Lectio Divina, 22 de enero de 2017

Lectio Divina, 22 de enero de 2017

Ciclo a “A”

Tercer Domingo Ordinario

Página Sagrada:

 Is 8, 23b-9,3 * Salmo 26 * 1Co 1, 10-13.17 * Mt 4, 12-23.

 

fishers

Síganme, y yo los haré pescadores de hombres

 

 

Invocación inicial

En la oscuridad de una noche sin estrellas, la noche vacía de sentido tú, Verbo de la Vida, como relámpago en la tempestad del olvido, has entrado en el límite de la duda, al abrigo de los confines de la precariedad, para esconder la luz. Palabras hechas de silencio y de cotidianidad tus palabras humanas, precursoras de los secretos del Altísimo: como anzuelos lanzados en las aguas de la muerte para encontrar al hombre, sumergido en su ansiosa locura, y retenerlo preso, por el atrayente resplandor del perdón. A Ti, Océano de Paz y sombra de la eterna Gloria, te doy gracias: Mar en calma para mi orilla que espera la ola, ¡que yo te busque! Y la amistad de los hermanos me proteja cuando la tarde descienda sobre mi deseo de ti.

Amén.

 

Texto

 

12 Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. 13 Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, 14 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: 15 “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! 16 El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.”

17 A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».

18 Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. 19 Entonces les dijo:  «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».

20 Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

21 Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca de Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.

22 Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

23 Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.

Lectio

La página sagrada en este domingo, insiste en el tema de la “luz”. Cristo es luz del mundo, pero también viene a inaugurar un drama: el de la lucha con las tinieblas que no la reciben, pero que tampoco pueden vencerla. Quien quiera tener la vida está invitado a fijar sus ojos en esta luz radiante y a dejarse invadir y transformar, por ella. La propuesta concreta para el camino de los discípulos misioneros es pues, la de profundizar en la palabra de Cristo que salva, renueva, libera y “consuela” al ser humano en medio del caudal de tiniebla y de pecado.

  1. El AT no pudo contemplar lo que en Cristo es privilegio de los protagonistas de la Nueva Alianza. En Cafarnaúm, junto al lago de Tiberíades, se inicia en modo humilde y hasta cierto punto escondido una nueva etapa de la historia: en la “Galilea de los gentiles”, Dios sabrá sacarse un pueblo que formará el Nuevo Israel.
  2. La urgencia de la llamada a la conversión: Jesús, portador de la luz de la salvación invita a asociarse a él con el lenguaje de los profetas del AT: no es posible entrar a poseer la vida y la luz sin una previa opción por el Reino de Dios.
  3. La vocación de los primeros discípulos: Pedro y Andrés, y luego Santiago y Juan son convocados para contemplar y luego tomar parte activa en una misión maravillosa: el pescar hombres se entiende como él sacarlos del universo de las tinieblas y del caos del pecado que a su vez esta simbolizado bíblicamente en el mar que un día desaparecerá en la nueva creación.
  4. El Reino de la luz comienza a extenderse: en el paso de Cristo que da cumplimiento a la palabra hasta ahora escuchada como promesa (predicación en las sinagogas y de la buena nueva) y que hace presente los signos de la liberación y de la salud que vienen de Dios (curación de males y toda suerte de enfermedad).

Meditatio

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz (1ª. Lectura). El texto nos habla de una luz llena de esperanza en contraste con la humillación que se ha vivido en el pasado. La experiencia del pueblo de Israel está colmada de humillaciones pero el profeta les invita a ver con esperanza su futuro. Dos imágenes acompañan ese mensaje de esperanza, la luz y la alegría. La oscuridad nos confunde, nos atemoriza, mata en nosotros la esperanza de un futuro mejor; pero también son estos momentos de oscuridad los que nos hacen abrir más los ojos y buscar con más insistencia y fuerza la luz. Hay momentos en nuestra vida que son dolorosos y complejos y muchos de ellos no podemos evitarlos, pero si podemos decidir cómo los queremos enfrentar. La experiencia de fe es una experiencia también de esperanza, porque nos permite conocer el verdadero rostro de Dios; un Dios amoroso y compasivo que restaura nuestras fuerzas y rompe nuestros pesados yugos, que nos permite encontrar la fuerza para levantarnos y hacer frente a todo aquello que nos arrebata la alegría. La alegría no es la ausencia de dificultades, sino el gozo que es fruto de las batallas ganadas, teniendo el amor de Dios como fuerza de vida.

Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos (Evangelio). San Mateo hace referencia al profeta Isaías, para reafirmar que en Jesús se cumplen las escrituras. Él es la luz que viene alumbrar, nos sólo al pueblo de Israel, sino a todos los hombres, superando un nacionalismo que pretendía reducir los beneficios de Dios a unos cuantos y abriéndolos a todos los pueblos. Comienza la predicación de Jesús haciendo un llamado a la conversión, que no se reduce a un simple cambio de actitudes externas, sino de una profunda adaptación de nuestra vida a la voluntad de Dios. Es importante observar que esta conversión es exigida por la llegada del Reino de Dios, no se trata por lo tanto, de un mero remiendo, un simple maquillaje, sino de un cambio profundo que nos haga disponibles a lo que Dios quiere. Esto se hace aún más evidente con el llamado de los primeros discípulos, Pedro, Andrés, Santiago y Juan, a quienes llama a seguirlo y convertirse en Pescadores de hombres. Convertirse significa por lo tanto aceptar el proyecto que Dios tiene para nuestra vida, hacernos disponibles para que su voluntad se cumpla no sólo en nuestra vida, sino en la de muchos que el Señor ponga al alcance de la red. Siempre llama la atención que los primeros discípulos son hermanos y además, los encuentra trabajando; el seguimiento de Cristo nos exige conversión, fraternidad y un fuerte espíritu de servicio. ¡Cuántos proyectos apostólicos se vienen abajo porque estas cualidades se descuidan o no existen!

Que no haya divisiones entre ustedes (2ª. Lectura). San Pablo exhorta a la comunidad a vivir en concordia, sin divisiones, perfectamente unidos en un mismo sentir y un mismo pensar (v.10). Parece ser que en la comunidad han surgido varios grupos religiosos que compiten en importancia, Pablo les hace ver que Cristo es el único que congrega, en cuanto que sólo Él ha dado la vida por nosotros (v.11). La unidad es una característica esencial de la Iglesia, que no es lo mismo que uniformidad, es el mismo Pablo que nos habla de la Iglesia como un cuerpo diverso que tiene una cabeza, que es Cristo (cf. 1 Cor 12, 27 ss.) por lo que la Iglesia no es un grupo de personas que se esfuerzan en un mismo trabajo, sino un grupo de discípulos que han recibido un mismo Espíritu. La concordia es tener un mismo corazón, aunque tengamos diferentes formas de pensar, debemos buscar siempre la unidad. La mejor predicación no es la que está hecha de palabras y contenidos, sino de amor y servicio, las palabras convencen, pero el testimonio arrastra. La unidad convence hasta los más incrédulos, la división desanima hasta los más fervorosos.

  • ¿Nos detenemos a contemplar con ojos de fe, el avance del reino de la luz del Evangelio en nuestro ambiente? (el compromiso solidario, la lucha por la justicia, por la verdad y por la vida)
  • ¿Hay algo en nuestra vida personal o comunitaria que deba ser fuertemente confrontado con la luz? ¿O hemos aprendido a convivir con nuestras propias sombras, acostumbrándonos a gustar de la tiniebla?
  • ¿Consideramos que, como los primeros discípulos, también nosotros ahora, tenemos una vocación para llevar al mundo la obra de la luz?

Oratio

Te damos gracias, Padre, porque nos has llamado de las tinieblas al resplandor de tu luz. Ahora, oh Padre, con la luz de la pascua disuelve las sombras de la tristeza y la angustia y otórganos la fuerza para continuar el camino en la construcción del Reino.

Contemplatio

El Salmo 26 es una confesión de fe proclamada en aquellas circunstancias terribles de los orantes del Antiguo Testamento pero también de los tiempos de la Iglesia: atribulados por las sombras del mal que hacen temblar y temer. Esa confesión contiene sin embargo, el propósito de vivir una vida justa.

Actio

  1. Prolongar mediante la vida cotidiana el mensaje de la Buena Nueva del Reino al mundo, especialmente allá donde reinan la desesperación y la angustia.
  2. Actuar concretamente la conversión a la que urge Cristo, ya que como discípulos misioneros estamos llamados a continuar la obra que ha comenzado en él mismo.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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