Lectio Divina, Viernes Santo 2015

Viernes Santo

3 de Abril de 2015

Página Sagrada:

Is 52,13 ‐  53,12/Salmo 30/Heb 4, 14‐16; 5, 7‐9/Jn 1‐42

“Todo está cumplido”

crucifijo icono

TEXTO

Capítulo 18

1 Dicho esto, salió Jesús con los discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allá entró él con sus discípulos.
  2 Judas, el traidor, conocía el lugar, porque Jesús muchas veces se había reunido allí con sus discípulos. 3 Entonces Judas tomó un destacamento y algunos empleados de los sumos sacerdotes y los fariseos, y se dirigió allá con antorchas, linternas y armas.
  4 Jesús, sabiendo todo lo que le iba a pasar, se adelantó y les dice:
   —¿A quién buscan?
  5 Le respondieron:
   —A Jesús, el Nazareno.
   Les dice:
   —Yo soy.
   También Judas, el traidor, estaba con ellos. 6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron al suelo.
  7 Les preguntó de nuevo:
   —¿A quién buscan?
   Le respondieron:
   —A Jesús, el Nazareno.
  8 Contestó Jesús:
   —Ya les dije que yo soy, pero, si me buscan a mí, dejen ir a éstos.
  9 Así se cumplió lo que había dicho: No he perdido ninguno de los que me has confiado.
  10 Simón Pedro, que iba armado de espada, la desenvainó, dio un tajo al sirviente del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. El sirviente se llamaba Malco.
  11 Jesús dijo a Pedro:
   —Envaina la espada: ¿Acaso no beberé la copa que me ha ofrecido mi Padre?
  12 El destacamento, el comandante y los agentes de los judíos arrestaron a Jesús, lo ataron 13 y se lo llevaron primero a Anás que era suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año. 14 Caifás era el mismo que había dicho a los judíos, que era mejor para ellos que un solo hombre muriese por el pueblo.
  15 Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Como ese discípulo era conocido del sumo sacerdote, entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, 16 mientras Pedro se quedaba afuera, en la puerta.
   Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y ésta dejó entrar a Pedro.
  17 La sirvienta de la portería dice a Pedro:
   —¿No eres tú también discípulo de ese hombre?
   Contesta él:
   —No lo soy.
  18 Como hacía frío, los sirvientes y los guardias habían encendido fuego y se calentaban. Pedro estaba con ellos protegiéndose del frío.

19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza.

Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.
  

Capítulo 19

1 Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mandó azotar. 2 Los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; lo revistieron con un manto rojo, 3 y acercándose a él le decían:
   —¡Salud, rey de los judíos!
   Y le pegaban en la cara.
  4 Salió otra vez Pilato afuera y les dijo:
   —Miren, lo saco afuera para que sepan que no encuentro en él culpa alguna.
  5 Salió Jesús afuera, con la corona de espinas y el manto rojo.
   Pilato les dice:
   —Aquí tienen al hombre.
  6 Cuando los sumos sacerdotes y los policías del templo lo vieron, gritaron:
   —¡Crucifícalo, crucifícalo!
   Les dice Pilato:
   —Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, que yo no encuentro en él ningún motivo de condena.
  7 Le replicaron los judíos:
   —Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se ha hecho pasar por hijo de Dios.
  8 Cuando Pilato oyó aquellas palabras, se asustó mucho.
  9 Entró en el pretorio y dice de nuevo a Jesús:
   —¿De dónde eres?
   Jesús no le dio respuesta.
  10 Le dice Pilato:
   —¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?
  11 [Le] contestó Jesús:
   —No tendrías poder contra mí si no te lo hubiera dado el cielo. Por eso el que me entrega es más culpable.
  12 A partir de entonces, Pilato procuraba soltarlo, mientras los judíos gritaban:
   —Si sueltas a ése, no eres amigo del César. El que se hace rey va contra el César.
  13 Al oír aquello, Pilato sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbata. 14 Era la víspera de Pascua, al mediodía. Dice a los judíos:
   —Ahí tienen a su rey.
  15 Ellos gritaron:
   —¡Afuera, afuera, crucifícalo!
   Les dice Pilato:
   —¿Voy a crucificar a su rey?
   Los sumos sacerdotes contestaron:
   —No tenemos más rey que el César.
  16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Se lo llevaron; 17 y Jesús salió cargando él mismo con la cruz, hacia un lugar llamado La Calavera, en hebreo Gólgota.18 Allí lo crucificaron con otros dos: uno a cada lado y en medio Jesús.
  19 Pilato había hecho escribir un letrero y clavarlo en la cruz. El escrito decía: Jesús el Nazareno, rey de los Judíos.
  20 Muchos judíos leyeron el letrero, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad. Además, el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego.
  21 Los sumos sacerdotes dijeron a Pilato:
   —No escribas: Rey de los judíos, sino: Éste ha dicho: Soy rey de los judíos.
  22 Pilato contestó:
   —Lo escrito, escrito está.
  23 Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada soldado; tomaron también la túnica. Era una túnica sin costuras, tejida de arriba abajo, de una pieza. 24 Así que se dijeron:
   —No la rasguemos; vamos a sortearla, para ver a quien le toca.
Así se cumplió lo escrito:
   Se repartieron mi ropa
   y se sortearon mi túnica.
   Es lo que hicieron los soldados.
  25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María la Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo predilecto, dice a su madre:
   —Mujer, ahí tienes a tu hijo.
  27 Después dice al discípulo:
   —Ahí tienes a tu madre.
   Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.
  28 Después, sabiendo que todo había terminado, para que se cumpliese la Escritura, Jesús dijo:
   —Tengo sed.
  29 Había allí un jarro lleno de vinagre. Empaparon una esponja en vinagre, la sujetaron a una caña y se la acercaron a la boca.
  30 Jesús tomó el vinagre y dijo:
   —Todo se ha cumplido. Dobló la cabeza y entregó el espíritu.
  31 Era la víspera del sábado, el más solemne de todos; los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos para que no quedaran en la cruz durante el sábado.
  32 Fueron los soldados y quebraron las piernas a los dos crucificados con él.
  33 Al llegar a Jesús, viendo que estaba muerto, no le quebraron las piernas; 34 sino que un soldado le abrió el costado con una lanza. En seguida brotó sangre y agua.
  35 El que lo vio lo atestigua y su testimonio es verdadero; él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
  36 Esto sucedió de modo que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un hueso; 37 y otro pasaje de la Escritura dice: Mirarán al que ellos mismos atravesaron.
  38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús, por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cadáver de Jesús. Pilato se lo concedió. Él fue y se llevó el cadáver. 39 Fue también Nicodemo, el que lo había visitado en una ocasión de noche, llevando cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
  40 Tomaron el cadáver de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.
  41 En el lugar donde había sido crucificado había un huerto y en él un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido sepultado. 42 Como era la víspera de la fiesta judía y como el sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús.

LECTURA

En el ejercicio de la lectio divina en este día donde no existe la celebración eucarística, y donde estamos invitados en cambio a vivir la Acción Litúrgica de la Pasión del Señor, encontramos un centro que atrae con fuerza nuestra fe: el misterio de la cruz al cual se refiere la Página Sagrada en este día. La cruz, el sacrificio de Cristo, es instrumento de salvación, de liberación, de reconciliación con el Padre y con los hermanos.   A través de ese “signo de muerte”, la muerte misma ha sido vencida por el acto de donación amorosa y total del Siervo de Dios.
1ra. Lectura: El maravilloso relato de la entrega inigualable del Siervo de Yahvé contiene varios elementos que resumen los otros tres cánticos ya meditados en la Cuaresma:

  1. Como se ha dicho, es una “historia increíble” humanamente, situada más allá de la lógica humana, y que hace sorprenderse y “llevar la mano a la boca” para reprimir la exclamación de asombro (VER Is 52, vv. 13‐15). Es el proyecto de Dios que es realizado por su servidor en entrega total.
  2. El rostro que se contempla es el de Uno que tiene ciertas características: Tiene origen humilde; padece por nuestras culpas y vive su sufrimiento en silencio y entrega generosa.
  3. Esta historia del Siervo tiene efectos maravillosos: su drama repercute en la humanidad entera como “sanación de las heridas” (v. 4), “perdón de las culpas” (v. 5), “reunión de los dispersos” (v. 6).
  4. A la extrema violencia que él sufre y a la extrema pequeñez a la que se ve reducido como “raíz en tierra seca” u “oveja dócil ante el daño” corresponde el juicio de Dios, capaz de glorificar al Siervo y darle el lugar más importante: el señorío sobre todo (VER Is 53, vv. 10‐12; cfr. Fil 2, 6‐ 11).

2da. Lectura:   La Carta a los Hebreos enfatiza hoy la cercanía de Cristo al dolor humano para redimirlo. El haber experimentado ese dolor en grado supremo hacen que Él, que es de origen divino, pueda ser el “pontífice o puente”   ente la miseria humana y la vida divina.

Evangelio:    En su relato de la Pasión de Cristo, San Juan quiere mostrar la glorificación del Hijo de Dios, de la cual es consciente el mismo Jesús que así lo ha anunciado antes de que todo comience, cuando todavía está en la Cena: “Padre, glorifícame”(Jn 17, 24). Ahora bien, Pilato por ejemplo, ajeno al sentido más profundo de lo que está ocurriendo, irónicamente acierta en comprender la persona de Cristo y el significado de su sufrimiento pues dos veces declara “rey” al Siervo sufriente:

  1. Haciéndolo sentar en el lugar más honorable del tribunal romano.
  2. Escribiendo el letrero sobre la cruz, como una “confesión o manifestación universal” de Cristo Rey en las cuatro lenguas principales de entonces, y negándose a quitar lo que había escrito (VER Jn 19, 19‐22).

 

En esta narración del sufrimiento de Cristo, tan especial en el estilo de San Juan, nos interesa notar:

  • Que Jesús tiene conciencia de los acontecimientos y durante ellos Él sigue gozando del poder divino. El es el “Yo soy” (traducción de Yahvé en el Antiguo Testamento), y por tanto ninguna potencia podría acabar con él; al contrario, en el huerto de los Olivos queda clara su identidad cuando los soldados caen ante su voz (VER Jn 18, 6).
  • Que los hechos muestran la santidad de Cristo a quien nadie puede acusar de pecado (VER Jn 18, 20‐24) siendo la violencia irracional el único recurso de sus acusadores. Su santidad es aquella de la “víctima perfecta”: al no tener pecado es el “Cordero sin defecto”.
  • Que sin embargo,   en el momento central de esa   historia de Cristo en Viernes Santo como “Cordero inmolado” en la pronunciación de que “Todo se ha cumplido” según la misión que tenía del Padre, surge también la historia de la Iglesia y ello se refleja en cuatro momentos:
    1. El nacimiento de la Iglesia del “costado traspasado” por la lanza del soldado, del cual mana agua y sangre, figuras de la vida de la Iglesia en el Bautismo y la Eucaristía (VER Jn 19, vv. 34)
    2. La unidad de la Iglesia, simbolizada en el manto sin costura, sin división (VER Jn 19, 23).
    3. La recepción del Espíritu Santo por la Iglesia en “Pentecostés anticipado”   a la efusión del Espíritu Santo en Jn 20, 23):   Cristo en la cruz tiene “sed”, es decir, “deseo” de dar el Espíritu y así lo hace al “expirar” sobre las personas que al pie de la cruz concentran la Iglesia: María la Madre y Juan el discípulo amado (VER Jn 19, 28‐29).
    4. La fuerte relación de la Iglesia con María, dejada como madre del discípulo que simboliza el resto de la Iglesia en aquel momento, el mismo Evangelista Juan, quien como ocurre hasta el día de hoy en la Iglesia Católica: “La recibió en su casa” (VER Jn 19, 25‐27).

MEDITACIÓN 

  • ¿Cómo hemos entendido hasta ahora la muerte de Cristo: acaso como una “ausencia de Dios en ante el dolor y la muerte”?
  • El advertir el gran amor del Padre y de su Hijo   por nosotros, que es el mensaje más grande de la cruz ¿nos lleva a desear corresponder con nuestro amor a Dios y al hermano?
  • La contemplación de la cruz como expresión de las consecuencias del pecado que Cristo vivió siendo inocente ¿nos impulsa a acercarnos solidariamente a todo dolor, inocente o culpable, movidos por el ejemplo del Señor?

ORACIÓN

Ante la muerte de Cristo no caben particularismos, todo es universal. La cruz de Cristo no ha traído la salvación. Abramos nuestro corazón a una oración universal, para que presentemos las intenciones de la Iglesia y del mundo entero.

En la cruz, instrumento de muerte, reconocemos la vida; en la cruz, patíbulo de condenados, nosotros vemos la victoria de Cristo. Para nosotros la cruz es nuestro signo de cristianos, signo de victoria. Por eso ahora la veneramos reverentemente. En ella miremos al que traspasaron.

CONTEMPLACIÓN

El día de hoy, contemplamos a Cristo crucificado, y su amor por nosotros.

ACCIÓN

Haremos un propósito concreto para participar en la victoria de Cristo sobre la muerte, siguiéndolo en el camino del sacrificio y del servicio a los demás.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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