Cuaresma de la fe No. 22

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

SÁBADO

PRIMERA LECTURA: Oseas 6, 1b-6

“Porque quiero amor, no sacrificios;
conocimiento de Dios, no holocaustos”
.

Reflexión bíblica:

En la lectura de hoy, Oseas presenta una “conversión a medias”. El pueblo tiene deseos de cambiar. Y se lo propone. La fórmula de conversión es auténtica: “volver al Señor”, confiando en su poder sanante: “él nos hirió, él nos vendará la herida”.

Una conversión que mira hacia el futuro: “al tercer día nos restablecerá y viviremos en su presencia”. Hay una confianza segura, desde el esfuerzo de un conocimiento sincero del Señor: “vendrá a nosotros y empapará nuestra tierra”, igual que la empapa la lluvia abundante. Es la descripción perfecta de la conversión.

Pero, las preguntas que Dios se hace con relación al pueblo, manifiestan que la conversión ha sido pasajera. Que no ha habido perseverancia. La imagen de la inconstancia es muy expresiva: “su amor es como nube pasajera, como rocío que se evapora al alba”. Una conversión bien planteada, pero que no es realmente realizada.

Dios no se complace en ella. Su reacción es negativa frente a una conversión sin arraigo. Y la razón fundamental apunta a la vida. No puede haber conversión que se quede en el puro culto. La sentencia de Dios es clara: “porque quiero amor, no sacrificios; conocimiento de Dios, no holocaustos”. Amor y conocimiento de Dios. Un amor misericordioso; un conocimiento de Dios que no involucra sólo la cabeza; que se hace también conocimiento en el corazón.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

La fe está llamada a madurar, no a debilitarse. La conversión, adhesión viva y personal al Señor, debe ser una “conversión permanente”. La atracción de Dios siempre está ahí. Hay que examinar qué es lo que provoca la inconstancia de una conversión sincera. No es paradoja: pueden darse juntas sinceridad e inconstancia.

Cuando la fe se nos queda en puro sentimentalismo se parece a la nube mañanera, al rocío que se evapora. Hoy sí y mañana no. Hoy, Dios lo es todo para mí; mañana, no significa nada. Puede haber momentos en que se “oscurece la fe”; la “sentimos menos”. Pero esos momentos pueden ser también ocasiones de maduración creyente.

• El proceso de maduración en la fe da unidad a la vida. Nos hace unir estrechamente el culto con la existencia de cada día. Nos adentra en la entraña del amor/misericordia y del conocimiento/amor, con relación a Dios y al prójimo.

EVANGELIO: Lucas 18, 9-14

“Por algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás…; quien se alaba será humillado y quien se humilla será alabado”.

Reflexión bíblica:

Para entender bien la parábola, es interesante fijarse en por qué la dice Jesús. La indicación de Lucas es bien precisa: “por algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás”.

Dos personajes. Dos tipos de oraciónDos resultadosLos personajes: el fariseo y un publicano. El fariseo, caracterizado en los relatos evangélicos, como quien cuida de lo religioso por fuera y no se preocupa de lo que pasa por su interior. El publicano, considerado como un pecador público.

Dos tipos de oración: la del fariseo, llena de autosuficiencia y de desprecio. Autosuficiencia que le lleva a presentar a Dios sus “haberes” (lo que tengo): el ayuno y el pago del diezmo. Desprecio, porque se compara con los otros, recordando los pecados que cometen: ladrones, injustos, adúlteros…, como ese “desgraciado” publicano.

La oración del publicano, que presenta a Dios “sus debes” (lo que me falta); desde la humildad de corazón, la expresa en signos: no levantaba la cabeza y se golpeaba su pecho. Pero, sobre todo, expresada en la petición: “Oh Dios, ten piedad de este pecador”.

Dos resultados: el publicano vuelve a su casa “nuevo” (“justificado”, que significa “hecho justo”) y el fariseo vuelve lo mismo que entró: era de los que se creían justos; no creía necesitar que Dios lo hiciera justo; pensaba que ya lo era.

Termina la parábola con una alabanza a la humildad (Santa Teresa: “la humildad es la verdad”): “quien se alaba será humillado; quien se humilla será enaltecido”. La verdadera oración pide actitudes. La oración no “habita” en el soberbio. Hace falta saberse muy “de” Dios, para orar con humildad.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

La fe tiene una expresión privilegiada en la oración: “la oración de la fe”. El núcleo de nuestra “re-ligación con Dios” es justamente el aceptar gozosamente nuestra de-pendencia de Él. Una de-pendencia gozosa, porque Dios se nos ha manifestado, en Cristo, como amor. Y de-pender del amor es un llamado a ser en el amor. Cuanto más somos “de”, más somos “para”.

• “Todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo”. La respuesta de la fe es un acto humano que se realiza en contexto de gratuidad y reconocimiento. Todo creyente auténtico es agradecido, humilde y “agraciado”.

• La fe prepotente, soberbia, excluyente, despreciativa… es una caricatura de la verdadera fe. Suele, además, coincidir con expresiones puramente externas. “Mucho ruido y pocas nueces”. Todas las obras buenas del fariseo de la parábola se reducen a dos: ayunar y pagar el diezmo. ¿Y el corazón?

• Para llegar al corazón de la fe, hay que mirar la súplica de quien todo lo espera de Dios. El publicano: “ten piedad de este pecador”. Re-hacer la vida desde Dios ¡Toda una esperanza! Eso, sí, siempre una “esperanza activa”. La oración no es una llamada a la pasividad.

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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