LECTIO DIVINA Pentecostés Ciclo C Mayo 19 de 2013

Pentecostés

LECTIO DIVINA

Pentecostés Ciclo C

Mayo 19 de 2013

 

“Si envías tu aliento de vida, son creados, y así renuevas el aspecto de la tierra.”

Salmo 104, 30

PREPARACIÓN ESPIRITUAL


VENI, SANCTE SPIRITUS
(Fragmento)

Ven, Espíritu Santo,
y envía del Cielo
un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres,
ven, dador de gracias,
ven luz de los corazones.
Consolador magnífico,
dulce huésped del alma,
su dulce refrigerio.
Descanso en la fatiga,
brisa en el estío,
consuelo en el llanto.
¡Oh luz santísima!
llena lo más íntimo
de los corazones de tus fieles.
Amén

(Stephen Langton (m. 1228), Arzobispo de Canterbury)

TEXTO BÍBLICO: Juan 20,19-23

 

Al llegar la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, los discípulos se habían reunido con las puertas cerradas por miedo a las autoridades judías. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:

-¡Paz a ustedes! Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor.

Luego Jesús les dijo otra vez:

-¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. Y sopló sobre ellos,

Y les dijo:

-Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar.

1. LECTURA

¿Qué dice el texto?

P. Danilo Medina SPP

Algunas preguntas para ayudarte en la lectura atenta…

 

¿Por qué tenían las puertas cerradas? ¿Qué trae Jesús a sus discípulos?

 

Algunas consideraciones para una lectura provechosa…

 

El texto del evangelio de este día nos ofrece la versión joánica de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Tal vez estamos más familiarizados con la versión de Lucas en los Hechos de los Apóstoles (2,1-11), donde se hace coincidir tal acontecimiento con la fiesta judía de Pentecostés, que recordaba el don de la Ley en el Sinaí, y que se celebraba cincuenta días después de la Pascua.

 

En Juan, en cambio, la venida el Espíritu acontece el día mismo de la resurrección de Jesús, en las horas de la noche. Después del llamado episodio de la tumba vacía y la aparición del Resucitado a María Magdalena, el Señor se presenta a los discípulos para comunicarles el don del Espíritu, cumpliendo aquello que previamente les había prometido, durante los discursos de despedida, en el contexto de la última cena (cf. Jn 14,15-26; 16,5-15).

 

Puertas cerradas y miedo a los judíos: La manera como el Resucitado encuentra a sus discípulos es un tanto desconcertante, pero al mismo tiempo comprensible. Desconcertante porque ya han recibido la noticia de la resurrección, y sin embargo siguen encerrados y llenos de miedo. Pareciera que no han dado crédito a cuanto ellos mismos habían comprobado al ver el sepulcro vacío (cuando “vieron y creyeron”), ni a los testimonios acerca de la resurrección del Maestro, por parte de María Magdalena, que les había contado su encuentro con Cristo vivo y resucitado (cf. Jn 20,8-9. 18).

 

Pero es también comprensible la actitud de cerrazón y miedo, porque todavía no habían recibido al Espíritu. Y es que precisamente es lo que necesitan: esa fuerza de lo alto, ese dinamismo del Espíritu que les permita abrir de par en par las puertas, y salir con valentía a predicar el Evangelio por todos los rincones del mundo.

 

“La paz esté con ustedes”: El Resucitado trae el regalo de la paz. Para aquellos temerosos y acobardados discípulos, encerrados y bloqueados por dentro, la presencia del Señor resucitado les devuelve la serenidad y la paz. La bendición de la paz no implica quietud sino dinamismo. Por eso la paz de Cristo es fuerza que empuja a los discípulos a la misión. De hecho, la paz es también fruto del Espíritu Santo (cf. Gal 5,22).

 

“Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”: Este es otro regalo y consecuencia de la presencia del Resucitado: la alegría. Los discípulos/as de Jesús debieran distinguirse en el mundo por su alegría. Porque la noticia de la Resurrección que da sustento a su fe es tan grande, que no cabe la tristeza en el corazón de un cristiano. Ser seguidor/a de Jesús Resucitado significa estar siempre alegre, pero no con la alegría efímera y superficial que ofrece el mundo, sino con la alegría “en el Señor”; es decir la alegría espiritual que produce la presencia del Señor con nosotros (cf. Filp 3,1; 4,4-5). Al fin y al cabo, también la alegría es un fruto privilegiado del Espíritu Santo (cf. Gal 5,22).

 

“Reciban el Espíritu Santo”: El gesto de Jesús al comunicar el Espíritu Santo a sus discípulos, nos recuerda claramente la acción creadora de Dios en los orígenes, cuando sopla también sobre su creatura, haciéndola partícipe de su misma vida (cf. Gn 2,7). De modo que Jesús al dar el Espíritu, lo que hace es re-crear a aquellos discípulos que estaban encerrados en la esclavitud del miedo, que es una forma de muerte, y devolverlos a la vida de la libertad. Por eso también asocia el don del Espíritu el ministerio del perdón de los pecados, porque el pecado es muerte y esclavitud, mientras que el Espíritu es vida y libertad. Esto significa que ser cristiano/a y poseer el Espíritu Santo, equivale a vivir en la libertad de la gracia y la santidad, propia de los hijos e hijas de Dios (cf. Gal 4,1-7; 5,13-25; Rm 8,9-17).

2. MEDITACIÓN

¿Qué me dice el Señor a mí en el texto?

Comencemos nuestra meditación con las palabras del Papa Francisco: “La Resurrección es la que nos abre a la esperanza más grande, porque abre nuestra vida y la vida del mundo al futuro eterno de Dios, a la felicidad plena, a la certeza de que el mal, el pecado, la muerte pueden ser vencidos. Y esto conduce a vivir con más confianza las realidades cotidianas, afrontarlas con valentía y empeño. La Resurrección de Cristo ilumina con una luz nueva estas realidades cotidianas. ¡La Resurrección de Cristo es nuestra fuerza!”.

 

Todos los bautizados en la fe de Cristo, hemos recibido el don del Espíritu. Y con el Espíritu, el Señor nos ha comunicado también la paz y la alegría. Ser cristiano es una gracia, pero implica también una gran tarea: ¿Qué hemos hechos con el regalo de la paz que nos trajo el Resucitado? ¿Y qué hemos hecho también con el regalo de la alegría, distintivo fundamental de nuestra fe?

 

Ser templos vivos del Espíritu Santo (cf. 1 Cor 6,19) aporta a nuestra vida una dignidad incomparable, que supera y trasciende cualquier motivo de honor o mérito humano. Pero es también fuente de una gran responsabilidad: demostrar, hacer brillar, irradiar en nuestra existencia cotidiana esa luz del Espíritu, siendo signos de paz; promotores de esperanza y alegría para nuestros hermanos y hermanas; transformándonos en agentes y ministros de reconciliación y de santidad en el mundo.

 

Ahora preguntémonos:

 

  • ¿Siento que el Señor quiere traer la paz hoy también a mi vida?
  • ¿Soy consciente que el Señor a mi también me ha enviado a llevar la Buena Nueva?
  • ¿Qué don le pediría hoy al Espíritu Santo?

3. ORACIÓN

¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?

Gracias, Señor, por el inmenso regalo de tu Espíritu.

Con Él nos recreas y nos sacas de nuestro egoísmo,

de nuestra cerrazón y de nuestros miedos.

Con Él también nos conviertes en audaces misioneros

para llevar tu Evangelio al mundo entero.

Permítenos hacernos cada vez más conscientes

de su presencia en nuestras vidas,

para que seamos signos de paz y alegría,

de misericordia y perdón para cada persona que encontremos

en el camino de nuestra vida.

Amén.

4. CONTEMPLACIÓN

¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Jamás alcanzaremos a apreciar en toda su amplitud y grandeza cuanto significa ser santuario del Espíritu Santo. Más que racionalizar este hecho, experimentémoslo, sintámoslo, dejémonos invadir por Él, y permitámosle que sea Él quien nos inspire y motive cada una de nuestras decisiones y acciones, por eso digamos con confianza: “Quiero recibir Señor tu Santo Espíritu”

 

5. ACCIÓN

¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Igual que los discípulos al recibir el Espíritu Santo recibimos también una serie de encargos por parte del Maestro, preguntémonos:

 

¿Cómo estoy correspondiendo al don del Espíritu? ¿Cómo estoy siendo signo de paz, de alegría y de perdón para mis semejantes?

 

Ya que tenemos quien nos acusa, tengamos también un Defensor,

pues que el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre”.

San Ireneo

 

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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