también junto a ellas, en silencio, para preparar los aromas del amor. De mi corazón, Señor, extraeré las fragancias más dulces, las más preciosas, como hace la mujer, que rompe, por amor, el vaso de alabastro y esparce su perfume.

Y llamaré al Espíritu, con las palabras de la esposa repitiendo: “ ¡Despierta, viento del norte, ven, viento del sur! ¡Soplad sobre mi jardín ¡ (

Página Sagrada:

(A) El anuncio y preparación de la Pascua cristiana en el Antiguo Testamento

Primera lectura: Gn 1, 1‐31; 2, 1‐2

Al principio creó Dios todas las cosas

La primera de las páginas de la Sagrada Escritura, la narración de la creación del mundo es la clave para la comprensión del Misterio Pascual que hoy llega a su plenitud: Cristo es el autor de una nueva creación, en la cual, Dios mismo mediante el Espíritu como fue al inicio (VER v. 2) renueva todas las cosas. Como lo profesa la fe de la Iglesia en esta noche, la obra más perfecta de Dios sigue siendo el hombre: un Hombre Nuevo que inicia el Cristo Resucitado, en justicia y santidad (cfr Ef 4, 24). En el destino de la humanidad, hoy salvada y restaurada en el Resucitado, todo lo antiguo ha pasado, como narra la creación original, del caos al cosmos, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida.

Salmo responsorial: Salmo 103

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

En el salmo 103 estamos invitados a contemplar la acción silenciosa, casi ignorada, sin testigos del momento preciso, como fueron la creación y la Resurrección, pero con un actor principal: el Espíritu del Señor.

Segunda lectura: Gn 22, 1‐18

Dios no permitió la muerte de Isaac

La historia del sacrificio de Abraham ilumina el sentido de la Pascua como un paso de un destino de muerte al don de la vida. Una vida que “se recobra” porque Dios evita la muerte del ser humano (VER v. 11). En la Pascua cristiana el Señor quien ha obrado un rescate, ya en el monte Moriah, ya no de un hijo del Abraham peregrino, sino de todos los seres humanos, si bien, ha permitido el Viernes Santo el sacrificio de su propio Hijo en el monte Calvario, sacrificio que nos ha devuelto la vida.

Salmo responsorial: Salmo 15

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Con el salmo 15 contemplamos la resonancia de una voz, la voz del que ha sido salvado. Pudiera ser la de Isaac, salvado del sacrificio, pero es la voz del Resucitado cuya vida “ha comenzado a recorrer el sendero de la vida” pues el Padre lo ha levantado de entre los muertos.

Tercera lectura: Ex 14, 15‐15,1

El pueblo paso a través del mar desde la muerte hasta la vida

La narración de la salida de Egipto en el Éxodo, es central en la Vigilia de esta noche: ella contiene la revelación más profunda de lo que ha sucedido. Al igual que los antiguos hebreos, todos hemos sido rescatados a través de paso que es la Resurrección del Señor. Los diversos símbolos del relato de Éxodo nos ayudan a entender que esa liberación ha sido una verdadera recreación a través de las aguas. Comenzamos a vivir el ambiente “bautismal” de esta Vigilia. Entre dichos simbolismos están 1) el paso del agua a terreno seco (eco de la primera creación); 2) el paso de occidente a oriente (del mundo de las sombras a la luz); 3) el paso de la noche al amanecer (paso de la muerte a un destino que inicia como vida); 4) el paso de la esclavitud a la libertad (de “no ser pueblo de Dios” a ser “comunidad del Señor”).

Responsorio: Cántico de Ex 15, 1‐2. 3‐4.5‐6.17‐18

Cantemos al Señor, sublime es su victoria

La comunidad discipular, sintiéndose protagonista de los eventos de la Pascua contempla la obra de Dios cuya narración ha escuchado y proclama el famoso cántico de María, hermana de Moisés, hoy que ha visto y puede testimoniar el poder del Dios del Éxodo nuevo: Cristo, el Señor.

Cuarta lectura: Is 54, 5‐14

De la aflicción y del dolor hemos pasado al gozo del Señor

La profecía de Isaías revela la acción de Dios en la noche de Pascua como un rescate, una restauración tal y como Él lo prometió al pueblo destruido y disperso en el Exilio. Al centro se encuentra el v. 7 donde “el Señor efectúa una “alianza” semejante a un matrimonio donde la comunidad toma el nombre y recibe la bendición del Esposo, que es el mismo Señor.

Salmo responsorial: Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Con el salmo 29 contemplamos y proclamamos con el Resucitado el “rescate” obra de Dios: “Sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa” “Cambiaste mi luto en danzas”, y por lo mismo invitamos a la creación entera a alabar al Señor (VER v. 12).

Quinta lectura: Is 55, 1‐11

Sellaré con ustedes una alianza perpetua

Continuando con el tema de la alianza nueva que se celebra en la Pascua cristiana la voz del profeta Isaías es portadora del consuelo porque el Señor ahora va actuar con los desposeídos, con los confundidos por las desgracias de la historia de la destrucción del Reino y del Exilio en Babilonia (VER vv. 1‐3). Ellos, que han esperado que Él actúe, encuentran con sorpresa que el Señor ha seguido caminos extraños, insospechados, pero que conducen a la salvación definitiva: la vida vino a través de la muerte de Cristo (VER v.8).

Responsorio: Is 12, 2‐3. 4bcd.5‐6

Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación

La comunidad de los discípulos del Señor es toda la Iglesia que en esta noche ha recibido en el Resucitado “gracia tras gracia” (cfr. Jn 1, 17) y se prepara a “sacar el agua del renacimiento bautismal el don de la vida nueva”.

Sexta lectura: Ba 3, 9‐15. 32‐4,4

Caminen en la claridad del Señor

Haciendo suyo el símbolo de la claridad que domina esta noche la profecía de Baruc invita a la comunidad discipular a una “meditación sobre la historia”, sobre todo el camino de la salvación donde siempre se ha encontrado en el Señor la fuente de la vida. Toda idolatría y creencia en dioses falsos, toda opción equivocada, todo error debe ahora quedar atrás y la Iglesia salvada esta noche debe caminar a la luz de la salvación del único Dios verdadero.

Salmo responsorial: Salmo 18

Señor, tú tienes palabras de vida eterna

Con el salmo 18 contemplamos y proclamamos como discípulos la verdad y eficacia del Señor Resucitado: sus palabras son en verdad el camino de la salvación, tan diferentes a las de falsos dioses en los cuales, hasta ahora, ha confiado la humanidad.

Séptima lectura: Ez 36, 16‐28

Derramaré sobre ustedes un agua pura y les daré un corazón nuevo

La antigua promesa de una intervención profunda, definitiva de Dios en la existencia humana personal y comunitaria, tal y como la expuso en su profecía Ezequiel a los israelitas en el Exilio, encuentra en esta noche su cumplimiento. El don del Espíritu del Resucitado (VER v. 26) corresponde al “espíritu de Dios” que sopla sobre los huesos secos, símbolo de la humanidad destruida por los efectos del pecado. Al don del Espíritu, acompaña el don de un corazón nuevo (VER v. 26) pues en Cristo Resucitado se puede vivir una nueva forma de orientar la vida, decidir acertadamente: tal era la función del corazón en la mentalidad hebrea.

Salmo responsorial: Salmo 41

Como busca la sierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío

Con el orante del salmo 41, la comunidad discipular proclama que ahora la tendencia más importante de su vida es el Señor: a Él le buscará, como María Magdalena en la mañana de Pascua, con un profundo deseo o “sed” en lenguaje bíblico. El deseo de Dios que es propio de los que han renacido esta noche con Cristo Resucitado (cfr Rm 6, 1ss)

(B) El cumplimiento de las promesas de Dios en la Pascua cristiana del Nuevo

Testamento

Lectura de la Epístola: Rm 6, 3‐11

Por el Bautismo fuimos incorporados al Misterio Pascual de Cristo

La noche de Pascua es la ocasión propia para vivir la celebración del Bautismo que nos incorpora a Cristo: es una celebración en que simultáneamente se viven “muerte y resurrección” como lo propone todo el capítulo 6 de la Carta a los Romanos. Este texto instruye en el tema de la unión con el Resucitado que es el camino de libertad auténtica y definitiva para el hombre. Al mismo tiempo, el misterio del Bautismo es el inicio de un camino de seguimiento discipular, de maduración y continua transformación en la vida de “hijos de Dios” (cfr Rm 5, 1ss).

Salmo responsorial: Salmo 117

Este salmo invita a contemplar en esta noche el “día del Señor” es decir, el momento de la resurrección de Cristo, donde se han manifestado la bondad de Dios para su pueblo (VER v. 12), el poder del Señor que ha vencido la fuerza del mal (VER v. 16), y la extraña “inversión de situaciones” pues Cristo, piedra desechada por los arquitectos, es ahora el fundamento del edificio nuevo del culto a Dios, la Iglesia (VER vv. 22‐23; cfr. 1 Pe 2, 1‐10).

Evangelio: Mc 16, 1‐7

No está aquí, ha resucitado

1 Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. 2 A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro.

3 Y decían entre ellas: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?» 4 Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande. 5 Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas. 6 pero él les dijo: «No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. 7 Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho».

La historia de Jesús en Marcos, termina con el descubrimiento de la tumba vacía. De aquí surge otro modo de seguir a Jesús: ya no tiene que ser detrás de un cuerpo muerto, sino detrás de un Resucitado. En efecto, la tumba no es un punto de llegada, sino un punto de partida para el anuncio de la resurrección.

a. Las mujeres que van a la tumba, la encuentran vacía. Buscaban una ayuda para retirar la gran piedra difícil de mover con la que estaría tapada. Pero ocurre que en el campo de la fe se les ofrece una ayuda: se les aparece un joven para aclararles que si buscaban a Jesús de Nazareth, al crucificado, Él ya no estaba allí. Él no está muerto, sino que ha resucitado en el primer día de la semana, al salir el sol. Así, desde ahora, tienen la misión de comunicar a Pedro y a los otros discípulos que vayan a Galilea para que ellos tengan también la experiencia con Jesús resucitado. Para que, después de haberlo abandonado en el huerto, entren nuevamente en comunión con Él.

b. Sin embargo, la nueva comunión no se hace con el Jesús mortal, sino con Aquél que vive y obra para siempre. En realidad, este pasaje evangélico, pone ante nuestros ojos que, la plena comunión de fe con Jesús nos debe hacer capaces de convertirnos de nuestros errores y de permanecer junto a Él, aún en los momentos más difíciles y dolorosos de nuestra vida. Es una invitación a pasar del temor humano, de la incertidumbre, al gozo de la fe en la Resurrección, para convertirnos así en los enviados a anunciar la Resurrección del Señor con nuestro testimonio de vida.

II Meditación:

a. La celebración de la Solemne Vigilia Pascual ¿reafirma en nosotros la esperanza de los discípulos en la presencia viva y permanente del Señor con los que ha llamado?

b. ¿Estamos dispuestos a recomenzar todo camino de discipulado que se haya visto bloqueado o interrumpido por la realidad del pecado en nuestras vidas, en el ambiente de la comunidad?

c. ¿Estamos dispuestos, en otras palabras, a aceptar la invitación del Señor de “volver a Galilea” para reencontrarlo y reencontrar la propia identidad como discípulos y testigos suyos?

d. ¿Percibimos la riqueza del “día del Señor”, el domingo, donde de nuevo caminamos con él, escuchamos y meditamos la Palabra y le reconocemos en la fracción del pan?

e. ¿Somos discípulos‐misioneros, es decir, enviados fieles y perseverantes de la Resurrección en todos los ambientes donde vivimos, estudiamos, trabajamos, conocemos a otros y somos conocidos?

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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