Lectio Divina, Marzo 6, 2016

Cuarto Domingo de Cuaresma

Lectio Divina, Marzo 6, 2016

Página Sagrada:

Jos 5, 9‐10/Sal 33/2Co 5, 17‐21/Lc 15, 1‐3.11‐32

Icono del hijo pródigo

 

El padre se alegró y celebró una fiesta por su hijo recobrado

Invocación al Espíritu Santo

Jesús, Hijo de Dios, que me llamas a tu encuentro cada día, Quiero acogerte en mi vida. Acogerte para creer en ti y en tu palabra de amor y de vida, de esperanza y de paz. Acogerte para amarte con un amor cálido y profundo, salido de lo más hondo de mi corazón. Acogerte para proclamarte con decisión y valentía, como dueño y señor de mi ser y de mi vida. Acogerte para comunicar con entusiasmo y alegría, con gestos y palabras, tu mensaje de salvación y de vida eterna.

TEXTO

1 Todos los que cobraban impuestos para Roma y otra gente de mala fama se acercaban a Jesús, para oírlo. 2 Los fariseos y los maestros de la ley lo criticaban por esto, diciendo: —Éste recibe a los pecadores y come con ellos. 3 Entonces Jesús les dijo esta parábola:

 11Un hombre tenía dos hijos, 12y el más joven le dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la herencia que me toca.” Entonces el padre repartió los bienes entre ellos. 13Pocos días después el hijo menor vendió su parte de la propiedad, y con ese dinero se fue lejos, a otro país, donde todo lo derrochó llevando una vida desenfrenada. 14Pero cuando ya se lo había gastado todo, hubo una gran escasez de comida en aquel país, y él comenzó a pasar hambre. 15Fue a pedir trabajo a un hombre del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. 16Y tenía ganas de llenarse con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. 17Al fin se puso a pensar: “¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! 18Regresaré a casa de mi padre, y le diré:  Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; 19ya no merezco llamarme tu hijo; trátame como a uno de tus trabajadores.” 20Así que se puso en camino y regresó a la casa de su padre.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. 21El hijo le dijo: “Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.” 22Pero el padre ordenó a sus criados: “Saquen pronto la mejor ropa y vístanlo; pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 23Traigan el becerro más gordo y mátenlo. ¡Vamos a celebrar esto con un banquete! 24Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.” Comenzaron la fiesta.

 25Entre tanto, el hijo mayor estaba en el campo. Cuando regresó y llegó cerca de la casa, oyó la música y el baile. 26Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. 27El criado le dijo: “Es que su hermano ha vuelto; y su padre ha mandado matar el becerro más gordo, porque lo recobró sano y salvo.” 28Pero tanto se enojó el hermano mayor, que no quería entrar, así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciera. 29Le dijo a su padre: “Tú sabes cuántos años te he servido, sin desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera un cabrito para tener una comida con mis amigos. 30En cambio, ahora llega este hijo tuyo, que ha malgastado tu dinero con prostitutas, y matas para él el becerro más gordo.”

 31El padre le contestó: “Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. 32 Pero había que celebrar esto con un banquete y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.”

LECTURA

Un ambiente de alegría invade el leccionario de este domingo, llamado precisamente en la liturgia antigua “domingo de la alegría” o “laetare “. El motivo es la proximidad de la Pascua, que ha sido preparada con el caminar cuaresmal y que se aprecia ya como el gran momento del renacimiento, y sobre todo de la reconciliación con Dios, fuente a su vez de la alegría cristiana.

: Él Evangelio guarda hoy la tonalidad de fiesta en la parábola del “hijo pródigo” que más bien pudiera llamarse parábola del Padre pródigo en misericordia. Jesús proclama hoy que ha llegado el tiempo de la reconciliación entre Dios y el hombre: Él ha venido a hacer este anuncio del tiempo de gracia (VER Lc 4, 16‐20) y ahora, de modo didáctico deja claro que Él, que a pesar de las críticas se siente  orgulloso de comer con los pecadores, puede revelarles el gran amor de Dios. En sí, la parábola tiene tres tiempos o escenas que ayuda a su comprensión:

1ª) La caída y  del alejamiento del hijo (VER vv. 1‐19): si bien narra la crisis del joven, pero no es el centro de interés del relato. De hecho, ya se menciona acá un verbo sumamente importante en el v. 18: ir de vuelta o volver. Esta primera escena termina con el proyecto de dicha vuelta; proyecto que es solamente humano, movido por los horrores que se han experimentado fuera de la casa del Padre. En cierto modo,  un llegar a “madurar en la fe” cuando se entiende que se ha hecho el mal.

2ª) La actitud del Padre ante la vuelta del hijo (VER vv. 20‐24): escena que concentra la sorpresa y al mismo tiempo el tema de la alegría, en cuanto que el proyecto humano se encuentra con el proyecto de Dios que ya espera. Sobre la figura de este “padre” se centra ahora todo el interés, porque su actitud es más allá de lo previsible, incluso más allá de la justicia: en su actitud se perfila la perfecta misericordia que como dice el relato “corre” al encuentro, mientras que el arrepentimiento apenas se “arrastra lentamente” para volver. En el juicio del Padre hacia el hijo aparece de nuevo el verbo clave: volver, pero tiene un sentido más profundo: es que el hijo estaba muerto pero ahora “ha vuelto” a la vida. Por eso se dan los detalles de la fiesta y alegría tan grandiosa: el Padre ha logrado precisamente expresar lo que ocurre cuando el hombre se aleja de Dios: el Señor vela y busca al hombre hasta que éste regrese al campo de la vida, a la casa del Padre.

3ª) Finalmente, hay una escena de no‐alegría (VER vv. 25‐32): es la actitud del hijo mayor quien no se alegra de la vuelta de su hermano. En la actitud de este hijo, Jesús quiere advertir a todos sobre la necesidad de no perderse la alegría que da la reconciliación. Jesús no quiere que se este demasiado seguro de estar dentro de la casa, puesto que ello no otra cosa que el orgullo de no reconocerse pecador, actitud que   puede bloquear la acción del perdón de Dios sobre nuestros pecados.

MEDITACIÓN

a. ¿Sentimos la necesidad de dicho encuentro? ¿o el pecado ha llegado a cegarnos de tal manera que nos hemos acostumbrado a su esclavitud, a pesar de comprobar su daño en nuestras vidas?
b. ¿Percibimos que Dios desea nuestra vuelta, como el Padre de misericordia? ¿o nuestra imagen de Él es tan lejana y temible que no pensamos en el amor que siente por cada uno de nosotros pecadores?
c. ¿Qué pasado y qué actitudes hemos realmente dejado como para decir que estamos en el camino de la vuelta a la casa del Padre?

ORACIÓN

Voy a la casa de mi Padre,
sé que su corazón clemente
tiene locura de misericordia,
sé que perdona
seis veces seis,
y aún siete veces siete,
sé que abraza
estrechando con ternura materna
hasta el despilfarro de setenta veces siete,
sé que como un volcán vigilante
irrumpe con ardor de entrañas
y los números del perdón explotan,
porque nadie puede contar las olas
del océano de su desvarío,
de su enloquecimiento por este hijo
que retorna a casa tambaleante,
seguro y destrozado en pena,
pero cantando bajo el almendral:
«aquí estoy, Padre,
abrázame, límpiame,
aliméntame, vísteme, coróname,
cántame tú».

CONTEMPLACIÓN

“Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti”

ACCIÓN

Esta semana, llevo un amigo a mi parroquia, y le invito a acercarse al sacramento de la reconciliación

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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