Lectio Divina, 27 de Noviembre de 2016

Lectio Divina, 27 de Noviembre de 2016

Primer Domingo de Adviento

Ciclo A

A416

Prepararnos a fondo para la Venida del Señor

Página Sagrada:

Is 2, 1-5 * Salmo 121 * Rm 13, 11-14 * Mt 24, 37-44

Invocación inicial

¡Oh Espíritu Santo!, alma de mi alma, te adoro; ilumíname, guíame, fortifícame, consuélame, dime que debo hacer, ordéname.

Concédeme someterme a todo lo que quieras de mí, y aceptar todo lo que permitas que me suceda. Hazme solamente conocer y cumplir tu voluntad.

Texto

37 Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé.

38 En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; 39 y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.

40 De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. 41 De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.

42 Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. 43 Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.

44 Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

Lectura

Para los discípulos y misioneros el mensaje bíblico y la enseñanza de la Iglesia nos dicen que la segunda venida del Señor no será un momento terrible, el “fin del mundo” sino el encuentro definitivo con Cristo a quien esperamos alegres y confiados. Y sin embargo, también será el momento para evaluar a fondo el camino cristiano que vivimos al presente. Ese es el tema del Evangelio según San Mateo escuchado en este domingo:

a. En la espera del Señor no podemos vivir “inconscientemente” como ocurrió a las gentes del tiempo de Noé: mientras él se preparaba al futuro que Dios le había anunciado, las gentes llevaban una vida sin cuidado de sí mismos y de su conducta reprobable a lo ojos de Dios (Ver Gn 6, 1: la maldad de los hombres cubría la tierra y sus pensamientos eran puro mal continuo).

b. La venida del Señor será una “separación” definitiva, una escogencia final de quienes van tener parte en su Reino: como en el caso los jornaleros y las mujeres que muelen, nadie sabe cuál será su destino. Hay que tratar de vivir como quien espera tener el destino de los llamados a la vida eterna.

c. Tampoco el momento o la fecha de su venida es conocida: importa estar preparados como ante un ladrón que viene de noche, para no ser sorprendidos sino encontrados vigilantes y preparados.

Meditación

El tiempo litúrgico del Adviento, que hoy comenzamos, es una llamada apremiante a la renovación espiritual de nuestra vida para celebrar la primera venida del Señor. Pero, a la vez, las lecturas bíblicas de este tiempo nos invitan a estar preparados para la segunda y definitiva venida de Jesucristo con poder y gloria al final de los tiempos, viviendo intensamente sus constantes venidas a nosotros en cada instante de la vida, especialmente en la palabra y en los sacramentos.

La voz de Isaías resuena como una invitación universal. En un mundo como el nuestro, profundamente dividido por el egoísmo, la envidia, ideologías, intereses particulares, etc. Anuncia con fuerza una solemne invitación: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob”. ¿Por qué y para qué? Para que el Señor construya entre todos los pueblos una fraternidad universal. El profeta afirma que frente a las “cimas” de los poderosos, que se van levantando y cayendo una tras otra, “al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre

las montañas”. La única roca sólida, el verdadero cimiento de la historia, es la presencia de Dios en medio de su pueblo. Y esa presencia alcanza su plenitud en la venida de Cristo. Por ello San Pablo, en la Carta a los Romanos nos recuerda que debemos despertar de nuestro adormecimiento cristiano y pasar de la noche al día. En decir, vivir el bautismo “Revistiéndonos del Señor Jesucristo” que es la roca firme en quien se sostiene la historia nuestra.

En el evangelio, Jesús conversando con sus apóstoles, les anuncia la destrucción del templo de Jerusalén como un signo de la proximidad de los últimos tiempos. Ante esta afirmación, los apóstoles se muestran sorprendidos y le formulan tres preguntas: ¿Cuándo sucederá esto? ¿Cuál será la señal de tu venida? ¿Cuál será la señal del fin del mundo? Ante lo cual Jesús les dice que nadie sabe el día ni la hora del fin del mundo, pero que llegará. Dios puede venir en cualquier momento.

Ante la venida del Señor, el ser humano puede adoptar distintas actitudes. En tiempos de Noé, muchos vivían sin tener en cuenta a Dios y estaban despreocupados de la catástrofe que se avecinaba con el diluvio. La misma actitud se reproduce en tiempos de Jesús. Algunos estaban tan preocupados y concentrados en los negocios de este mundo, en el comer, beber, tomar mujer o marido, olvidando que Dios estaba en medio de ellos. Una situación similar se repite en nuestros días. Bastantes bautizados viven dormidos. Prefieren no pensar y seguir el ritmo que marca la sociedad. No creen ni esperan la venida del Señor ni pueden acoger su salvación porque viven obsesionados por la búsqueda del bienestar material, del placer y del poder. Otros bautizados viven una vida religiosa marcada por la superficialidad, la rutina y la distracción. Como consecuencia de ello resulta imposible esperar la venida del Señor.

Oración

Señor, concédenos prepararnos a tu encuentro con un corazón limpio y una fe siempre dispuesta a hacer el bien a nuestros hermanos.

Contemplación

Contemplando nuestra realidad, tendríamos que preguntarnos: “¿Cómo nos encontramos nosotros? ¿Qué hacer para que la venida del Señor no nos sorprenda despreocupados y distraídos?

La actitud prudente y sabia, como nos recuerda Jesús, es la de vigilar y velar. Por ello, el profeta y el apóstol nos invitan a despertar del sueño, a tomar en serio el momento concreto de nuestra existencia y actuar con lucidez superando la rutina.

Un cristiano no puede olvidar nunca que lo que da valor y sentido a toda la existencia es la meta final, “la salvación que está próxima a revelarse en los últimos tiempos”. Ésa, dirá el apóstol Pedro, es “la herencia que no se corrompe y que está reservada para nosotros en el cielo”. Caminemos, pues, a la luz del Señor.

Acción

  1. Examinar nuestra vida y nuestras relaciones para con Dios, los hermanos y nosotros mismos.
  2. Programar nuestra mayor cercanía al Señor en este Adviento que comienza mediante la escucha de su palabra y la reconciliación sacramental.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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