Lectio Divina, 10 de Julio de 2016

Lectio Divina, 10 de Julio de 2016

Décimo Quinto Domingo Ordinario

Ciclo C

Página Sagrada:

Dt. 30, 10‐14/Sal. 68/Col. 1, 15‐20/Lc 10, 25‐37

icon-good-samaritan-stisaacVete y haz tú lo mismo

INVOCACIÓN INICIAL

Señor Dios, tú estás presente y yo estoy en ti:

Dame la sabiduría para conocer tu espíritu.

Señor Dios, tú estás presente y yo estoy en ti:

Concédeme el don del espíritu de mi Maestro Cristo Jesús.

Señor Dios, tú estás presente y yo estoy en ti:

Guíame en todos mis caminos con tu luz.

Señor Dios, tú estás presente y yo estoy en ti:

enséñame a hacer siempre tu voluntad.

Señor Dios, tú estás presente y yo estoy en ti:

no permitas que me aleje de tu Espíritu de amor.

Señor Dios, tú estás presente y yo estoy en ti:

No me dejes cuando me abandonen mis fuerzas.

TEXTO

Lc 10, 25‐37

25 En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó:

Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?

26 Jesús le contestó:

¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees?

27 Respondió:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo.

28 Entonces le dijo:

Has respondido correctamente: obra así y vivirás.

29 Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:

¿Y quién es mi prójimo?

30 Jesús le contestó:

Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos asaltantes que lo desnudaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. 31 Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. 32 Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. 33 Un samaritano que iba de camino llegó adonde estaba, lo vio y se compadeció. 34 Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó. 35 Al día siguiente sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta.

36 ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes?

37 Contestó:

El que lo trató con misericordia.

Y Jesús le dijo:

Ve y haz tú lo mismo

LECTURA

La lectio divina descubre en la página sagrada de este domingo la continuación de la instrucción a la comunidad discipular sobre las características que debe de tener su caminar en pos de Cristo. Ese caminar se hace concreto en el cumplimiento de los preceptos del Señor. Pero, siendo así que muchos pueden preguntarse en qué consiste lo central de dichos preceptos, y mientras que otros pueden engañarse pensando que cumplen la totalidad de la voluntad de Dios cuando más bien les falta lo más importante, hoy la página sagrada va mostrando que es el mandamiento del amor antes que cualquier otro, aquel que encierra lo más importante, lo que debe practicarse y no sólo saberse (Evangelio). Los preceptos del Señor siempre han sido un ejercicio de libertad y voluntad centradas en el amor: ello es lo que Dios ha pedido siempre al hombre a través de su Ley (primera lectura del Deuteronomio). Solamente en Cristo se tiene la imagen más clara de Dios que manda amar, tal y como sólo en Cristo Buen Samaritano, se descubren las dimensiones del amor agrada a Dios.

Vete y haz tú lo mismo: En el famoso relato del Evangelio, Jesús actúa como Maestro que instruye y Señor que ordena: él muestra al doctor de la ley cual es el modo de complacer a Dios y “tener vida”, y al mismo tiempo, lo pone en el camino de la salvación “ordenándole” y no sólo indicándole “ir y poner en práctica” la ley de Dios: la ley de amor hacia el prójimo. Detalles notables deben descubrirse en la escena y en la parábola del “buen samaritano”.

Hay un contexto en que Jesús cuenta la famosa parábola: Él está siendo interrogado por un “doctor o experto de la Ley” que al final será tratado más bien como un alumno que no sabía, pues delante de Jesús Maestro todo conocimiento (del doctor, por ejemplo que “sabía la Ley”) las preguntas humanas se quedan cortas (VER vv. 25‐29).

De hecho, ahora van a ocurrir dos historias: la de ese doctor de la ley que “sabía sin cumplir, sin hacerse prójimo” y la historia de la parábola. Al final, ambas historias tendrán una solución: el hombre mal herido del camino será salvado por el “buen samaritano” y el doctor de la Ley hallará también el camino de la salvación cuando tenga claro que “esa Ley se cumple con el hermano”.

En sí misma, la parábola tiene una serie de elementos notables: Los personajes: son seleccionados por el mismo Jesús: Están ante todo los levitas y sacerdotes que hacen parte del culto muerto, alejado de la vida del que ya se lamentaban los profetas (VER Am 5; Is. 7; Jer 7; etc.) (VER acá vv. 31‐32). También el samaritano que forma parte de una “raza condenada de ignorantes de la Ley”, de los mezclados con los gentiles (VER vv. 33ss). Finalmente se encuentra, “en medio” el hombre: uno de quien no se sabe el nombre ni la ocupación, sino que se sabe únicamente que se halla siempre “a la mitad del camino de la existencia” y en una “situación de necesidad” (estaba herido, medio muerto, empobrecido). A su alrededor se teje el problema de la Ley del amor: ¿es o no‐uno que merece que se cumpla con él la Ley de Dios, el amor al prójimo? (VER v. 30). La cuestión central no es tanto si hay o no una ley, sino hasta dónde llegar en su cumplimiento, especialmente de la ley del amor: De este modo, el experto de la ley pregunta ¿quién es mi prójimo? (VER v.29) y obtiene una respuesta práctica y no teórica (VER v.36). Pero es una respuesta que va más allá de la Ley: un salto profundo de criterios para desarrollar una apertura más grande y un espíritu de la Ley más amplio. De este modo, el mandamiento de amor, la Ley de Dios, se hace más concreta que nunca, en y cuanto que se debe de cumplir no con un grupo determinado y cerrado, sino con el hombre que siempre se encuentra en el camino. La pregunta, con una respuesta nueva, también cambia. Ahora hay que interrogarse sobre ¿cómo se hace uno verdaderamente cercano a todo el que lo necesita, para ser en verdad su prójimo? (Notar las acciones de curación, de cuidado del samaritano (VER vv. 34‐35). El final de la historia no es menos hermoso en esta página: Jesús de hecho se deja acercar y se acerca a la vida de un hombre que lo necesitaba: el mismo doctor de la Ley. En el plano secreto de Dios, Jesús ha sido el Buen Samaritano que logró rescatar a aquel hombre: y lo pone en camino de ser parte de los “hijos de Dios”, los que no se conforman con “saber lo que Dios quiere, sino que oyen la Palabra y la cumplen” (cfr. Mc. 3, 35): ello ocurre cuando le indica: Vete y haz tú lo mismo (VER v. 37).

MEDITACIÓN

Como discípula del Señor, la comunidad reflexiona ahora sobre el camino que ha hecho en el cumplimiento de sus mandados sobre todo el de la caridad (VER Jn. 13, 34):

a. ¿Procuramos poner ante todo los preceptos de Dios en nuestra vida? ¿O eludimos lo que Él nos pide para quedarnos con lo que queremos hacer? ¿Cuál es el servicio concreto de caridad de nuestra comunidad hacia los más necesitados?

b. ¿Reflexionamos y tratamos de conocer su ley y sus mandatos? ¿O tememos que puedan convertirse en una exigencia cada vez mayor?

c. Concretamente ¿Pasamos del conocer al hacer? ¿Nuestra preocupación es por lo que sabemos o por lo que vivimos?

ORACIÓN

Padre celestial,

haznos testigos de tu misericordia.

Enséñanos a llevar la fe a los que dudan,

la esperanza a los desanimados,

el amor a los indiferentes,

el perdón a quien ha obrado el mal y la alegría a los infelices.

Haz que la chispa del amor misericordioso,

que has encendido dentro de nosotros

se convierta en un fuego que transforma los corazones

y renueva la faz de la tierra.

María, Madre de Misericordia, ruega por nosotros.

San Juan Pablo II, ruega por nosotros.

Santa Sor Faustina, ruega por nosotros.

CONTEMPLACIÓN

Jesús, quiero hacer lo mismo que tú… amar a mi prójimo sin descanso.

ACCIÓN

Busco conversar o compartir con alguna persona de mi familia, estudio o trabajo que esté pasando por un momento muy difícil. Le hago saber que estoy disponible para escucharle y hacer algo por él o ella.

 

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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