Cuaresma de la fe No. 24

Por P. Pedro Jaramillo

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

MIÉRCOLES
PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 8-15

“Grita de alegría, cielo; alégrate, tierra; prorrumpan en aclamaciones, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados”.

Reflexión bíblica:

La lectura es un fragmento del segundo cántico del Siervo de Yahveh. La identificación de este personaje (¿individual o colectivo?) no es fácil. Pero todo lo que se dice de él es tan sugerente, que Jesús mismo, a la hora de identificar su mesianismo, adoptó la figura del Siervo de Yahveh, del profeta Isaías. El Siervo tiene una relación estrechísima con el Señor: “ya en su vientre me formó siervo suyo” (v. 5).

Después de esa vocación, en el v. 6, comienza a describirse su misión: no será solamente restablecer las tribus de Israel. La misión que se le confía es mucho más amplia: “te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. El Siervo es “despreciado, aborrecido de las naciones”. Es una manifestación de la fidelidad de Dios con su pueblo: “porque el Señor es fiel, te ha elegido”. Su misión es liberadora: da a los cautivos la libertad, a los cielos la vista.

El Siervo es signo de la protección divina fiel, a pesar de los pecados del pueblo: “los guía a manantiales de agua” (se repite el tema del agua, en un contexto geográfico caracterizado por la sequía). Vienen de todos los puntos cardinales.

El ambiente es de una profunda alegría (“la alegría de la salvación”) y de un profundo consuelo. A la alegría de los desamparados acogidos por el Señor se unen el cielo, la tierra, las montañas.

¿Por qué es tan importante este momento en la historia del pueblo? La situación era de desánimo y frustración: “el Señor me ha abandonado, mi dueño me ha olvidado”. Esa situación, experimentada tan fuertemente en el destierro, arranca del Segundo Isaías, una de las descripciones bíblicas más bellas de la fidelidad amorosa del Señor: “¿puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

• Algunos salmos reflejan muy bien la sensación de liberación interior que produce esta intervención de Dios a través de su Siervo: “te doy gracias, Señor, porque me diste anchuras”. “Te doy gracias, Señor, porque has puesto mis pies en un camino ancho”. La fe en Dios no encadena al hombre en espacios estrechos, cortando los horizontes humanos que le salen de dentro. La fe arraiga esos horizontes en la fidelidad de Dios, a la hora de cumplirlos.

• Nuestra historia personal de fe tiene también la experiencia de la vocación, del llamado. A través de mediaciones humanas en las cuales Dios ha ido dirigiendo amorosamente nuestras vidas. Todos podemos, de alguna manera decir: “ya en el vientre me formó siervo suyo”.

• Iluminados interiormente por la fe, nuestra misión es una tarea de luz. Cuando la fe es verdadera, contagia. Un contagio que empieza por los más cercanos, pero que no tiene límites. También a nosotros, como al Siervo, Dios nos hace “luz de las naciones”. La fe no es para encenderla y esconderla debajo de la olla. La fe se hace luz en el testimonio que estamos llamados a dar en “las obras buenas”, para que el Padre sea glorificado.

• Es impresionante, pero es verdad: llevamos en nuestras manos la imagen de Dios. ¡Cuánta gente vendrá a la fe, si la imagen de Dios los atrae! Y ¿cuánta gente se apartará definitivamente de Dios, si la imagen que les damos de Dios los aleja?

EVANGELIO: Juan 5, 17-30

“Les aseguro que quien oye mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna”

Reflexión bíblica:

Es un texto largo y denso de Juan. Sigue inmediatamente a la curación del paralítico de Betesda. De ahí, la primera afirmación sobre el “trabajo en sábado”: “mi Padre siempre trabaja y yo también trabajo”. Los judíos, que ya lo perseguían por su relación con el sábado, llegan ahora a identificar la que va a ser causa de la muerte de Jesús: es un blasfemo, porque llama Padre suyo a Dios, igualándose con él”.

El resto de la lectura es una exposición sobre esta especial relación de Jesús, el Hijo, con su Padre, Dios: lo que hace Jesús es porque lo ve hacer al Padre. El Padre ha encomendado al Hijo la tarea de juzgar. Y se concentra el evangelista en el tema del juicio.Una primera afirmación: “quien oye mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna y no es sometido a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida”. Pero el IV Evangelio continúa insistiendo el hecho de un juicio final, realizado por el Hijo del Hombre, “ a quien se le ha confiado juzgar”.

Como resultado: “los que hicieron el bien resucitarán para vivir, los que hicieron el mal resucitarán para ser juzgados”. Y, en el juicio, la voluntad del Hijo aparece estrechamente unida a la voluntad del Padre.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

• La reacción de los judíos al modo de llamar Jesús a Dios, su Padre, es considerada como blasfema, porque es entendida en todo su realismo: se hace igual a Dios.

• Lo que para los judíos es blasfemia, es para nosotros “confesión de fe”. “creo en Jesucristo, su único Hijo…, de la misma naturaleza del Padre”. Pero, es verdad: “nadie puede decir Jesucristo es ‘el Señor’, si no es con el Espíritu Santo”. En cuanto comunidad cristiana, nosotros le decimos: “nosotros hemos creído que Tú eres el Hijo de Dios”.

• Es preciso que nos recordemos el tema del juicio final. Es también parte de nuestro credo: “vendrá (segunda venida del Señor: la parusía), para juzgar a vivos y muertos”. Un discernimiento en el que cuentan las obras realizadas, la forma y el estilo de vida: “los que hicieron el bien resucitarán para vivir; los que hicieron el mal resucitarán para ser juzgados”.

La esperanza escatológica forma parte de nuestra fe. No tenemos aquí ciudad permanente, caminamos hacia la ciudad futura… Y no todos nuestros pasos nos conducen a ella.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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