Lectio Divina, 24 de Julio de 2016

Lectio Divina, 24 de Julio de 2016

Décimo Séptimo Domingo Ordinario

Ciclo C

Página Sagrada:

Gen 18, 20‐21.23‐32/Salmo 137/ Col 2, 12‐14/Lc 11, 1‐13

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Pidan y se les dará, busquen y encontraran

Invocación inicial

Padre de toda misericordia, en nombre de Cristo tu Hijo, te pedimos,

¡Envíanos el Don, Infunde en nosotros el Espíritu!

Espíritu Paráclito, enséñanos a orar en la verdad permaneciendo en el nuevo Templo que es Cristo.

Espíritu fiel al Padre y a nosotros, como la paloma en su nido, invoca en nosotros incesantemente al Padre,

porque no sabemos rezar. 

Espíritu de Cristo, primer Don para nosotros los creyentes, ruega en nosotros sin descanso al Padre, como nos ha enseñado el Hijo.

Amén

TEXTO

1 Una vez estaba en un lugar orando.

Cuando terminó, uno de los discípulos le pidió:

Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos.

2 Jesús les contestó:

Cuando oren, digan:

Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; 3 el pan nuestro de cada día danos hoy; 4 perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación.

5 Y les añadió:

Supongamos que uno tiene un amigo que acude a él a media noche y le pide: Amigo, préstame tres panes, 6 que ha llegado de viaje un amigo mío y no tengo qué ofrecerle. 7 El otro desde dentro le responde: No me vengas con molestias; estamos acostados yo y mis niños; no puedo levantarme a dártelo. 8 Les digo que, si no se levanta a dárselo por amistad, se levantará a darle cuanto necesita para que deje de molestarlo.

9 Y yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, 10 porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre.

11 ¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? O, si le pide pescado, ¿le dará en vez de pescado una culebra? 12 O, si pide un huevo, ¿le dará un escorpión? 13 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!

LECTURA

Una amplia enseñanza sobre la oración es propuesta hoy a la comunidad discipular a través de la página sagrada. Los cristianos tienen hoy a su alcance para meditar e imitar aquella oración insistente porque confiada, de Abraham, modelo de fe (primera lectura del Génesis), pero sobre todo tienen a su alcance las enseñanzas del Maestro de oración, Jesús de Nazaret: es Él quien revela las más íntimas actitudes de amor y confianza que le son propias a la oración hecha en su nombre (Evangelio). La carta a los Colosenses insistirá por su parte, en presentar a los creyentes el cuadro vivo del crucificado, quien pagó por nuestros pecados y ha hecho posible de esta manera, que nuestra oración pueda llegar hasta lo más alto de los cielos.

Pidan y se les dará, busquen y encontraran: El Evangelio concentra una fuerte enseñanza sobre la oración, a partir de Aquel que es para sus discípulos modelo de una oración constante: Jesús, de quien se dice ante todo que “estaba orando” cuando tiene lugar el diálogo que se recoge en la escena (VER v. 1a). Interesa notar que son los discípulos quienes quieren ser enseñados (VER v. l b): aquello que logren que se les comunique será por ello escuela de oración para los discípulos de todos los tiempos. Los grandes elementos del texto son:

1º) El Padrenuestro: el centro de la enseñanza de Jesús y forma novedosa de dirigirse a Dios (VER vv. 2‐4): En su lengua original el texto narra que Jesús propone a los discípulos llamar a Dios Abbá, traducible como “querido papá”: una forma de relación que surge al descubrir en Él un ser cercano, dispuesto a escuchar inmediatamente, sin hacer esperar; en una relación de amor y de vida: la misma relación que ha tenido el Padre con el Hijo (VER v. 2b). Se trata, al orar el Padrenuestro, de imitar a Jesús en su confianza pero también en su obediencia hacia el Padre. En este sentido, aquel paso de la “oración distante” al “diálogo confiado y optimista” ‐como Abraham en la 1a. lectura‐ no es otro que el paso a “ser y actuar como verdaderos hijos de Dios, del Padre bueno del cielo que vela por todos los que ha creado” (vv. 3‐4).

2ª) La enseñanza sobre la fe y la confianza: En una serie de pequeñas parábolas Jesús expone a continuación el espíritu que deberá acompañar a los que se dirigen a Dios como a un Padre: Así, la visita del amigo inoportuno (VER vv. 5‐8) es la más extensa, y es a la vez una imagen muy sencilla tomada de episodios comunes de la vida en aquel entonces. Destaca acá que el temor del propietario de la casa es superado por la insistencia del amigo, pero también por la confianza con que insiste y que le lleva a conseguir lo que desea. Las comparaciones ‐más que parábolas‐ con las peticiones de los hijos (peces–huevos) (VER vv. 9‐12) son una imagen viva también de la actitud de Dios que no desoirá a los que le piden con fe ser escuchados: porque Él es mejor que nosotros, se afirma al final. Por ello otorgará precisamente a aquellos que no debería de faltar en la petición cristiana y que iluminaría todas las demás peticiones: él don del Espíritu Santo (VER v. 13).

MEDITACIÓN

La comunidad discipular debe de plantearse hoy las diversas modalidades y actitudes que su oración personal y grupal comporta:

a. ¿Ocupa el hacer oración un tiempo importante y suficiente en nuestra jornada cristiana? ¿O hemos convertido él orar en el último recurso y actividad de cada día?

b. ¿Cuántas actividades realmente importantes y decisivas de nuestra vida tienen su motor en nuestra relación con Dios?

c. Nuestra oración ¿es sincera, confiada, insistente? ¿O prevalecen en ella el temor y el sentido de conveniencia?

d. Nuestra piedad personal o de grupo ¿tiene, como en el caso de Abraham en cuenta a los demás? ¿O hemos pasado a ser parte del mundo que cierra todo espacio para la solidaridad y sensibilidad ante los sufrimientos de tantos?

e. Sobre todo: ¿la oración nos lleva a amar y realizar la voluntad de Dios, al que llamamos Padre Nuestro? ¿Somos en esto imitadores de Jesús cuando oraba?

ORACIÓN

Padre bueno y santo, tu amor nos hace hermanos y nos anima a reunirnos todos en tu santa Iglesia para celebrar con la vida el misterio de comunión. Tú nos llama a compartir el único pan vivo y eterno que se nos ha dado del cielo: ayúdanos a saber compartir también en la caridad de Cristo el pan terreno, para que se sacie toda hambre del cuerpo y del espíritu. Amén.

CONTEMPLACIÓN

  • Como los discípulos, también nosotros nos reunimos en torno a Jesús que ora en solitario. Recojamos en torno a Él y en Él, todas nuestras energías, cualquier pensamiento, toda ocupación o preocupación, las esperanzas, los dolores…
  • Hoy somos nosotros aquellos discípulos que ven rezar al maestro y se dejan fascinar de su oración, que evidentemente es muy especial.
  • Hoy sus palabras son para nosotros, su invitación a fiarse del amor del Padre, se dirige a nosotros, presos muchas veces de nuestras cosas, muchas veces envuelto en la búsqueda del “todo y pronto”, encadenados de miles de cosas, que luego (pero sólo “luego” cuando un acontecimiento nos hiere) descubrimos que verdaderamente son superfluas…

ACCIÓN

Hoy nos toca ponerle voz a la oración del Maestro: Padre, sea santificado tu Nombre…

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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