Vigilia Pascual, 15 de Abril de 2017

Vigilia Pascual, 15 de Abril de 2017

Sabado Santo

Ciclo “A”

 icono resurreccion

Celebración de la Resurrección del Señor

(A) El anuncio y preparación de la Pascua cristiana en el Antiguo Testamento

Primera lectura: Gn 1, 1‐31; 2, 1‐2

1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra.

2 La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. 3 Entonces Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

6 Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. 7 Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; 8 y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

9 Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. 10 Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno.

11 Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”. Y así sucedió. 12 La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. 13 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

14 Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, 15 y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. 16 Dios hizo que dos grandes astros –el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. 17 Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, 18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. 19 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

20 Dios dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”. 21 Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. 22 Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”. 23 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

24 Dios dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió. 25 Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno. 26 Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. 27 Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. 28 Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. 29 Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. 30 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió. 31 Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

2,1 Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. 2 El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido.

 

Al principio creó Dios todas las cosas

La primera de las páginas de la Sagrada Escritura, la narración de la creación del mundo es la clave para la comprensión del Misterio Pascual que hoy llega a su plenitud: Cristo es el autor de una nueva creación, en la cual, Dios mismo mediante el Espíritu como fue al inicio (VER v. 2) renueva todas las cosas. Como lo profesa la fe de la Iglesia en esta noche, la obra más perfecta de Dios sigue siendo el hombre: un Hombre Nuevo que inicia el Cristo Resucitado, en justicia y santidad (cfr Ef 4, 24). En el destino de la humanidad, hoy salvada y restaurada en el Resucitado, todo lo antiguo ha pasado, como narra la creación original, del caos al cosmos, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida.

Salmo responsorial: Salmo 103

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

 

1 De David.

Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

2 bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios.

3 El perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

4 rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura;

5 él colma tu vida de bienes,

y tu juventud se renueva como el águila.

6 El Señor hace obras de justicia

y otorga el derecho a los oprimidos;

7 él mostró sus caminos a Moisés

y sus proezas al pueblo de Israel.

8 El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

9 no acusa de manera inapelable

ni guarda rencor eternamente;

10 no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas.

11 Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,

así de inmenso es su amor por os que lo temen;

12 cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados.

13 Como un padre cariñoso con sus hijos,

así es cariñoso el Señor con sus fieles;

14 él conoce de qué estamos hechos,

sabe muy bien que no somos más que polvo.

15 Los días del hombre son como la hierba:

él florece como las flores del campo;

16 las roza el viento, y ya no existen más,

ni el sitio donde estaban las verá otra vez.

17 Pero el amor del Señor permanece para siempre,

y su justicia llega hasta los hijos y los nietos

18 de los que lo temen y observan su alianza,

de los que recuerdan sus preceptos y los cumplen.

19 El Señor puso su trono en el cielo,

y su realeza gobierna el universo.

20 ¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles,

los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes

apenas oyen la voz de su palabra!

21 ¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos,

sus servidores, los que cumplen su voluntad!

22 ¡Bendíganlo todas sus obras,

en todos los lugares donde ejerce su dominio!

¡Bendice al Señor, alma mía!

 

En el salmo 103 estamos invitados a contemplar la acción silenciosa, casi ignorada, sin testigos del momento preciso, como fueron la creación y la Resurrección, pero con un actor principal: el Espíritu del Señor.

Segunda lectura: Gn 22, 1‐18

Dios no permitió la muerte de Isaac

1 Después de estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abraham: «¡Abraham!», le dijo. El respondió: «Aquí estoy». 2 Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré».

3 A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.

4 Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, 5 y dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes».

6 Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos. 7 Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!». El respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». 8 «Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos. 9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña.

10 Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11 Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!». «Aquí estoy», respondió él. 12 Y el Ángel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único».

13 Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá», y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá».

15 Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, 16 y le dijo: «Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, 17 yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, 18 y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz».

La historia del sacrificio de Abraham ilumina el sentido de la Pascua como un paso de un destino de muerte al don de la vida. Una vida que “se recobra” porque Dios evita la muerte del ser humano (VER v. 11). En la Pascua cristiana el Señor quien ha obrado un rescate, ya en el monte Moriah, ya no de un hijo del Abraham peregrino, sino de todos los seres humanos, si bien, ha permitido el Viernes Santo el sacrificio de su propio Hijo en el monte Calvario, sacrificio que nos ha devuelto la vida.

Salmo responsorial: Salmo 15

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Mictán de David.

Protégeme, Dios mío,

porque me refugio en ti.

2 Yo digo al Señor:

«Señor, tú eres mi bien,

no hay nada superior a ti».

3 Ellos, en cambio, dicen a los dioses de la tierra:

«Mis príncipes, ustedes son toda mi alegría».

4 Multiplican sus ídolos y corren tras ellos,

pero yo no les ofreceré libaciones de sangre,

ni mis labios pronunciarán sus nombres.

5 El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡tú decides mi suerte!

6 Me ha tocado un lugar de delicias,

estoy contento con mi herencia.

7 Bendeciré al Señor que me aconseja,

¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

8 Tengo siempre presente al Señor:

él está a mi lado, nunca vacilaré.

9 Por eso mi corazón se alegra,

se regocijan mis entrañas

y todo mi ser descansa seguro:

10 porque no me entregarás la Muerte

ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

11 Me harás conocer el camino de la vida,

saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.

 Con el salmo 15 contemplamos la resonancia de una voz, la voz del que ha sido salvado. Pudiera ser la de Isaac, salvado del sacrificio, pero es la voz del Resucitado cuya vida “ha comenzado a recorrer el sendero de la vida” pues el Padre lo ha levantado de entre los muertos.

Tercera lectura: Ex 14, 15‐15,1

El pueblo paso a través del mar desde la muerte hasta la vida

15 Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. 16 Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. 17 Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. 18 Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros».

19 El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de delante hacia atrás, 20 interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros. 21 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, 22 y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. 23 Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. 24 Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. 25 Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto».

26 El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros». 27 Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. 28 Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. 29 Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

30 Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, 31 y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.

15,1 Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor: «Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros”.

La narración de la salida de Egipto en el Éxodo, es central en la Vigilia de esta noche: ella contiene la revelación más profunda de lo que ha sucedido. Al igual que los antiguos hebreos, todos hemos sido rescatados a través de paso que es la Resurrección del Señor. Los diversos símbolos del relato de Éxodo nos ayudan a entender que esa liberación ha sido una verdadera recreación a través de las aguas. Comenzamos a vivir el ambiente “bautismal” de esta Vigilia. Entre dichos simbolismos están 1) el paso del agua a terreno seco (eco de la primera creación); 2) el paso de occidente a oriente (del mundo de las sombras a la luz); 3) el paso de la noche al amanecer  (paso de la muerte a un destino que inicia como vida); 4) el paso de la esclavitud a la libertad (de “no ser pueblo de Dios” a ser “comunidad del Señor”).

Responsorio: Cántico de Ex 15, 1‐2. 3‐4.5‐6.17‐18

Cantemos al Señor, sublime es su victoria

1 Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor: «Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros.2 El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. Él es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.

 3 El Señor es un guerrero, su nombre es «Señor».4 El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.

 5 El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar. 6 Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo.

17 Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos. 18 ¡El Señor reina eternamente!».

La comunidad discipular, sintiéndose protagonista de los eventos de la Pascua contempla la obra de Dios cuya narración ha escuchado y proclama el famoso cántico de María, hermana de Moisés, hoy que ha visto y puede testimoniar el poder del Dios del Éxodo nuevo: Cristo, el Señor.

Cuarta lectura: Is 54, 5‐14

De la aflicción y del dolor hemos pasado al gozo del Señor

5 Porque tu esposo es aquel que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: él se llama «Dios de toda la tierra». 6 Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor: «¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?». dice el Señor.

7 Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo; 8 en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor.

9 Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé ni inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra ti ni amenazarte nunca más. 10 Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti.

 11 ¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas y por cimientos, zafiros; 12 haré tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu contorno de piedras preciosas. 13 Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande la paz de tus hijos. 14 Estarás afianzada en la justicia, lejos de la opresión, porque nada temerás, lejos del temor, porque no te alcanzará.

La profecía de Isaías revela la acción de Dios en la noche de Pascua como un rescate, una restauración tal y como Él lo prometió al pueblo destruido y disperso en el Exilio. Al centro se encuentra el v. 7 donde “el Señor efectúa una “alianza” semejante a un matrimonio donde la comunidad toma el nombre y recibe la bendición del Esposo, que es el mismo Señor.

Salmo responsorial: Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

1 Salmo Canto para la Dedicación del Templo. De David.

2 Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste

y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.

3 Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.

4 Tú, Señor, me levantaste del Abismo

y me hiciste revivir,

cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

5 Canten al Señor, sus fieles;

den gracias a su santo Nombre,

6 porque su enojo dura un instante,

y su bondad, toda la vida:

si por la noche se derraman lágrimas,

por la mañana renace la alegría.

7 Yo pensaba muy confiado:

«Nada me hará vacilar».

8 Pero eras tú, Señor, con tu gracia,

el que me afirmaba sobre fuertes montañas,

y apenas ocultaste tu rostro,

quedé conturbado.

9 Entonces te invoqué, Señor,

e imploré tu bondad:

10 «¿Qué se ganará con mi muerte

o con que yo baje al sepulcro?

¿Acaso el polvo te alabará

o proclamará tu fidelidad?

11 Escucha, Señor, ten piedad de mí;

ven a ayudarme, Señor».

12 Tú convertiste mi lamento en júbilo,

me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,

13 para que mi corazón te cante sin cesar.

¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!

Con el salmo 29 contemplamos y proclamamos con el Resucitado el “rescate” obra de Dios: “Sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa” “Cambiaste mi luto en danzas”, y por lo mismo invitamos a la creación entera a alabar al Señor (VER v. 12).

Quinta lectura: Is 55, 1‐11

Sellaré con ustedes una alianza perpetua

1 ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. 2 ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares.

3 Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. 4 Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. 5 Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. 6 ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca!

7 Que le malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva el Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. 8 Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–.

9 Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. 10 Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, 11 así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

Continuando con el tema de la alianza nueva que se celebra en la Pascua cristiana la voz del profeta Isaías es portadora del consuelo porque el Señor ahora va actuar con los desposeídos, con los confundidos por las desgracias de la historia de la destrucción del Reino y del Exilio en Babilonia (VER vv. 1‐3). Ellos, que han esperado que Él actúe, encuentran con sorpresa que el Señor ha seguido caminos extraños, insospechados, pero que conducen a la salvación definitiva: la vida vino a través de la muerte de Cristo (VER v.8).

Responsorio: Is 12, 2‐3. 4bcd.5‐6

Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación

2 Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. 3 Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.

4 Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre.

5 Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra!6 ¡Aclama y grita de alegría. Habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!

La comunidad de los discípulos del Señor es toda la Iglesia que en esta noche ha recibido en el Resucitado “gracia tras gracia” (cfr. Jn 1, 17) y se prepara a “sacar el agua del renacimiento bautismal el don de la vida nueva”.

Sexta lectura: Ba 3, 9‐15. 32‐4,4

Caminen en la claridad del Señor

9 Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención para aprender a discernir. 10 ¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos y has envejecido en una tierra extranjera? 11 ¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote entre los que bajan al Abismo? 12 ¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría! 13 Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre. 14 Aprende dónde está el discernimiento, dónde está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz. 15 ¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría, quién ha penetrado en sus tesoros?

32 Pero el que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos; 33 el que envía la luz, y ella sale, la llama, y ella obedece temblando. 34 Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia: 35 él las llama, y ellas responden: «Aquí estamos», y brillan alegremente para aquel que las creó. 36 ¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! 37 El penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. 38 Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres.

4,1 La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios, y la Ley que subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán la vida, pero los que la abandona, morirán. 2 Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por su luz. 3 No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero. 4 Felices de nosotros, Israel, porque se nos dio a conocer lo que agrada a Dios.

Haciendo suyo el símbolo de la claridad que domina esta noche la profecía de Baruc invita a la comunidad discipular a una “meditación sobre la historia”, sobre todo el camino de la salvación donde siempre se ha encontrado en el Señor la fuente de la vida. Toda idolatría y creencia en dioses falsos, toda opción equivocada, todo error debe ahora quedar atrás y la Iglesia salvada esta noche debe caminar a la luz de la salvación del único Dios verdadero.

Salmo responsorial: Salmo 18

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo. En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino.

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea.

Con el salmo 18 contemplamos y proclamamos como discípulos la verdad y eficacia del Señor Resucitado: sus palabras son en verdad el camino de la salvación, tan diferentes a las de falsos dioses en los cuales, hasta ahora, ha confiado la humanidad.

Séptima lectura: Ez 36, 16‐28

Derramaré sobre ustedes un agua pura y les daré un corazón nuevo

16 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 17 Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones: su conducta era ante mí como la impureza de una mujer en su menstruación. 18 Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y los ídolos con que lo habían contaminado. 19 Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. 20 Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos: «Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país».

21 Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido. 22 Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. 23 Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor –oráculo del Señor– cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes. 24 Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. 25 Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. 26 Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. 27 Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que signa mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. 28 Ustedes habitarán en la tierra que yo ha dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

La antigua promesa de una intervención profunda, definitiva de Dios en la existencia humana personal y comunitaria, tal y como la expuso en su profecía Ezequiel a los israelitas en el Exilio, encuentra en esta noche su cumplimiento. El don del Espíritu del Resucitado (VER v. 26) corresponde al “espíritu de Dios” que sopla sobre los huesos secos, símbolo de la humanidad destruida por los efectos del pecado. Al don del Espíritu, acompaña el don de un corazón nuevo (VER v. 26) pues en Cristo Resucitado se puede vivir una nueva forma de orientar la vida, decidir acertadamente: tal era la función del corazón en la mentalidad hebrea.

Salmo responsorial: Salmo 41

Como busca la sierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío

Del maestro de coro. Poema de los hijos de Coré.

2 Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios.

3 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?

4 Las lágrimas son mi único pan de día y de noche, mientras me preguntan sin cesar: «¿Dónde está tu Dios?»

5 Al recordar el pasado, me dejo llevar por la nostalgia: ¡cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta!

6 ¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios.

7 Mi alma está deprimida: por eso me acuerdo de ti, desde la tierra del Jordán y el Hermón, desde el monte Misar.

8 Un abismo llama a otro abismo, con el estruendo de tus cataratas; tus torrentes y tus olas pasaron sobre mí.

9 De día, el Señor me dará su gracia; y de noche, cantaré mi alabanza al Dios de mi vida.

10 Diré a mi Dios: «Mi Roca, ¿por qué me has olvidado? ¿Por qué tendré que estar triste, oprimido por mi enemigo?».

11 Mis huesos se quebrantan por la burla de mis adversarios; mientras me preguntan sin cesar: « ¿Dónde está tu Dios?»

12 ¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios.

Con el orante del salmo 41, la comunidad discipular proclama que ahora la tendencia más importante de su vida es el Señor: a Él le buscará, como María Magdalena en la mañana de Pascua, con un profundo deseo o “sed” en lenguaje bíblico. El deseo de Dios que es propio de los que han renacido esta noche con Cristo Resucitado (cfr Rm 6, 1ss)

(B) El cumplimiento de las promesas de Dios en la Pascua cristiana del Nuevo Testamento

Lectura de la Epístola: Rm 6, 3‐11

Por el Bautismo fuimos incorporados al Misterio Pascual de Cristo

3 ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? 4 Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. 5 Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.

6 Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. 7 Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. 8 Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. 9 Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. 10 Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. 11 Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

La noche de Pascua es la ocasión propia para vivir la celebración del Bautismo que nos incorpora a Cristo: es una celebración en que simultáneamente se viven “muerte y resurrección” como lo propone todo el capítulo 6 de la Carta a los Romanos. Este texto instruye en el tema de la unión con el Resucitado que es el camino de libertad auténtica y definitiva para el hombre. Al mismo tiempo, el misterio del Bautismo es el inicio de un camino de seguimiento discipular, de maduración y continua transformación en la vida de “hijos de Dios” (cfr Rm 5, 1ss).

Salmo responsorial: Salmo 117

1 ¡Alaben al Señor, todas las naciones, glorifíquenlo, todos los pueblos! 2 Porque es inquebrantable su amor por nosotros,  y su fidelidad permanece para siempre.

¡Aleluya!

Este salmo invita a contemplar en esta noche el “día del Señor” es decir, el momento de la resurrección de Cristo, donde se han manifestado la bondad de Dios para su pueblo (VER v. 12), el poder del Señor que ha vencido la fuerza del mal (VER v. 16), y la extraña “inversión de situaciones” pues Cristo, piedra desechada por los arquitectos, es ahora el fundamento del edificio nuevo del culto a Dios, la Iglesia (VER vv. 22‐23; cfr. 1 Pe 2, 1‐10).

Evangelio: Mt 28, 1‐10

El testimonio de la Resurrección

1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. 2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. 4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.

5 El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, 7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles».

8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. 9 De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. 10 Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».

El texto de Mateo que se proclama en la solemne Vigilia Pascual, muestra y encierra enseñanzas fundamentales para la comunidad de los discípulos y Misioneros del Señor Resucitado que vive entre los suyos:

  1. La resurrección de Cristo se revela a los testigos de su muerte en la cruz: El evangelista cita exactamente detalles que narra en la sepultura de Cristo: era un sepulcro nuevo, sellado con una gran piedra, y están presentes “María Magdalena y la otra María” como en Mt 27, 57‐61: su intención no deja de ser el afrontar las difamaciones que luego surgirán de los enemigos de Cristo: el cuerpo fue robado, fue una equivocación del lugar de la tumba, nadie vio donde fue sepultado, etc. (VER Mt 28, 11‐15; VER acá vv. 1‐2).
  2. La resurrección de Cristo es la victoria del Hijo de Dios: los detalles del temblor de tierra, del ángel con aspecto notorio, del temor de los centinelas y de su “quedar como muertos” corresponden a lo narrado en el momento de la muerte de Cristo (VER Mt 27, 51‐54): en realidad como se ha dicho antes (Mt 27, 54) Él es verdaderamente Hijo de Dios: su persona y su historia han de ser reconocidas por toda la creación que parece verse afectada en estos momentos.
  3. La resurrección de Cristo escapa a las posibilidades humanas, es el paso de Dios en el mundo de los hombres: la reacción de “temor” tanto de las mujeres como de los centinelas no solamente es natural, sino simboliza la majestad del momento y del Señor resucitado (VER vv. 4‐5).
  4. La resurrección es el llamado a los discípulos a superar el temor y volver al camino del seguimiento: Mientras el temor logró anteriormente el abandono de su Señor (VER Mt 26, 56: Todos le abandonaron) y hasta de su negación (VER Mt 26, 69‐75: las negaciones de Pedro) ahora se invita a los discípulos a “rehacer el camino del seguimiento” iniciado un día Galilea (cfr. Mt 4, 18‐22)

II Meditación:

  1. La celebración de la Solemne Vigilia Pascual ¿reafirma en nosotros la esperanza de los discípulos en la presencia viva y permanente del Señor con los que ha llamado?
  2. ¿Estamos dispuestos a recomenzar todo camino de discipulado que se haya visto bloqueado o interrumpido por la realidad del pecado en nuestras vidas, en el ambiente de la comunidad?
  3. ¿Estamos dispuestos, en otras palabras, a aceptar la invitación del Señor de “volver a Galilea” para reencontrarlo y reencontrar la propia identidad como discípulos y testigos suyos?
  4. ¿Percibimos la riqueza del “día del Señor”, el domingo, donde de nuevo caminamos con él, escuchamos y meditamos la Palabra y le reconocemos en la fracción del pan?
  5. ¿Somos discípulos‐misioneros, es decir, enviados fieles y perseverantes de la Resurrección en todos los ambientes donde vivimos, estudiamos, trabajamos, conocemos a otros y somos conocidos?

 

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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