Lectio Divina, 13 de Marzo de 2015

Lectio Divina, 13 de Marzo de 2015

Quinto Domingo de Cuaresma

Página Sagrada:

Is 43, 16‐21/Sal 125/Fil 3, 7‐14/Jn 8, 1‐11

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Yo tampoco te condeno, vete y no peques más

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven Espíritu Santo, envía tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Amén.

TEXTO

 1 Jesús se dirigió al monte de los Olivos. 2 Por la mañana volvió al templo. Todo el mundo acudía a él y, sentado, los instruía.
  3 Los letrados y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio, la colocaron en el centro, 4 y le dijeron:
   —Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. 5 La ley de Moisés ordena que mujeres como ésta sean apedreadas; tú, ¿qué dices? 6 Decían esto para ponerlo a prueba, para tener de qué acusarlo.
   Jesús se agachó y con el dedo se puso a escribir en el suelo. 7 Como insistían en sus preguntas, se incorporó y les dijo:
   —El que no tenga pecado, tire la primera piedra.
  8 De nuevo se agachó y seguía escribiendo en el suelo. 9 Los oyentes se fueron retirando uno a uno, empezando por los más ancianos hasta el último. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí en el centro.
  10 Jesús se incorporó y le dijo:
   —Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?
  11 Ella contestó:
   —Nadie, señor.
   Jesús le dijo:
   —Tampoco yo te condeno. Ve y en adelante no peques más.

LECTURA

Como en el  domingo anterior, los textos bíblicos ofrecidos para la lectio divina de este último paso hacia la Pascua nos introducen anticipadamente en lo que ella significa. En efecto, se nos presenta la obra de Dios en Pascua como una liberación de la esclavitud del pecado y del peso de una historia de sufrimiento (primera lectura de Isaías); se nos motiva a caminar hacia la Pascua pues por ella vale la pena cualquier renuncia con tal de poseer al Dios de la vida (segunda lectura de Filipenses); se nos ofrece en fin, el poder vivir una vida que es encuentro personal con la misericordia: una vida que es por tanto liberación de la condena que pesaba sobre nosotros, pues Dios en Cristo  no pronuncia la sentencia de muerte sino de misericordia y vida para los que a él se acogen (Evangelio).

La famosa escena de la “adultera perdonada” es una página que muestra la acción de Cristo como liberador del peso y miseria del pecado, y por lo tanto, causa de la alegría más profunda de la Humanidad.    Él libera de aquella esclavitud, que llega a ganarse la condenación del mundo, pero que atrae la misericordia del Señor.    En el contexto de la narración, mientras las gentes están “juzgando a Jesús” y los jefes lo condenan por sus actitudes, Él da la sentencia de perdón que salva. Tres momentos claramente se contienen en el relato:

1º) El juicio condenatorio de los hombres, en este caso, por parte de los judíos (VER vv. 3‐6), quienes como bien expone el texto, plantean a Jesús el caso de la pecadora para a su vez “probarle y condenarle”.

 2º) En los vv.7‐9, se contiene lo que es más bien el juicio de Dios ejercitado a través de la persona de Cristo. Dios condena la actitud de aquellos hombres, llenos de culpas, pero que se sienten capaces de condenar, incluso refugiándose en la Ley. Las palabras el Maestro en v.7b (VER) contienen una llamada a la reflexión de todos aquellos que están delante de Él, que es el único santo, y ante quien se deben de medir y reformar las actitudes de condena hacia el otro.

3º) Finalmente, en los vv.10‐11 la narración llega a su punto más significativo: frente a frente, quedan solos quienes encarnan la miseria humana y la misericordia divina. La miseria objetivamente hablando, pues aquella mujer había sido sorprendida en el adulterio flagrante, inexcusable, merecedor indiscutible de la muerte: pero a su lado surge la misericordia que no es otra que Jesús que libera de toda condena porque es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (VER Jn. 1, 19ss).

 MEDITACIÓN

Hoy la comunidad discipular, purificada por su caminar cuaresmal, tiene ante sus ojos la “última y más fuerte motivación para la conversión”: hacerse libre, consiguiendo la experiencia personal de perdón en Cristo. Ella pues, debe de meditar:

a. ¿Ha sido el caminar de la Cuaresma un progresivo avance hacia la libertad? ¿o hay algo que nos aprisiona y no nos deja avanzar?

b. ¿Cómo haremos posible el encuentro personal entre nuestra miseria y la divina misericordia? ¿hemos frecuentado ya concretamente el sacramento de la Reconciliación?

c. ¿Hemos olvidado que sólo quien se deja liberar puede ser mensajero de libertad? ¿o pretendemos desde nuestros pecados proporcionar a otros la luz y libertad?

d. ¿Cuál es nuestra actitud frente a los pecadores, nuestros hermanos? ¿cercanía y perdón, ánimo e invitación…o lanzar la primera piedra que puede terminar por alejarlos definitivamente de la Iglesia?

ORACIÓN

Jesús, misericordia del Padre, que has venido a encontrarte con nuestra miseria en los caminos del mundo, en las plazas de nuestras ciudades.

Tú siempre te vuelves a nosotros con tus brazos infinitos, abiertos para abrazar al que estaba perdido, en el ímpetu de tu piedad.

No queremos ser escribas ni fariseos, acusadores de nuestros hermanos, dispuestos a lanzar a otros la piedra de nuestro pecado.

Jesús, Señor del soberano silencio, en medio del tumulto de nuestras pasiones, haznos capaces de callar ante ti mientras nuestra alma, desnuda y avergonzada, se confiesa sencillamante dejándose mirar por tus ojos de pastor humilde.

¿Quién nos condenará si tú nos absuelves? ¿Quién nos despreciará si tú nos amas?

Tú eres el único que te quedas con nosotros, oh Inocente, oh Puro, oh Santo, que no puedes ver el mal.

Míranos purificados por tu perdón: no queremos pecar más. Confírmanos en la fidelidad de tu amor. Amén.

CONTEMPLACIÓN

  • Déjate llevar por la sana curiosidad. Entra en la escena. Míralos a todos. Pero, sobre todo, posa tus ojos en Jesús: ¡qué ternura con la pecadora!, ¡qué santa indignación con los acusadores!
  • También tú puedes sentirte así ante el Todo-misericordioso. Unas veces como acusador de otras personas y otras como receptor del perdón y de la amistad de Jesús.
  • Pídele perdón por lo primero y dale gracias porque él siempre te acoge y te comprende.
  • Siente que Jesús, rostro del Padre, te perdona siempre. Y te aconseja: Anda, camina, no peques más.

ACCIÓN

  • Resume en un buen propósito todo este diálogo que has tenido con el Señor.
  • No juzguen, y Dios no los juzgará; no condenen, y Dios no los condenará; perdonen, y Dios los perdonará (Lc 6, 37). ¡Haz resonar en tu interior esta recomendación de Jesús!
  • Lleva a nuestra vida esta bella orientación de Jesús. Él nos dará su fortaleza para ir cumpliéndola.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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