Lectio Divina, 3 de Enero de 2016, Epifanía del Señor

Lectio Divina, 3 de Enero de 2016

La Epifanía del Señor

Página Sagrada:

Is 60, 1‐6/Sal 71/Ef 3, 2‐3.5‐6/Mt 2, 1‐12

adoracion.giotto

Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo, tú eres el aliento del Padre y del Hijo en la eternidad dichosa; tú nos has sido enviado por Jesús para hacernos comprender lo que él nos ha dicho y guiarnos hacia la verdad completa; tú eres para nosotros aliento de vida, aliento creador, aliento santificador; tú eres quien renueva todas las cosas.

Humildemente te pedimos que nos animes y habites en nosotros: en cada uno y cada una de nosotros, en cada uno de nuestros hogares, en cada uno de nuestros ambientes; para que podamos vivir el mundo como un lugar de amor, un camino de felicidad y un medio de santidad.

AMÉN.

TEXTO

1 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, 2 diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.» 3 Al oírlo el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. 4 Convocando a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:
6 Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá;
porque de ti saldrá un caudillo
que apacentará a mi pueblo Israel.»
7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. 8 Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.» 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. 11 Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. 12 Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

LECTURA

Hemos su estrella y venimos a adorarlo

Asumiendo el simbolismo de aquella estrella aparecida el día del nacimiento del Señor, la meditación de la lectio divina en esta celebración, trasladada en muchas regiones al domingo por razones pastorales, es una invitación a no perder de vista a Cristo, manifestado para nuestra salvación (Evangelio). Teniendo delante aún la escena del pesebre visitado por los pastores, ahora el Mesías es encontrado por personajes que encarnan el alcance universal de la salvación (1ª. lectura). Junto a ellos, la comunidad de los discípulos manifestará una fe abierta a todo hombre, incapaz de marginar por motivos de raza, lengua, ideas a ninguno de aquellos que son invitados por el mismo Dios a tomar parte de “la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1, 9): Cristo, Palabra hecha carne (2ª. lectura).

La narración del Evangelio, llena de un simbolismo relativo al tema de la luz de la salvación, contiene dos momentos narrativos. Ellos descubren también el impacto de Aquel que ha venido como luz para el mundo (cfr. Jn. 8,12):

1º. La historia de la visita de los Magos: personajes realmente misteriosos (¿reyes, mercaderes?) su identidad social no es el punto importante, sino más bien su ser extranjeros atraídos por el resplandor del Mesías: ellos son efectivamente el cumplimiento de la profecía de Isaías él (1ª lectura): los hombres de toda la tierra que en sus dones simbolizan el reconocimiento de la salvación ofrecida en el niño que ha nacido (VER vv. 1‐6).

2º. El drama de la oposición de las tinieblas a la luz: Inmediatamente se percibe en Herodes aquel rechazo a la Epifanía Luminosa de Cristo en la línea que afirma San Juan: Vino al mundo la luz, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo el que obra el mal, aborrece la luz y no va hacia la luz (cfr. Jn. 3, 19b‐20a). Drama que se desarrollará a lo largo de todo el Evangelio, en razón del temor a la Epifanía que envuelve toda estructura de pecado; Al enterarse Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él (VER v. 3 y también vv. 7‐12).

Mediante el signo de la estrella y su búsqueda se plantea aquella realidad del deseo y búsqueda Dios que hace al hombre “hacer camino” tal vez por rumbos desconocidos. Esa estrella puede muy bien identificarse con el signo que en la conciencia de Israel apuntaba hacia Cristo: las mismas Escrituras que lo testimoniaban, pero cuyo efecto profético quedó bloqueado por la incredulidad y oposición de las tinieblas a la luz (VER JN. 3,22). Ella, finamente, es figura de María, llamada en la tradición cristiana estrella del Mar, pues es un indicativo seguro de dónde se encuentra el Señor a quien buscamos tan afanosamente.

MEDITACIÓN

a.     Nuestra “contemplación de la Navidad” ¿es intensa y reflexiva como para darnos cuenta de la opción que se nos pide? ¿La multitud de celebraciones de ese momento del año ‐comerciales la mayoría‐ nos impide reconocer la verdadera luz que surge del Mesías nacido?

b.     ¿No debiéramos aprender de muchos que viniendo de lejos muestran más apertura, más comprensión y disponibilidad al Dios manifestado en la carne: los más sencillos, los que son pobres de espíritu en cuanto dispuestos a colocar la luz de Cristo en el centro de su vida?

c.      ¿Qué imagen personal y comunitaria del Señor damos al mundo? Si en su Epifanía él quiere mostrarse pobre y al mismo tiempo capaz de guiar nuestra vida hasta hacerla cambiar, ¿no lo hemos reducido alguien “poco significativo” en nuestras decisiones más serias?

 

ORACIÓN

Señor Jesús: que a imitación de los Magos de Oriente vayamos también nosotros frecuentemente a adorarte en tu Casa que es el Templo y no vayamos jamás con las manos vacías.

Que te llevemos el oro de nuestras ofrendas, el incienso de nuestra oración fervorosa, y la mirra de los sacrificios que hacemos para permanecer fieles a Ti, y que te encontremos siempre junto a tu Madre Santísima María, a quien queremos honrar y venerar siempre como Madre Tuya y Madre nuestra.

Amén.

CONTEMPLACIÓN

Sitúate con sencillez delante de Dios, inmerso en un profundo silencio interior; deja aparte toda otra consideración curiosa de pensamiento o imaginación; abre tu corazón a la fuerza de la Palabra de Dios.

ACCIÓN

¿Cómo puedo revivir el camino de los Magos? ¿qué cosa puede cambiar en tu vida?

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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