Lectio Divina, 29 de Octubre de 2017

Lectio Divina, 29 de Octubre de 2017

Trigésimo Domingo Ordinario

Ciclo “A”

Página Sagrada:

Ex 22, 21-27 * Salmo 17 * 1Tes 1, 5c-10 * Mt 22, 34-40

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“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo”

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

34 Al enterarse los fariseos de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron alrededor de él; 35 y uno de ellos, [doctor en la ley] le preguntó maliciosamente:

36 —Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley?

37 Le respondió:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Éste es el precepto más importante; 39 pero el segundo es equivalente: Amarás al prójimo como a ti mismo.

40 De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas.

Lectio

La página sagrada propone hoy un tema clave para la lectio divina de los discípulos y misioneros de Cristo: “la relación entre el amor a Dios y a los hermanos”. Verdadera enseñanza fundamental, la breve intervención del Maestro en el Evangelio que contiene aquel equilibrio que tantas veces tiende a perderse en la “vida de creyentes”: el amor al Creador y a los semejantes. A través de la historia dos acusaciones se han hecho a la vida de los creyentes: privilegiar el amor a Dios, olvidando al hombre, o perder de vista al Creador para detenerse en la criatura (1ª lectura). Nunca, ninguna de ambas han sido totalmente ciertas, pero por lo menos la posibilidad de ese desequilibrio ha existido. Contra ello previene hoy urgentemente el Señor a sus seguidores y testigos.

  1. En su tiempo, los fariseos con quienes convivió Jesús, representaban un cuidado atento por el cumplimiento de la ley de Dios. Hombres famosos en las páginas del Evangelio y la historia de la Iglesia surgieron de aquellos: Nicodemo, José de Arimatea, Saulo de Tarso. Sin embargo, a través de las controversias ocurridas entre este grupo y Jesús, es posible advertir aquella deformación del espíritu de la Ley que el fariseísmo había realizado. Según algunos de sus rabinos o maestros, habrían más de 613 preceptos legales derivados de la Ley. Igualmente, habrían, fuertes discusiones entre ellos sobre que preceptos eran los más importantes.
  2. El mandamiento más importante: Uno de los fariseos le interroga (para poner a prueba su capacidad como legislador) sobre el mayor mandamiento. De hecho, antes del mismo Jesús ya existía la certeza de que se trataba del “amor a Dios”. Dicho mandamiento se expresaba como la orientación de toda la persona, al Creador. El primer pecado, fue en efecto, él haber olvidado a Dios y fijarse únicamente en el hombre mismo (Cf. Gn 3, lss) (VER vv. 34-36).
  3. El mandamiento nuevo: La enseñanza del Maestro contiene sin embargo algo nuevo: Él coloca a la par del mandamiento debido a Dios, el deber hacia el hermano. De hecho, como en el Decálogo, la ley prescribe una y otra cosa, pero Jesús le da a la segunda parte una importancia como antes no tuvo. Lo hace diciendo en efecto: “y el segundo es semejante a este…” (ver. v.39) “Semejante” no quiere decir idéntico, pero significa reflejo al igual que en toda la creación, no es posible hallar ningún reflejo de Dios más grande que el hombre mismo. Por tanto, según la enseñanza de Cristo, no es posible un amor verdadero a Dios, si este no se refleja en un amor al prójimo… San Juan hará mucho después una síntesis clara del mensaje cristiano: “Queridos, sí Dios nos ha amado, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros… si nos amamos, el amor de Dios, permanece en nosotros y el amor de Dios ha alcanzado su objetivo en nosotros” (1 Jn 4, 11-12) (VER acá vv. 37-40).

Meditatio

  • ¿Qué diferencia hay entre el amor humano y el amor divino?
  • ¿Es prioridad para mi vida amar a Dios y al prójimo sobre todas las cosas o amo más a mis bienes materiales?
  • ¿Me he sentido amado por Dios en relación con mi familia, con mi comunidad, con la Iglesia?

ORACION

Señor Jesús, enséñame a amarte a ti en cada uno de mis hermanos para que pueda permanecer en ti y tú en mí.

CONTEMPLACIÓN

El Salmo 17 nos puede ayudar a la contemplación, lo que pretendemos es reflejar en el cuidado hacia el hermano, el amor a Dios. Contemplemos la imagen de Jesús, manso y humilde, que acoge a todo el que se acerca a Él.

ACCIÓN

  1. Examinar atentamente las prioridades de nuestra vida y colocar el mandamiento del amor en primer lugar.
  2. Determinar hasta qué punto nuestro amor es efectivo y auténtico en familia, comunidad parroquial, en medio de la sociedad local y nacional.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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