Lectio Divina, Solemnidad de la Anunciación del Señor, 25 de Marzo del 2015

Lectio Divina del ciclo “B”

Solemnidad de la Anunciación del Señor

25 de Marzo del 2015

Tema: La alianza de Dios con el hombre El sí de María y nuestro sí

Página Sagrada: Is 7, 10-14; 8,10 * Salmo 39 * Hb 10, 4-10 * Lc 1, 26-38

Anunciación

TEXTO

26 El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,27 a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. 28 Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo:
—Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

29 Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél.
30 El ángel le dijo:
—No temas, María, que gozas del favor de Dios.
31 Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. 32 Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,33 para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin.
34 María respondió al ángel:
—¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre?
35 El ángel le respondió:
—El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios.
36 Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. 37 Pues nada es imposible para Dios.
38 Respondió María:
—Yo soy la sirvienta del Señor: que se cumpla en mí tu palabra.
El ángel la dejó y se fue.

LECTURA

El pasaje de la anunciación nos conduce al templo, espacio sagrado por excelencia, a la casa, a la intimidad del encuentro personal de Dios con su criatura; nos conduce dentro de nosotros mismos, a lo profundo de nuestro ser y de nuestra historia, allá donde Dios puede llegar y tocarnos.

a. ¡Alégrate! Verdaderamente es extraño este saludo de Dios a su criatura; parece inexplicable y quizás sin sentido. Y sin embargo, ya desde siglos resonaba en las páginas de las divinas  escrituras y, por consiguiente, en los labios del pueblo hebreo. ¡Gózate, alégrate, exulta! Muchas veces los profetas habían repetido este soplo del respiro de Dios, habían gritado este silencioso latido de su corazón por su pueblo, su resto (Jo 2,21-23; Zac 2,14).

b. El Señor está contigo. Son las primerísimas frases del diálogo de Dios con su criatura. Pocas palabras, apenas un suspiro, pero palabras omnipotentes, que turban el corazón, que ponen profundamente en discusión la vida, los planes, las esperanzas humanas. El ángel anuncia el gozo, la gracia y la presencia de Dios; María queda turbada y se pregunta de dónde le pueda venir a ella todo esto. ¿De dónde un gozo tal? ¿Cómo una gracia tan grande que puede cambiar incluso
el ser?

c. No temas. Estos son los versículos centrales del pasaje: y la explosión del anuncio, la manifestación del don de Dios, de su omnipotencia en la vida del hombre. Gabriel el fuerte, habla de Jesús: el rey eterno, el Salvador, el Dios hecho niño, el Omnipotente humilde. Habla de María, de su seno, de su vida que ha sido elegida para dar entrada y acogida a Dios en este mundo y en cualquier otra vida. Dios comienza, ya aquí, a hacerse vecino, a llamar. Está en pie, espera, junto a la puerta del corazón de María; pero también aquí, en nuestra casa, junto a nuestro corazón…

d. Heme aquí. Este último versículo parece encerrar el infinito. María dice su “He aquí” se abre, se ofrece a Dios y se realiza el encuentro, la unión por siempre. Dios entra en el hombre y el hombre se convierte en lugar de Dios: son las Bodas más sublimes que se puedan jamás realizar en esta tierra. Y sin embargo el evangelio se cierra con una palabra casi triste, dura: María queda sola, el ángel se va. Queda, sin embargo, el sí pronunciado por María a Dios y su Presencia; queda la verdadera Vida.

MEDITACIÓN

  • El anuncio de Dios, su ángel, entra en mi vida, ante mí y me habla. ¿Estoy preparado para recibirlo, para dejarle espacio, para escucharlo con atención?
  • Recibo un anuncio desconcertante; Dios me habla de gozo, de gracia, de presencia. ¿Quién me podrá hacer verdaderamente feliz? ¿Quiero fiarme de su felicidad, de su presencia? ¿Agrado yo a Dios?

ORACIÓN

Padre mío, Tú has bajado hasta mí, me has tocado el corazón, me has hablado, prometiéndome gozo, presencia, salvación. En la gracia del Espíritu Santo, que me ha cubierto con su sombra, también yo junto a María, he podido decirte mi sí, el “Heme aquí” de mi vida por ti. Ahora no me queda nada más que la fuerza de tu promesa, tu verdad: “Concebirás y darás a la luz Jesús”. Señor, aquí tienes el seno abierto de mi vida, de mi ser, de todo lo que soy. Pongo todo en tu corazón.

Amén.

CONTEMPLACIÓN

Padre en tus manos encomiendo mi espíritu. Recito en silencio el salmo 138 y me uno a
Dios porque Él conoce lo más profundo de mi vida.

ACCIÓN

  1. Prepararme en la disponibilidad como María para responder positivamente a la llamada de
    Dios.
  2. Derrumbo los miedos que me hacen esconder las cualidades que Dios me ha concedido con su gracia .

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Discípulos Misioneros – Lectio Divina
http://www.iglesiacatolica.org.gt
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Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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