Cuaresma de la fe No. 20

Por P. Pedro Jaramillo

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

JUEVES

PRIMERA LECTURA: Jeremías 7,23-28

“Pero no escucharon ni prestaron oído, seguían sus planes, la maldad de su corazón endurecido, dándome la espalda y no la cara”.

Reflexión bíblica:

El texto de Jeremías que recoge nuestra lectura viene en contraposición a los dos versículos anteriores, referidos al culto: “cuando saqué a sus padres de Egipto, no les hablé de holocaustos y sacrificios. Ésta es la orden que les di”… (y sigue nuestra lectura)

Les pidió “obediencia”, para mantener la alianza: “yo será su Dios; ustedes serán mi pueblo” (ésta es la fórmula de la alianza). Les pidió caminar por el camino señalado (los mandamientos). El “camino” bíblico equivale siempre a un estilo de vida. La respuesta del pueblo fue: taparse los oídos, endurecer el corazón y dar la espalda a Dios. y “no la cara”. (Mirar a Dios cara a cara: ¡qué gran programa de vida!).

Desde la salida de Egipto hasta el tiempo de Jeremías, ésta había sido la historia. Dios no se da por vencido y lo intenta de nuevo. Esta vez, a través de los profetas. Pero, otra vez, oídos sordos y terquedad. Resultado: “fueron peores que sus padres”.

Una historia de pecado, desoladora. El Señor mismo desanima al profeta: no te escucharán y, aunque les grites, no te responderán. La denuncia es una acusación: son “la gente que no obedeció al Señor”. Son peores que sus antepasados. No escarmentaron. Han perdido la sinceridad.

La descripción profética es sombría. Es, sin embargo,una constante en la literatura bíblica. Alguien ha podido resumir la historia de la salvación así: es la historia de la fidelidad de Dios y la historia de la infidelidad del pueblo.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

• En la relación Dios/hombre, el hombre suele intentar “religarse” con Dios solamente a través del culto. Le parece que es la única respuesta digna de su Dios.

• Ya desde el Antiguo testamento, la relación se establece, sin embargo, desde la que Pablo llama “la obediencia de la fe”: “Obedézcanme, y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo”. No hay recíproca alianza, si no hay una fidelidad obediente.

La “obediencia de la fe” es exigente. Y, por ello, causa de muchos alejamientos de Dios. La actitud de cerrazón frente a Dios, descrita por el profeta, nos llega en en la moderna indiferencia: Dios no es una cuestión que interese.

Panorámica desalentadora la que Dios pone ante Jeremías. La percibimos también nosotros en nuestros renovados intentos de nueva evangelización: “ya puedes gritarles, que no te responderán”. Es triste, pero es así. Cada vez nos duele más la actitud calculadamente indiferente: “a palabras necias, oídos sordos” ¡Qué duro para un transmisor de la fe!

¿No hay, pues, espacio para la fe? Sí lo habrá, si sabemos “escarmentar” (¿Cómo nos ha ido o nos va, cuando damos la espalda a Dios?). Y si recobramos la sinceridad (el mirarle a la cara): en medio del desconcierto, arriesgarse a probar si por el camino de Dios nos va mejor. “Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor” (Sal 34,9) ¿Será que aún no lo hemos probado en serio? ¿Estamos rechazando a Dios o damos la espalda a una falsa imagen de Dios? La honestidad nos pide una respuesta.

EVANGELIO: Lucas 11, 14-23

“El que no está conmigo está contra mí. El que no recoge conmigo desparrama”.

Reflexión bíblica:

Una acción decidida de Jesús contra el maligno. La reacción de algunos, la sospecha: “expulsa los demonios con el poder de Belcebú, el príncipe de los demonios”.

Con el género literario de disputas, la postura de Jesús no deja lugar a réplicas: el demonio no puede estar contra el demonio. Jesús expulsa los demonios con el dedo (poder) de Dios. Lo que significa “que ha llegado a ustedes el reino de Dios”. El que es más fuerte (Jesús) ha vencido al fuerte (el demonio).

Así las cosas, el momento de la decisión ha llegado: “el que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”. “Recoger” y “desparramar” son dos hermosas imágenes. O “tenemos” la vida o la vida “nos tiene” y, lo que es peor, nos lleva a donde quiere. Necesitamos una decisión. No podemos andar con “una candela a Dios y otra al diablo”.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

La fe no entiende de “medias tintas”. No es una fe, como se dice ahora, “a la carta”: me quedo con lo que me gusta, y dejo lo que me desagrada.

• La presencia del Reino entre nosotros significa una urgencia: hay que tomar postura. No vale el hoy sí y mañana no.

La tentación de “endemoniar” a Jesús ha sido siempre una justificación para no creer en él y quedarse uno tranquilo.

La fe es un acto libre. Un acto, sin embargo, en el que nos jugamos mucho. En definitiva, nos jugamos el sentido de la vida. O aceptamos a Cristo como camino verdad y vida, recogiendo con él. O la desparramamos, viviendo a nuestro antojo. La oferta está ahí. La decisión es nuestra.

 

Acerca de abpguatemala

Sección de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal de Guatemala.
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