Lectio Divina, 20 de Noviembre de 2016

Lectio Divina,  20 de Noviembre de 2016

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

Página Sagrada:

2Sam 5, 1‐3/ Salmo 121/Col 1, 12‐20/Lc 23, 35‐43

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Acuérdate de mí en tu Reino

INVOCACIÓN INICIAL

 

Bendito seas, Padre, porque constituiste a Cristo resucitado

como Señor y Rey de la creación, como juez de vivos y muertos.

Tú eres el Dios santo, tú eres la luz, amor, ternura y misericordia;

y nosotros somos tiniebla, egoísmo, dureza, frialdad y violencia.

No obstante, tú nos quieres a todos tus hijos tal como somos,

Pero nos mandas amarnos unos a otros como Cristo nos amó.

Nos cuesta mucho, Señor, ver a Jesús en los pobres,

en los marginados, en los rudos, antipáticos y maleducados.

Haznos ver en ellos la cara oculta del Cristo sufriente.

Enciende nuestros corazones con el fuego de tu palabra

y danos tu espíritu de amor que nos transforme por completo

para que, amando a todos, aprobemos tu examen final.

TEXTO

35 El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!». 36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, 37 le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!».

38 Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos». 39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». 40 Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? 41 Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo». 42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».

43 El le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».

LECTURA

Al final de todo el año litúrgico, la comunidad de los discípulos y testigos del Señor contempla a través de la lectio divina  la imagen de un universo renovado por la obra poderosa de Aquel cuya potencia y reinado son tan diferentes a los de este mundo (cfr. Jn. 18, 37). En efecto, en el ciclo C y bajo la perspectiva dominante del Evangelio de Lucas, Jesucristo aparece como el protagonista del encuentro entre el hombre alejado de Dios por el pecado, y la misericordia y perdón que pueden poderosamente transformar su historia de  condena en historia de reconciliación y de paz (Evangelio). En Cristo se cumple la figura de David quien en su tiempo también obró la reconciliación fraterna de un pueblo profundamente dividido (primera lectura del Segundo Libro de Samuel). En Él, en fin, en el momento culminante de otra jornada anual, la comunidad puede contemplar a Aquel que ha liberado de toda dominación opresiva de lo humano, y la ha introducido en el conocimiento y gracia único Señor,  de quien el mismo Jesucristo es imagen visible y confiable de Dios y cabeza de la Iglesia de sus discípulos y testigos (segunda lectura de la Carta a los Colosenses).

Acuérdate de mí en tu Reino

También el Evangelio de San Lucas presenta hoy una de sus páginas más dramáticas y reveladoras. Se trata de un momento central en el relato de la Pasión,  los hechos sucedidos cuando Jesús ya estaba crucificado.

Inmediatamente se advierten contrastes y enseñanzas. Los contrastes vienen dados por las diferentes actitudes humanas ante el misterio de la cruz.  Tanto el pueblo que “ve”, como los jefes que “insultan” y hasta los soldados que “desafían el poder de rey de Jesús para bajar del tormento” forman parte de toda la humanidad que a través de los siglos no es capaz de reconocer la potencia de la cruz: la capacidad de acercarse a todo dolor humano para redimirlo (VER vv. 35‐37).  De modo contrario, uno de los condenados, el famoso “buen ladrón”, sí está en capacidad de penetrar el misterio del que lo acompaña en el sufrimiento, y sobre quien se ha colocado “por burla” un letrero que lo define como lo que en realidad es: “Él rey de los judíos” (VER v. 39b‐40).

De dichos contrastes, surgen puntos claros respecto de la forma en que Cristo es rey. Su potencia no estás en las armas o el triunfo violento sobre otros, a través de todo el Evangelio de San Lucas ha quedado claro que Él es la presencia misma de la misericordia y de la paz (cfr. Lc 2,14). Su poder entonces,  proviene de su cercanía al pecador, su hacerse en todo semejante a los hombres, menos en el pecado (Heb. 5, 1ss). Semejanza que incluye tomar parte en la situación de sufrimiento y dolor humano. Mientras los reyes y gobernantes de la tierra aparecían como más alejados del sufrimiento de los humildes, Cristo ejerce su reinado sanando desde dentro dichas dolencias, actuando la “com‐pasión” (=sufrir con…) (VER vv. 40‐53). Es esa fuerza, esa potencia del amor que redime lo que fundamenta su reinado, y su efecto es lograr sin tardanza (“hoy estarás conmigo… “) la redención de los condenados que antes parecía imposible, ‐como era el caso de aquel hombre moribundo‐ para introducirlos también a ellos en la familia de los hijos de Dios (VER v. 43)

MEDITACIÓN

Tras haber vivido toda la jornada anual como agente del reino de Cristo en el mundo, la comunidad de los discípulos y testigos reflexiona:

  1. ¿Hemos sido en verdad coherentes con nuestra vocación, la de ser instrumentos de su Reino de paz, justicia, solidaridad, misericordia, amor? ¿O hemos distraído nuestra identidad cristiana en una actitud de pasividad y poco compromiso?
  2. ¿Hasta dónde, como seguidores suyos, le hemos imitado en su cercanía a lo pobre, pequeño, condenado y olvidado por las potencias de la tierra?
  3. ¿Testimónianos en nuestra “vida interna de comunidad de fe” la capacidad de perdón, de reencuentro que definen la potencia de la cruz, desde la que reina Cristo?

ORACIÓN

Escuchada y meditada la Palabra de Dios, en esta solemnidad de Cristo Rey, nos dirigimos al Padre pidiéndole:

  • Enséñanos a mirar al crucificado para decirnos a nosotros mismos: “reinó Dios en un madero”, (el madero de la cruz).
  • Permítenos acercarnos con la humildad de Jesús a la celebración de esta solemnidad. No queramos enmendar la plana al Señor, haciéndolo un rey como los reyes de la tierra.

CONTEMPLACIÓN

Señor, eres el rey de mi vida.

ACCIÓN

Al terminar este Año de la Misericordia, me propongo vivirla y hacerla parte de mi vida de ahora en adelante.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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