Lectio Divina, 26 de marzo de 2017

Lectio Divina, 26 de marzo de 2017

Cuarto Domingo de Cuaresma

Ciclo A

Página Sagrada:

1Sam 16, 1b.6-7.10-13a * Salmo 22 * Ef 5, 8-14 *Jn 9, 1-41

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“Fue, se lavó y al regresar, ya veía”

Invocación Inicial

Ven Espíritu Santo, inspírame para poder entender lo que Dios me quiere decir el día de hoy con esta lectura. Te pido que ilumines mi entendimiento y muevas mi corazón para que esta cuaresma pueda presentarte frutos de conversión.

Texto

1 Al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». 3 «Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4 Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. 5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

6 Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, 7 diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.

8 Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: « ¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?». 9 Unos opinaban: «Es el mismo». «No, respondían otros, es uno que se le parece». Él decía: «Soy realmente yo». 10 Ellos le dijeron: « ¿Cómo se te han abierto los ojos?».

11 El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: «Ve a lavarte a Siloé». Yo fui, me lavé y vi». 12 Ellos le preguntaron: « ¿Dónde está?». El respondió: «No lo sé».

13 El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. 14 Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15 Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». 16 Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado». Otros replicaban: « ¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?». Y se produjo una división entre ellos.

17 Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?». El hombre respondió: «Es un profeta». 18 Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres 19 y les preguntaron: « ¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?».

20 Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, 21 pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta». 22 Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. 23 Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él».

24 Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». 25 «Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo». 26 Ellos le preguntaron: « ¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?».

27 Él les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?». 28 Ellos lo injuriaron y le dijeron: « ¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! 29 Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es este».

30 El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. 31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero si al que lo honra y cumple su voluntad. 32 Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. 33 Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada».

34 Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?». Y lo echaron.

35 Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: « ¿Crees en el Hijo del hombre?». 36 El respondió: « ¿Quién es, Señor, para que crea en él?». 37 Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando». 38 Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.

39 Después Jesús agregó: «He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven». 40 Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: « ¿Acaso también nosotros somos ciegos?».

41 Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: “Vemos”, su pecado permanece».

LECTIO

En el caminar de la Cuaresma, en este cuarto domingo, se abre para los discípulos y misioneros la oportunidad de crecer en el conocimiento y en la relación profunda con Aquel que nos ha elegido (1a. y 2a. lecturas) para hacer brillar en nuestros corazones la luz, como lo hizo al inicio del mundo al vencer  con su palabra creadora el poder del caos y la oscuridad (Gn 1,3). Por ello es necesario que pongamos nuestra atención en los siguientes aspectos del evangelio:

  1. A este relato del evangelio siempre se le ha considerado la viva imagen de la “transformación cristiana”: más allá del aspecto físico de la vista de la que aquel hombre carecía, se encuentra el simbolismo de la ceguera existencial, de la incapacidad de “ver” de los hombres sin Cristo. Por ello nosotros debemos hallar en la lectura de esta página una invitación, a ver de modo nuevo nuestra vida, el mundo y la historia, para que signifique “el paso de la oscuridad de los criterios del mundo a aquella luz que irradia la gloria de Dios en el rostro de Cristo”.
  2. El milagro ocurre durante la fiesta de las Tiendas: Jesús obró aquella curación-conversión cuando se recordaba el paso del pueblo por el desierto, y alrededor había dos símbolos muy importantes: a) el agua: Que era sacada de la piscina de Siloé y llevada por el sumo sacerdote hasta el altar del Templo. b) la luz: Que iluminaba mediante antorchas y lámparas la ciudad de Jerusalén y el Templo.
  3. El milagro y sus reacciones: La acción de Cristo viene a crear una doble reacción: el hombre que fue ciego cree y confiesa su fe (v. 38), mientras que los adversarios, que dicen “ver” son condenados como protagonistas de la oposición a Cristo: su condena será morir en su pecado, es decir, llegar a sufrir y experimentar en sí mismos las consecuencias de su cerrazón voluntaria.

MEDITATIO

  • ¿Nos resistimos quizás como los fariseos y judíos de aquel tiempo a admitir que en algo nos falta aún abrir los ojos? (nuestra constante necesidad de conversión)
  • Releyendo el entero capítulo 5 de la carta a los Efesios encontramos una serie de obras que no van con la vocación cristiana: ¿tendríamos que convertirnos aún de muchas de ellas? (grosería, necedad, impureza, deshonestidad, inconsciencia)
  • De esta misma lectura podemos preguntarnos: ¿Tenemos conciencia de nuestra vocación a caminar en la luz y dar el testimonio de las obras de la luz? (entre otras: bondad, verdad, justicia, paz, reconciliación, etc.)

ORATIO

Estábamos perdidos en la oscuridad, fruto de nuestros pecados y verdadero anticipo de la muerte… pero tú nos has dado la luz. ¡Oh Cristo, luz que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo!

Amén.

CONTEMPLATIO

La seguridad que debió de experimentar aquel ciego de nacimiento luego de su curación-conversión, está plasmada en el mensaje del Salmo 22, contemplemos este hecho mientras también nosotros repetimos: “aunque pase por valle tenebroso, no temo porque tú vas conmigo”.

ACCIÓN

  1. Examinar nuestra posible ceguera, y revisar en que afecta a nuestra relación con Dios, los hermanos y nosotros mismos.
  2. Testimoniar el punto de vista cristiano en los ambientes sociales donde prevalecen las sombras y reinan el pecado y la muerte.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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