Lectio Divina, 14 de Agosto de 2016

Lectio Divina, 14 de Agosto de 2016

Vigésimo Domingo Ordinario

Página Sagrada:

Jer 38, 4‐10/ Salmo 39/Heb 12, 1‐4/ Lc 12, 49‐53

 

Espada

Tengo que sufrir un bautismo, y estoy angustiado hasta que llegue

TEXTO

49 Vine a traer fuego a la tierra, y, ¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo!

50 Tengo que pasar por un bautismo, y, ¡qué angustia siento hasta que esto se haya cumplido!

51 ¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No he venido a traer la paz sino la división.

52 En adelante en una familia de cinco habrá división: tres contra dos, dos contra tres. 53 Se opondrán padre a hijo e hijo a padre, madre a hija e hija a madre, suegra a nuera y nuera a suegra.

LECTURA

Como parte de las enseñanzas sobre el discipulado de Cristo que en el Evangelio de San Lucas inician desde el capítulo 9o, la lectio divina medita hoy un tema básico y continuo: la fe puesta a prueba que debe perseverar fiel a Jesús. Así, el lenguaje del Maestro se impregna hoy de cierta rudeza hacia aquellos discípulos que no son capaces de percibir las dimensiones de la exigencia de su seguimiento: Él ha debido entregarse a sí mismo ‐incluso hasta la muerte‐ por ser fiel al proyecto del Padre (Evangelio). Como modelo del hasta dónde puede llegar la exigencia y la adversidad en el camino del seguimiento, aparece ya la figura del profeta Jeremías, quien experimentó una especie de muerte‐resurrección en consecuencia de su ministerio profético (primera lectura de Jeremías) La lectura continua de la Carta a los Hebreos replantea el tema de la fe y esperanza del camino cristiano exhortando a poner los ojos en el modelo de toda perseverancia: Cristo.

Tengo que sufrir un bautismo, y estoy angustiado hasta que llegue: Profeta fiel y cumplimiento de toda la profecía antigua, Jesús de Nazaret es hoy modelo de la decisión total a la voluntad del Padre. En sus palabras se escucha una mezcla de confesión de angustia y dolor, al mismo tiempo que se advierte que él no se volverá atrás, sino que llevará a término la misión que le ha sido encomendada. Cuatro momentos se registran en las palabras del Cristo:

  1. En el v. 49 se hace gráfico el resultado de la misión de Jesús en el mundo: se trata del fuego del juicio y purificación de los que hablaron profetas como Malaquías, por ejemplo, y que viene a identificar a Jesús con el mismo Dios que llega para proponer al hombre un camino que le urgirá a la entrega y purificación de sí mismo. Ese fuego sin embargo, estará destinado a hacer arder el amor en el corazón de los discípulos de Jesús… el amor que los llevará a no poder dejar su camino y a sentirlo presente en la historia de la Iglesia.
  2. En el v. 50 Jesús, como un nuevo Jeremías que “será lanzado al abismo de la muerte” se refiere ahora a su Pasión: ella será como un sumergirse hasta las últimas consecuencias en el cumplimiento del plan de Dios.
  3. En los vv. 51‐52 el Maestro, se dirige ahora a sus discípulos para hacerles ver “hasta donde” deberán perseverar en su discipulado: Destaca acá la situación nueva de conflicto incluso familiar que no es necesaria, pero sí muy posible en la relación con Cristo (VER vv. 51‐52): sin duda, se trata de una escena de “división familiar” que se vivió en muchos casos, cuando el cumplimiento con Jesús llegó a oponer los vínculos de la carne y de la sangre, tal y como le ocurrió a Él con sus parientes (VER Mc. 3, 20‐21).
  4. Finalmente, en los vv. 54‐56 se exige desenmascarar la superficialidad en el seguimiento del Señor: quien sabe distinguir los signos de los tiempos (de las cosas naturales en este caso), deberá hacerse igualmente experto en conocer los signos de la voluntad divina, dejando que el Espíritu lleve a cada uno y la comunidad a enfrentar situaciones ineludibles si de veras se quiere seguir al Señor. El duro apelativo de hipocresía (VER v. 56) obedece a que sin duda siempre habrá quienes finjan no reconocer lo que Dios está pidiendo cada día.

MEDITACIÓN

Corriendo los riesgos constantes del acomodamiento y la superficialización, la comunidad discipular ahora se interroga en cada uno de sus miembros:

a. ¿Cultivamos la fortaleza en el seguimiento de nuestras vocaciones cristianas (matrimonial, a la evangelización, al apoyo de los otros)? ¿O dejamos que vaya surgiendo, a veces, débilmente, nuestro testimonio ante el mundo?

b. Esta Palabra, actuando hoy como “espada de dos filos” ¿nos mueve a desenmascarar nuestra tendencia a hacer más suave y menos real nuestra vida cristiana? ¿En qué campos ya no manifestamos lo que creemos (económico, moral personal, responsabilidad social)?

c. Ante las diversas situaciones que se presentan como resultado de nuestro querer ser de Cristo (pérdida de simpatías, amistades, influencias) ¿cultivamos la perseverancia en lo que hemos optado?

d. ¿Podríamos decir que en algún momento hemos sufrido la muerte‐resurrección a causa del Evangelio y del poner en práctica la fe, allí donde no se espera que testimoniemos (sociedad, familia, trabajo, estudio)?

ORACIÓN

Señor, tú que escudriñas mi corazón y conviertes mis temores en senderos de una nueva creación, como un don, entra en mis angustias. Allí donde desaparece mi esperanza y me devora el temblor, allí donde cada chispa de gracia remueve mis seguridades y hace de mí un cúmulo de cenizas, enciende allí de nuevo el fuego del amor. ¡Dame una mirada capaz de penetrar la realidad y de aferrar tu mirada que me espera más allá del velo de las apariencias! No permitas que se aparte de mí el deseo de comunión. E, incluso, allí donde a causa de tu nombre encontrara oposición, resistencia, aversión, ¡haz que yo pueda entrar en la angustia de la división para mantener viva la llama del encuentro contigo!

CONTEMPLACIÓN

Jesús…¿que cosas tengo que vencer para seguirte?

ACCIÓN

Esta semana me decido a elegir una virtud para desarrollar que me permitirá alcanzar la santidad.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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