Lectio Divina, 13 de Abril de 2017, Jueves Santo

Lectio Divina, 13 de Abril de 2017

Jueves Santo

Ciclo “A”

Página Sagrada:

Ex 12, 1‐8.11‐14/Salmo 115/1 Co 11, 23‐26/Jn 13, 1‐15

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Este será un día memorable para ustedes

 

Invocación inicial

“Cuando tú hablas, Señor, la nada palpita de vida: los huesos secos se convierten en personas vivientes, el desierto florece… Cuando me dispongo a hablarte, me siento árido, no sé qué decir. No estoy, evidentemente, sintonizado con tu voluntad, mis labios no están de acuerdo con mi corazón y mi corazón no hace un esfuerzo por entonarse con el tuyo. Renueva mi corazón, purifica mis labios, para que hable contigo como tú quieres, para que hable con los demás como tú quieres, para que hable conmigo mismo, con mi mundo interior, como tú quieres (L. Renna).

Texto

1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, 3 sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, 4 se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.

6 Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”. 7 Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”. 8 “No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Jesús le respondió: “Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”. 9 “Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”. 10 Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”.

11 El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”. 12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. 14 Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

Lectio

Inaugurando el Solemne Triduo Pascual, la Palabra de Dios que se ofrece a la lectio divina recoge los temas fundamentales propuestos por la Liturgia de la Misa de la Cena del Señor: en el Evangelio sobre todo, aquel del amor extremo de Cristo hacia los suyos y hacia la humanidad que redime en su Pasión; amor que expresa el del Padre por el mundo caído en el pecado (cfr. Jn 3, 16) que llegará a ser “mandamiento nuevo para los discípulos de Cristo”. En la lectura del Evangelio. También propone el tema del misterio eucarístico (1ª y 2ª. lecturas) como don que perpetúa la entrega amorosa del Señor; e igualmente el tema del don del sacerdocio ministerial (2ª lectura) como servicio a la prolongación de la salvación que ya inicia con la Cena del Señor.

1ra. Lectura: La primera lectura recoge tanto las prescripciones para la celebración de la Pascua en el éxodo de Egipto como la descripción del significado de aquella noche memorable. Diversos elementos  del relato expresan la fe del antiguo Israel que se valora y se renueva en la celebración cristiana:

  • Dios toma la iniciativa de este banquete (VER v.1) por el cual salvará a su pueblo. Esa primera pascua será para los israelitas un “encuentro inolvidable” con el Dios que “pasa” por toda circunstancia humana de muerte para hacer que triunfe la vida.
  • La intervención del Señor queda fija en el tiempo (VER vv. 2ss), es decir, se convierte en un acontecimiento que marca un “antes y un después” en la vida de la comunidad creyente.
  • Las características de la víctima por cuyo sacrificio Dios salvará a su pueblo (VER vv. 3‐6: cordero de un año, sin defecto, etc.) dejan ver que Dios prepara misteriosamente una víctima que será de su agrado.
  • La descripción de la comida de Pascua (pan sin levadura por falta de tiempo para el fermento por la acción rápida de la salvación, hierbas amargas en recuerdo de la vida oprimida que se deja) y las actitudes requeridas al comer ese alimento (de pie, ceñidos en actitud de vigilia y de viaje) terminan por darle su significado más profundo al banquete: se trata del comienzo de una vida nueva donde se es preservado de la muerte por la sangre del cordero.
  • Finalmente, reuniendo estos elementos, sucede que la comunidad de fe que celebra el rito de la Pascua, como ocurre hasta el día de hoy entre los judíos, debe vivir la tensión del viaje, del inicio de un cambio de vida.

2da. Lectura: El relato más antiguo de la institución de la Eucaristía es sin duda el texto de 1Co 11. Son de notar las expresiones del apóstol:

  • Les transmito lo que recibí (VER v. 23). Pablo actúa claramente como otros que son ministros del memorial del Señor, situándose en la tradición de la Iglesia que recuerda vivamente los gestos y las palabras del Señor en la última cena (Ver vv. 23‐24).
  • Hagan esto en memoria mía (VER vv. 24ss). Pablo distingue claramente entre lo que él puede enseñar a la comunidad de los corintios, y lo que ya se cree, celebra y vive en toda la Iglesia: el cumplimiento del mandato del Señor de celebrar la Eucaristía.

Evangelio: Jesús, a quien Juan Bautista ha señalado como el “Cordero de Dios” realiza la Pascua definitiva, el paso definitivo de la muerte a la vida. En el famoso capítulo de San Juan que hoy se lee, Él convoca a una Cena que ya no corresponde totalmente a la pascua judía, sino que es el inicio de la nueva Pascua definitiva. Aún cuando en el relato de San Juan no se narra la institución de la Eucaristía como en los Evangelios Sinópticos, o más aún como lo hace la 2ª lectura en el relato más antiguo de esa institución (1 Co 11), el signo del lavatorio de los pies de los discípulos encierra profundamente el mismo significado: la vida que se entrega en sacrificio redentor. Tres momentos son notorios en la escena: cada uno de ellos tiene un profundo significado “eucarístico”:

  • El lavatorio (VER vv. 3‐5). Según se indica en el v. 1, es la manifestación de amor más grande del Maestro hacia sus discípulos. Pero ello ocurre cuando Él, el Cordero de Dios debe “pasar” de este mundo al Padre (v. 1), Por ello Cristo realiza el lavatorio de los pies como “servicio supremo”, como gesto de amor supremo simbolizado en el quitarse la túnica y servir como un esclavo.
  • El diálogo con Pedro (VER vv. 6‐11). La resistencia de Simón Pedro a dejarse lavar los pies interesa especialmente a los discípulos de Cristo. En un primer momento, Jesús no intenta explicarle a su discípulo un gesto tan sorprendente (“lo entenderás luego” en v. 7b), pero ante la segunda negativa de Pedro, Cristo señala la necesidad de tener parte con Él es decir, de participar en su Misterio Pascual (v. 8). Pedro acepta y pide un baño general, y Jesús declara que “ya hay una limpieza” en él y en otros discípulos: es la limpieza de la fe que crece en sus corazones.
  • El mandato nuevo de Cristo (VER vv 12‐15). Dicho mandamiento “nuevo” se refiere a la misma actitud amorosa del Señor. Recordando su condición de Señor y Maestro, Él instituye el mandamiento nuevo cuyo cumplimiento consiste en imitar al Señor en su amor (“como yo los he amado”).

Meditatio

  1. Este momento culminante del camino cuaresmal ¿nos encuentra reconciliados con Dios y con los hermanos en la cena de la caridad?
  2. ¿Cuál es nuestro servicio humilde y concreto ante el hermano, a imitación del Señor que nos dio el ejemplo del lavatorio de los pies?
  3. ¿Cómo hemos reaccionado hasta ahora ante el amor extremo que Dios nos muestra en la Pasión de su Hijo: correspondiendo con nuestra propia entrega al Señor y su voluntad?
  4. Los signos del Misterio Eucarístico ¿son concretos en nuestra vida de servicio, fe y caridad?

Oratio

¡Oh, mi Señor Jesús!

Déjame lavar tus sagrados pies;

te los has ensuciado desde que caminas por mi alma…

Contemplatio

Hoy me detengo a pensar en el don de la Eucaristía. ¿Cómo la vivo?

Actio

Me propongo a servir humildemente a mi hermano de alguna manera concreta.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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