Lectio Divina, 16 de Diciembre de 2018. Tercer Domingo de Adviento

Lectio Divina, 16 de Diciembre de 2018

Tercer Domingo de Adviento

Ciclo “C”

Página Sagrada:

Sof  3, 14‐18ª/ Isaías 12/ Fil 4, 4‐7/ Lc 3, 10‐18

Camino

Les repito:  Alégrense en el Señor

Invocación inicial

Ven, oh Espíritu Creador, visita nuestras mentes, llena de tu gracia los corazones que has creado. Sé luz para el entendimiento, llama ardiente en el corazón; sana nuestras heridas con el bálsamo de tu amor. Luz de eterna sabiduría, revélanos el gran misterio de Dios Padre y del Hijo unidos en un solo amor. Amén.

Texto

10 La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer entonces?». 11 El les respondía: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto».

12 Algunos publicanos vinieron también a hacer bautizar y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?». 13 El les respondió: «No exijan más de lo estipulado».

14 A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Juan les respondió: «No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo».

15 Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, 16 él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. 17 Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible»

18 Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

Lectio

Lucas manifiesta una gran preocupación por situar los acontecimientos salvíficos en el contexto de la historia universal. Por ello comienza con la mención de las autoridades civiles reinantes en el Imperio romano, en Israel y en Siria; a las que suma la autoridad religiosa: los sumos sacerdotes. “Situando estos acontecimientos en la historia universal, el autor sugiere que tales acontecimientos interesan a la humanidad entera” (L. Monloubou).

A continuación añade: “Dios envió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto”. La localización de Juan en el desierto (allí residía según Lc 1,80) le sirve a Lucas para vincular este hecho con la profecía de Isaías que citará a continuación (“voz que grita en el desierto” en 3,4). A su vez deja en claro que ninguno de los grandes y poderosos recién nombrados, que habitan en ciudades principales, es destinatario de la Palabra de Dios. La expresión “fue dirigida la palabra de Dios…” nos recuerda el inicio de la mayoría de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Es posible que Lucas quiera presentar la actividad de Juan Bautista como el regreso de la profecía a Israel para anunciar los tiempos mesiánicos. Es decir, Lucas afirma que la Palabra de Dios se dirige otra vez a un profeta, a Juan el Bautista, quien la recibe en el desierto. Y enseguida se describe su misión: “comenzó a recorrer la región del Jordán anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados”.

La llegada u ofrecimiento de la salvación de Dios en Cristo supone una preparación o disposición por parte de los hombres: es la misión del precursor que invita a la conversión, esto es, a redescubrir las exigencias de la Alianza con el Señor y a ponerlas en práctica. “El bautismo de agua de Juan sella la decisión personal de poner toda la vida bajo el juicio de Dios y no esperar más que su perdón”. (F. Bovon)

La cita de Is 40,3-5 que sigue nos remite al regreso del exilio como obra de Dios, como consolación para los desterrados. Los caminos deben prepararse, todo debe predisponerse para la magnífica obra redentora de Dios, para un nuevo éxodo. La novedad está en que el Señor que viene es Jesucristo, en quien todos verán (que aquí se entiende como tomar parte) la salvación de Dios.

A la luz de esta cita del profeta, Juan Bautista no anuncia un juicio condenatorio de Dios, sino la posibilidad de una salvación ofrecida a todos. Aparece aquí una particularidad de la teología de Lucas quien prolonga la citación de Isaías para incluir la perspectiva de la salvación universal: “todos los hombres verán la salvación de Dios”.

Meditatio

Mientras el domingo pasado la mirada creyente se orientaba al futuro, al Señor que vendrá al fin de los tiempos, ahora se vuelve al pasado para meditar sobre la preparación de la “venida” histórica de Jesús. Miramos hacia lo que ya pasó para saber cómo esperar en el presente lo que vendrá. Esta es la tensión propia del adviento entre las dos venidas del Señor: la Encarnación y la Parusía.

Además del tema de la venida del Señor, que es el eje organizador de todo este tiempo litúrgico del adviento; tenemos como tema propio de este segundo domingo la preparación o conversión del corazón para recibir la acción salvadora de Dios que viene. La esperanza en la Salvación que viene de Dios despierta alegría y entusiasmo. Él puede cambiar lo que para nosotros es imposible. Él y sólo Él puede traernos la salvación. De este modo la esperanza del adviento encuentra su sentido pleno: se trata de poner nuestra confianza en Dios, tan seguros de su amor misericordioso que, aunque vivimos en el “ya pero todavía no”, nuestro corazón se llena de alegría.

La predicación de Juan Bautista nos precisa con claridad el objeto de nuestra esperanza: la salvación de Dios. Esto es lo que debemos creer y esperar. Es el desafío de la fe: creer en la acción de Dios, en su misericordia. La medida de esta fe será la medida de los frutos del adviento y de la navidad en nosotros.

Al respecto el papa Francisco nos dice: “el Adviento sirve para ‘purificar la esperanza’, para prepararse ‘al encuentro definitivo con el Señor’. Porque aquel Señor que ha venido, ¡volverá! Y volverá para preguntarnos: ‘¿Cómo fue tu vida?’. Será un encuentro personal. Nosotros, el encuentro personal con el Señor, hoy, lo tendremos en la Eucaristía y no podemos tener un encuentro así, personal, con la Navidad de hace dos mil años: tenemos la memoria de aquello. Pero cuando Él vuelva, tendremos aquel encuentro personal. Es purificar la esperanza”. (homilía 3 de diciembre de 2018)

Y esta alegre esperanza nos mueve a prepararnos para recibir esta gracia, lo cual es una invitación a la conversión propia del adviento. El primer paso en este camino de conversión es ir al desierto para escuchar la palabra como el Bautista. La Palabra de Dios vino a Juan en el desierto, y “decir desierto significa silencio, búsqueda de la esencialidad, lucha contra la propia soberbia y contra los múltiples enemigos del alma, escucha atenta de la Palabra, distancia crítica de las “modas” y juicios demasiados precipitados” (G. Zevini – P. G. Cabra).

Y la Palabra de Dios de hoy “es una apremiante invitación a abrir el corazón y acoger la salvación que Dios nos ofrece incesantemente, casi con terquedad, porque nos quiere a todos libres de la esclavitud del pecado” (Francisco, Ángelus del 6 de diciembre de 2015). Por tanto, en este segundo domingo se nos pide particularmente una actitud de conversión entendida como apertura a la Gracia, entendida como fe firme en la obra de Dios en nosotros, en su querer realizarla y en su poder llevarla a cumplimiento. Si disponemos nuestro corazón y nuestra comunidad, todos podremos ver/gustar la salvación de Dios.

1. ¿Creo y espero la salvación que sólo Jesús puede darme?

2. ¿Siento alegría interior porque el Señor viene a mi vida?

3. ¿Voy a los desiertos de mi vida para escuchar la Palabra del Señor?

4. ¿Qué caminos de mi vida deben ser enderezados para la venida del Señor?

5. ¿Qué desánimos deben ser rellanadas y qué orgullos aplanados?

6. ¿Estoy dispuesto a que el Señor haga su obra en mí, aunque duela?

Oratio

Gracias Jesús por entrar en la historia.

Gracias por la vida y la voz de Juan,
el Bautista.

Abre mis oídos a los gritos de tantos hermanos.

En ellos he de
escucharte.

Sé Vos, el Dueño de mi confianza.

Que desconfíe de lo fácil y de lo
cómodo.

Hazme dócil, quiero que endereces lo que me desvía de tu Proyecto.

Aplana mis orgullos, mi querer ser más que los demás.

Renuévame la alegría
sincera y purifícame la esperanza.

Sácame de un tirón las angustias y todo lo
que me aleja de amar y servir.

Aquí estoy con todo lo que soy, sólo Tú puedes
salvarme.

Contemplatio

Jesús ayúdame a disponer mi corazón y mi comunidad para ver y gustar la salvación que solo Dios nos trae.

Actio

Durante esta semana me propongo tener un gesto fraterno con un desconocido. Pues por allí pasa también la salvación de Dios.

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Lectio Divina, 9 de Diciembre de 2018

Lectio Divina, 9 de Diciembre de 2018

Ciclo “C”

Segundo Domingo de Adviento

Página Sagrada:

Ba 5, 1‐9/Salmo 125/Fil 1, 4‐6.8‐11/Lucas 3, 1‐6


Voz que grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor”

Invocación inicial

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles,

y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu espíritu creador, y renueva la faz de la tierra.

Amén

TEXTO

1 El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítida, y Lisanio tetrarca de Abilene, 2 bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, la palabra del Señor se dirigió a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Juan recorrió toda [la] región del río Jordán predicando un bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro del profeta Isaías:
Una voz grita en el desierto:
   Preparen el camino al Señor,
   enderecen sus senderos.

5 Todo barranco se rellenará,
   montes y colinas se aplanarán,
   lo torcido se enderezará
   y lo disparejo será nivelado

6 y todo mortal verá
   la salvación de Dios.


Lucas 3, 1‐6

Lectio

El Adviento para la comunidad de los discípulos y testigos de Cristo se presenta como un camino que lentamente avanza hacia el gozo de Navidad, con los ojos fijos sus ojos en esa “venida del Señor”: en su recorrido a través de la Palabra, esa comunidad descubre el gozo por la obra de Dios en favor de su pueblo. Se trata de una etapa que ahora invita a la comunidad situada en el mundo a testimoniar mediante la alegría. Una alegría muy diversa del “gozar” materialista del mundo que por muy diversos caminos (comerciales, propagandísticos, escapistas) también prepara en este tiempo una alegría que olvida muchas veces la presencia de Cristo en los hermanos. Por ello la voz de dos profetas, Baruc y Juan Bautista, advierte lo que está por suceder como obra del Señor: el rescate y el retorno de su pueblo (primera lectura) y la consolación de los que sufren (Evangelio). San Pablo por su parte también despierta a la comunidad de los Filipenses para que advierta la profundidad obra de Dios en sus vidas (segunda lectura). En este segundo domingo de Adviento, la comunidad discipular deberá por tanto renovar y purificar su alegría, al mismo tiempo que consagrarse a difundir el Reino de caridad de Aquel que viene.

LA voz de Juan Bautista, sirve de eco de Adviento a la del profeta Baruc. También el Bautista desempeñó un ministerio profético en una situación dura y confusa en la Palestina del siglo I de la era cristiana: aparte de la ocupación romana, de la opresión de parte de los malos reyes, estaba la desorientación y la división religiosa de aquel tiempo. Retomando el mensaje de profetas antiguos, el Bautista lanza un mensaje con claras urgencias. Dos partes componen el texto presentado en este domingo:

  1. La descripción histórica: que sitúa aquí y ahora la acción salvadora del Señor (VER vv. 1‐3a). Hay datos importantes más allá de sí mismos, son el testimonio de que “la alegría puede comenzar ahora” en un tiempo y lugar concretos de la acción de Dios”. En medio de una situación, ya descrita como imperfecta, marcada por el pecado, pero también por la esperanza, allí; la Palabra actuará una vez más (VER v. 3a) como siempre lo ha hecho, para hacer surgir la vida y la luz donde antes reinaron oscuridad y muerte.
  2. La figura del Bautista, mensajero de Dios, y su misión (VER vv.3b‐55):
  • Su obra (vv. 3‐4) Juan encarna al profeta que Dios siempre envía a preparar el Adviento de su Mesías mediante una transformación a profundidad: la conversión. Juan cumple su misión viniendo “del desierto” de lo inesperado, como fue el surgir de Israel entrando a la tierra.
  • Su impacto (v. 5) que es descrito por las palabras del mismo Isaías: será uno que invite a transformarse a fondo como en una obra física de aplanamiento y relleno de montañas y valles: se trata de un tiempo en el que toda idolatría, situación de pecado y de orgullo deben de transformarse preparando el corazón para Dios y su obra de salvación.

MEDITACIÓN

a. ¿Estamos conscientes del paso y del actual del Señor en nuestro mundo? ¿o somos, con nuestro pesimismo, profetas de la ausencia de Dios?

b. ¿Somos capaces de cultivar la verdadera alegría que surge de contemplar con esperanza que Dios va actuando a pesar de que alrededor parezcan reinar el pecado y la muerte?

c. ¿Qué hay en nosotros que se opone (como montaña que deba ser abajada o valle que deba rellenarse) al paso de Dios por nuestra vida familiar, social, nacional? ¿cuál es nuestro compromiso por hacer posible
el paso de quien trae la paz, la verdad, la vida verdadera?

d. ¿Somos suficientemente cercanos a los que viven en pesimismo, nostalgia, desesperación, sufrimiento o simple indiferencia, como para ser para ellos la voz profética que anuncia y testimonia la venida de
Cristo?

ORACIÓN

¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de sus consuelos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

CONTEMPLACIÓN

Meditamos leyendo lentamente el Salmo 125.

ACCIÓN

Hoy hablaré a alguien del verdadero significado de la Navidad y el Adviento, muy distinta de el frenesí comercial que impera actualmente.

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Lectio Divina, 2 de Diciembre de 2018. Primer Domingo de Adviento

Lectio Divina, 2 de Diciembre de 2018. Primer Domingo de Adviento

Ciclo “C”

Página Sagrada:

Jer 33, 14‐16 /  Salmo 24 / 1Tes 3, 12‐4,2/ Lc 21, 25‐28

Verán venir al Hijo del hombre con gran poder y gloria

Invocación inicial

Espíritu Santo ilumíname para que, junto a María, pueda acoger la Palabra. Espíritu Santo, hazme dócil para recibir el mensaje que me tienes preparado.Espíritu Santo, ayúdame en este tiempo de espera para poder encarnar la Buena Noticia y compartirla con los demás.

Amén

Texto

25«Habrá señales en el sol, en la luna y en los astros, y las naciones se llenarán de angustia en la tierra por el temor que les provocará el rugido del mar y de las olas. 26La gente quedará sin aliento por el miedo, previendo lo que está por venir sobre el mundo, porque hasta las fuerzas del cielo se conmoverán 27Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria. 28 Cuando comiencen a suceder estas cosas, tengan ánimo y levanten la cabeza,porque se acerca su liberación». 34 «¡Estén atentos! No vaya a suceder que sus corazones queden embotados por el vicio, las borracheras y las preocupaciones de la vida, y ese día los tome de sorpresa, 35 como una trampa, porque vendrá sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Manténganse despiertos, orando en todo momento, para que puedan escapar de todas estas cosas que van a suceder y puedan así presentarse sin temor ante el Hijo del hombre».

Lectio

Algunas preguntas para una lectura atenta:

1. ¿Qué señales cósmicas sucederán en aquel día y qué provocarán en la gente?

2. ¿Quién vendrá en aquel momento y cómo hay que reaccionar ante esta venida?

3. ¿Qué actitud recomienda Jesús para este momento?

4. ¿Qué hay que evitar como tentación?

Algunas pistas para comprender el texto:

 El evangelio de este domingo nos pone de modo inmediato frente a la consideración del fin del mundo. En este fragmento del discurso escatológico de Lucas, utilizando la simbología propia del género apocalíptico, se nos dice que aquellos astros (sol, luna y estrellas) que Dios colocó para regir el tiempo (cf. Gn 1) nos darán las señales de la llegada del fin.

Estos signos apocalípticos, en cuanto reveladores, generan división entre los hombres.Así tenemos, por un lado, la reacción primera y primaria ante esta realidad del fin por parte de los pueblos que será la angustia; y por parte de los hombres que será el pánico (“los pueblos serán presa de la angustia…los hombres desfallecerán de miedo”).

Por otra parte, todo este cuadro de conmoción cósmica no es más que el marco del anuncio de la llegada del Hijo del hombre “lleno de poder y de gloria”. El título de“Hijo de Hombre” que Jesús se aplica aquí está inspirado en Dn 7,13-14 y representa al Mesías como juez escatológico. Se trata, por tanto, de su venida al fin de los tiempos para juzgar al mundo. Ante esta manifestación los discípulos deben “tener ánimo y levantar la cabeza”. El contraste con “los pueblos y los hombres” es claro; y es la esperanza la que hace la diferencia.Mientras los hombres en general serán presa del pánico, los cristianos son invitados a la confianza, a tener ánimo porque su venida les trae la salvación,la liberación.

Para lograr esto se requiere una actitud vigilante, de allí la advertencia del evangelio de hoy a “no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida”. El mayor daño que esto causa es la pérdida de la atención y su consecuencia será que el día de la venida del Señor nos tome por sorpresa, sin estar esperándolo debidamente. La actitud requerida es entonces una conciencia atenta y vigilante, la cual es fruto de la oración, de la súplica o ruego incesante, que pide aquí el Señor a sus discípulos.

Meditatio

Cada adviento la Iglesia pone al cristiano en situación vital de esperanza: debe esperar, vinculado a todo el Antiguo Testamento, la llegada de la liberación departe de Dios. La espera del creyente es en el fondo la esperanza en un encuentro definitivo con Dios. Aquí la fe, en cuanto encuentro con Dios, es la sustancia de lo que esperamos.

Despertar esta esperanza trascendente, teologal, es la gran dificultad y, por ello, el gran desafío al comenzar el ADVIENTO. La principal dificultad está en que el hombre posmoderno vive en lo inmediato y se conforma con ello. Su horizonte muchas veces no va más allá del consumo, y esto se nota cada vez más en la forma de vivir y celebrar la Navidad sin distinción de clases sociales. En algunos es un consumismo de hecho; y en otros es sólo un consumismo de deseo. De una manera u otra, sólo el bienestar individual aparece como objeto de espera y de conquista.

Pero más allá de condenar esta actitud de vida hay que entender que en el fondo responde al deseo de felicidad que todos tenemos. Sí, en la vida todos los hombres buscamos la felicidad, ser felices. La gran cuestión es ¿dónde se encuentra esa felicidad que buscamos? ¿Está sólo en el bienestar económico, en la posibilidad de consumo?

Es justamente aquí donde tenemos que presentar la verdad integral del evangelio como buena noticia que responde a este deseo de felicidad, legítimo sin lugar a dudas, pero cuyo objeto no se agota en las cosas de este mundo, en los bienes de consumo terrenal. Tenemos que presentar la Buena Noticia de la alegría de la Salvación que por su misericordia Dios obra en nuestro corazón si lo abrimos a Cristo: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (E. G. nº 1).

Aún en medio de grandes dificultades, se nos invita a esperar esta salvación que viene sólo de Dios. Al respecto decía el Papa Francisco: “la salvación de Dios proclamada tiene el carácter de un poder invencible que vencerá sobre todo. De hecho, después de haber anunciado a sus discípulos las terribles señales que precederán su venida, Jesús concluye: «Cuando empiece a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza; se acerca su liberación» (Lc 21,28). Jesús, también en medio de una agitación sin precedentes, quiere mostrar su gran poder, su gloria incomparable (cf. Lc 21,27), y el poder del amor que no retrocede ante nada, ni frente al cielo en convulsión, ni frente a la tierra en llamas, ni frente al mar embravecido. Dios es más fuerte que cualquier otra cosa. Esta convicción da al creyente serenidad, valor y fuerza para perseverar en el bien frente a las peores adversidades. Incluso cuando se desatan las fuerzas del mal, los cristianos han de responder al llamado de frente, listos para aguantaren esta batalla en la que Dios tendrá la última palabra. Y será una palabra de amor” (homilía del 29 de noviembre de 2015).

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:

1. ¿En dónde busco la felicidad plena? ¿Queda lleno mi corazón cuando alcanzo eso que deseo?

2. ¿Me contagio del consumismo reinante en la celebración de Navidad?

3. ¿Espero realmente la salvación y la felicidad que me viene de y con Jesús?

4. ¿Dónde tengo puesta mi esperanza?

5. ¿Encuentro paz y esperanza en la Palabra de Dios?

 6. ¿Qué pienso hacer para prepararme a vivir una Navidad diferente, esperando y festejando la venida de Jesús a mi vida?

Oratio

Gracias Jesús por cada una de tus señales. Líbrame de querer tener todo ya y de la vorágine de este tiempo. Que mi esperanza no se detenga en las cosas pasajeras. Dame la certeza de la alegría que no termina nunca. Regálame Jesús, en este tiempo, poder prepararme para tu Venida en navidad. Quiero encontrarme con Vos, pues sólo con Vos mi vida tiene sentido. Te lo pido de corazón.

Amén.

Contemplatio

Jesús ayúdame a preparar mi corazón para tu Venida.

Actio

Durante esta semana me propongo esperar a alguien en mi trabajo, en mi colegio o facultad, y compartir un rato de charla.

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Lectio Divina, 25 de Noviembre de 2018. Jesucristo Rey del Universo

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Daniel 7, 13-14 * Salmo 92 *Apocalipsis 1, 5-8 * Juan 18, 33-37


“Tú lo dices, soy rey”

Invocación inicial

¡Oh Padre! Tu Verbo ha llamado en la noche a mi puerta; prisionero y atado, sin embargo hablaba todavía, llamaba todavía, como siempre, y me ha dicho: “¡Levántate de prisa y sígueme!” Al amanecer, lo he visto prisionero en el pretorio de Pilato, y no obstante todo el dolor de la pasión, todo el abandono en el que se encontraba, Él todavía me conocía, me esperaba. Hazme entrar, ¡oh, Padre! Con Jesús en el pretorio, en este lugar de acusación, de condena, de muerte; es mi vida de hoy, mi mundo interior. Sí, todas las veces que tu Palabra me invita, es casi como entrar en el pretorio de mi corazón, lugar contaminado y contaminante, que espera la presencia purificadora de Jesús. Tengo miedo, Tú lo sabes, pero si Jesús está conmigo, no debo ya temer. Me quedo, Padre y escucho con atención la verdad de tu Hijo que me habla; miro y contemplo sus gestos, sus pasos, lo sigo, con todo lo que soy, con toda la vida que tú me has dado. Cúbreme y lléname de tu Santo Espíritu, te lo suplico.

Amén.

TEXTO

33 Entró de nuevo Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:
—¿Eres tú el rey de los judíos?
34 Jesús respondió:
—¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí?
35 Pilato respondió:
—¡Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
36 Contestó Jesús:
—Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
37 Le dijo Pilato:
—Entonces, ¿tú eres rey?
Jesús contestó:
—Tú lo dices. Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.

Juan 18, 33-37

Lectio

El fabuloso relato de la Pasión en el Evangelio de Juan, tiene un momento cumbre en el famoso “proceso romano” de Cristo ante Pilato, procurador romano de Judea. La página evangélica de hoy contiene elementos importantes:

La escena es nada menos que la confrontación de dos poderes: De una parte, Pilato, poder mundano, militar, bélico, de sumisión por la fuerza. Por otra, Cristo, potencia del amor del Padre que una vez entrado en el mundo causa un proceso irreversible: es el amor, no la potencia armada y aplastante, la fuerza que vencerá al final en el drama de la vida humana.

Así, el encuentro comienza con la incomprensión y rechazo de Israel al plan del “verdadero Reino de Dios”: ellos han entregado a Jesús a las fuerzas del mundo para aniquilar su reino de amor (VER v.33-35)

Pilato, incapaz de comprender lo que sucede en el fondo, interroga a Jesús sobre su potencia real mundana. La respuesta de Cristo es que su poder “viene de arriba”, le ha “sido dado” (cfr. 1ª lectura) y es de orden espiritual, como espiritual, más íntimo y más potente es el amor… o prueba el hecho de que no ha habido oposición armada a su reciente captura en el Huerto (VER vv.35.36).

Finalmente, viene la manifestación de Cristo Rey: a la pregunta definitiva de Pilato responde afirmativamente y es más, marca el camino de acceso a Él para quien quiera seguirlo: buscar la verdad, amar la verdad, seguir la verdad (cfr. Jn 14,3ss; VER acá v.37).

Meditatio

  • ¿Hasta dónde, en qué áreas concretas nuestra vida “pertenece a Cristo y su reinado de amor”? ¿nos resistimos a que Él nos libere del error del pecado?
  • Nuestra comunidad ¿ofrece al Señor acciones concretas en favor de los hermanos que necesitan los frutos del Reino de amor de Cristo? ¿o estamos ausentes en medio de las muchas necesidades de compromiso cristiano en nombre del Rey?
  • ¿Cómo testimoniamos delante de otros (ajenos quizás a nuestra fe) que pertenecemos al reino de la verdad, amor, verdad?

Oratio

Testigo fiel y verdadero del amor, nos invitas continuamente, oh Cristo rey del universo, a entrar en la libertad del reino de la vida. Tú puedes transformar nuestro corazón e iluminar en medio del mundo nuestras angustias y nuestra confusión: Tú eres la verdad que hace libre y la libertad que hace vivir; haznos cercanos a toda situación donde aún faltas Tú, rey de la vida.

Amén.

Contemplatio

La proclamación del Salmo 92 recoge dos sentimientos presentes sin duda en la contemplación de comunidad discipular de la Iglesia: por un lado, que la presencia del Reino de Cristo es necesaria y urgente en el mundo, prisionero de los efectos del pecado que sufren los más pobres y pequeños; por otro, la certeza que cada uno debe de hacerse servidor de ese Reino comenzando por poner en ello su amor y confianza.

Actio

1. Participar críticamente en toda decisión humana que necesite la presencia de los siervos del Reino del amor y fraternidad.

2. Iniciar una evaluación de la marcha de nuestra vida personal y comunitaria durante este año, examinando nuestra fidelidad al Reino de Cristo.

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Lectio Divina, 18 de Noviembre de 2018

Lectio Divina, 18 de Noviembre de 2018

Trigésimo Tercer Domingo Ordinario

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Dn 12, 1-3 * Salmo 15 * Heb 10, 11-14.18 * Mc 13, 24-32

Tormenta

“Reunirá a los elegidos de todas partes”

Invocación Inicial

Shadai, Dios de la montaña,
que haces de nuestra frágil vida
la roca de tu morada,
conduce nuestra mente
a golpear la roca del desierto,
para que brote el agua para nuestra sed.
La pobreza de nuestro sentir
nos cubra como un manto en la obscuridad de la noche

y abra el corazón para acoger el eco del Silencio
para que el alba
envolviéndonos en la nueva luz matutina
nos lleve
con las cenizas consumadas por el fuego de los pastores del Absoluto
que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro,
el sabor de la santa memoria.

Texto

24 En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, 25 las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. 26 Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. 27 Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.

28 Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. 29 Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta.

30 Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.»

Lectio

Sumamente rico en imágenes que hablan del “fin de los tiempos” es el discurso de Jesús de Nazaret en la página evangélica de Marcos. Urgido por sus discípulos en diversos momentos en su camino hacia Jerusalén sobre el fin del mundo (por ejemplo en Mc.13, 4) el Maestro llama la atención sobre lo que significa el final del mundo. Importa notar los elementos de su enseñanza:

a. Ante todo será la venida del Hijo del hombre, y es ello lo que debe importar a los discípulos suyos: que su venida será “en poder y majestad, es decir, con la intención de llevar a plenitud el Reino que ya vino a iniciar en el mundo (VER Mc.1, 14). Dicha venida en gloria para “resolver la historia total” tiene elementos simbólicos: a) Los fenómenos naturales que le acompañan: una venida en medio de “nubes”, (VER Ap 1,9ss), sol que se hace tinieblas, la luna sin brillo, estrellas que caen del cielo, ejércitos -constelaciones sin duda- que tiemblan etc. No son la predicción de hechos extraños sino que la indicación de que “la venida de Cristo” es importante y afectará toda la creación, renovándola, llevándola a su plenitud (VER vv. 24-25). b) La reunión de los elegidos dispersos, realizada por mensajeros – servidores (ángeles) se traduce como la finalidad del momento aquel: rescatar, llevar a una situación de salvación a los que han sido fieles y, aunque destruidos y dispersos por el mundo, confían y esperan en la victoria del Señor.

b. Lo anterior se complementa sin embargo con una fuerte llamada a la vigilancia responsable sobre el cómo se está preparando dicho momento de la historia. Hasta ese momento, mediante una pequeña comparación –la higuera en la cercanía de la primavera– se propone a los cristianos: a) Esperar: no decaer, como si la historia dependiera solo de los intereses humanos y Dios fuera un ausente de ella. b) Vigilar: no caer en “alarmismos” que en el fondo distraen de un compromiso más real e integral con el Reino de Dios. Hay que estar atentos a los signos de los tiempos (“las hojas de la higuera que comienzan a transformarse”) pero no de mal interpretarlos cayendo en actitudes de temor y falsa preparación. (VER vv. 28-29).

El Maestro asegura lo irreversible de la llegada de aquel momento: pero sus palabras no son una “amenaza” que impulse a “buscar significados o fechas extrañas”. Cuando dice: “esta generación no pasará”… se refiere a que cada generación está colocada ante la necesidad de dar una respuesta adecuada a la venida del Señor, a su constante venida en los acontecimientos que demandan de los cristianos una respuesta a la altura de su fe (VER v. 31).

Meditatio

  • ¿Confundimos la “Venida del Señor” con un espantoso fin del mundo? ¿nos dejamos llevar por el temor que cultivan muchos que hacen de estas páginas tan serias motivo comercial o de temor religioso?
  • ¿Con cuánta esperanza y entrega a la obra de su Reino estamos preparando personal y comunitariamente la “2a. venida”?

Oratio

Hacia Ti, Jesús hermano y redentor nuestro, va nuestra esperanza en esta hora final, nuestros ojos se levantan sobre tantos signos de los tiempos buscando en todos ellos tu rostro amado y esperado. Oh Cristo, siempre esperado y siempre anhelado, lleva a su término tu Reino en el mundo y transforma las situaciones de muerte en vida. Amén.

Contemplatio

La súplica del Salmo 15: “Enséñanos, Señor, el camino de la vida”, no expresa en ningún momento “temor ante la destrucción del mundo”, sino la certeza de la presencia constante de Dios en la vida del creyente, una presencia capaz de vencer el misterio de la muerte.

Actio

  1. Avivar la esperanza de quien desfallece en la contemplación del mal que parece guiar la historia del mundo.
  2. Discernir hoy las urgencias del Reino de Dios en el mundo.
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Lectio Divina, 4 de Noviembre de 2018

Lectio Divina, 4 de Noviembre de 2018

Trigésimo Primer Domingo Ordinario

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Dt 6, 2-9 * Salmo 17 * Heb 7, 23-28 * Mc 12, 28b-34

Conversación

“No estás lejos del Reino de los cielos”

Invocación inicial

Espíritu Santo, guíame para descubrir Lo que Jesús me tiene preparado en Su Palabra. Espíritu Santo, háblame Para poder escuchar la Buena Noticia. Espíritu Santo, comunícame lo más profundo del Evangelio Para poder anunciarlo y vivirlo en comunidad. Amén.

Texto

28 Uno de los maestros de la Ley que oyó la discusión y se había dado cuenta de lo bien que Jesús les había respondido, se acercó para preguntarle: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»

29 Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. 30 Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. 31 El segundo es este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que estos».

32 Entonces el maestro de la Ley le dijo: «¡Muy bien, Maestro! Tienes razón al afirmar que Dios es el único y no hay otro fuera de él, 33 y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

34 Jesús, al darse cuenta de que había respondido con acierto, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Lectio

Algunas preguntas para una lectura atenta

1) ¿Qué le pregunta el maestro de la Ley? ¿Por qué pregunta esto?

2) ¿De dónde toma Jesús la cita para responder? ¿Se trata de un mismo texto o de dos distintos?

3) ¿Cuál es el primer verbo de la cita y por qué es tan importante?

4) ¿A quiénes hay que amar?

5) ¿Está de acuerdo el maestro de la Ley con la respuesta de Jesús?

6) ¿Cómo se encuentra este hombre en relación al reino de Dios?

Algunas pistas para comprender el texto:

Un escriba o maestro de la ley se acerca a Jesús y le pregunta: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”. Para entender el porqué de esta pregunta debemos recordar que los rabinos contabilizaban un total de 613 mandamientos, cifra que resultaba de la suma de los 248 preceptos y 365 prohibiciones presentes en la Torá. El debate se centraba entonces en la posibilidad de distinguir entre preceptos “grandes” y “pequeños”; y en la gravedad de la falta que derivaba de su incumplimiento. En general el grupo de los fariseos pensaba que todos los mandamientos eran importantes y debían ser cumplidos con extrema fidelidad. Otros, en cambio, reconocían cierta jerarquía en los mandamientos y en las exigencias de su cumplimiento. Además, debatían sobre la existencia de un mandamiento que fuera el principio fundamental o regla de oro del comportamiento del judío fiel. La pregunta que el fariseo dirige a Jesús va sobre todo en esta última línea.

Jesús responde en primer lugar citando Dt 6,4s. Este texto forma parte del pasaje de Dt 6,4-9, que juntamente con Dt 11,13-21 y Nm 15,38-41, integran el famoso Shemá Israel (Escucha Israel), oración que desde finales del s. I no han dejado de rezar mañana y tarde los judíos observantes. Este texto expresa el imperativo de amar a Dios con la totalidad de la persona, con todas las fibras interiores, sin residuo y sin reserva.

Luego enuncia un segundo mandamiento con una cita Lev 19,18. Este versículo pertenece al Código de Santidad (Lv 17-24), y que contiene varias normas de índole más bien social, donde resaltan la del amor al prójimo y la del rechazo de la venganza. En fin, “el amor a Dios y del prójimo aparecen como un comentario resumido de ambas tablas del decálogo” (J. Gnilka).

A continuación viene la “devolución” del escriba quien repite la respuesta de Jesús con algunas modificaciones: acentúa la unicidad de Dios, une el amor a Dios con el amor al prójimo y los presenta como superiores a los holocaustos y sacrificios. Esto último implica una relativización del culto; o por lo menos, en la línea de los profetas, una subordinación del mismo al amor y a la respuesta de vida.

Jesús aprueba esta “devolución” del escriba diciéndole: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Es decir, está bien encaminado para llegar al Reino que hará presente Jesús.

Meditatio

El evangelio de hoy nos invita a meditar en la necesidad que todos tenemos de distinguir entre las cosas esenciales y fundamentales de la vida; de aquellas que son secundarias. Esta búsqueda de la unidad y la simplicidad es una tendencia en todos los órdenes de la vida, incluido el de la vida espiritual. Más aun, podemos decir que todo proceso de maduración en la vida conduce a una mayor simplificación o concentración en lo esencial y fundamental. Por ello no está de más recibir también nosotros con un corazón abierto la enseñanza de Jesús sobre el “primer mandamiento”, con todo lo que ello supone.

Para Jesús es muy claro que el primero y fundamental mandamiento es el amor. Más aún, como dice San Pablo, si no hay amor, caridad, mis obras, aún las extraordinarias, no valen nada (cf. 1Cor 13,1-3). Por tanto, es justo y necesario un permanente examen de amor y sobre el amor en nuestras vidas.

También es cierto que el amor, como todas las cosas sublimes y profundas, no es nada fácil de definir; y más aún si se trata del amor a Dios. Es importa dejar en claro que el amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor. Es propio de la madurez del amor que abarque todas las potencialidades del hombre e incluya, por así decir, al hombre en su integridad. Se trata de amar a Dios con todo nuestro ser.

En cuanto al segundo mandamiento, el del “amor al prójimo como a uno mismo”, remarcamos que el concepto de «prójimo» se refiere a cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. Así como Dios me pide en primer lugar amarlo con todo mi ser, también me pide que ame a mi prójimo como una prolongación y verificación del amor a Dios.

También es importante no perder de vista que en este segundo mandamiento hay dos amores: el amor al prójimo y el amor a uno mismo. En concreto, se nos manda amar al prójimo de la misma manera en que nos amamos a nosotros mismos. O sea que el amarse a uno mismo es también algo que Dios nos pide; pero no en primer lugar, sino en segundo lugar y en paralelo con el amor al prójimo.

En fin, amor a Dios, amor al prójimo, amor a sí mismo. Siempre el amor.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuáles considero los principales mandamientos de Dios en mi vida?
  2. ¿Uno o separo el amor a Dios del amor al prójimo?
  3. ¿Incluyo el amor a mí mismo junto con el amor al prójimo?
  4. ¿Priorizo el amor como lo primero que me pide Dios?
  5. ¿Comprendo que el amor da sentido a los sacrificios cultuales?

Oratio

Gracias Jesús por amarme como soy.

Quiero amar contigo al Padre, sin recortes.

Con todo lo que soy, lo que tengo.

Dame el regalo de la escucha. Sin apuros ni interrupciones.

Que amar sea mi prioridad.

Que me anime a amarme más: sólo así podré amar y más amar a mis hermanos.

Y el Reino no estará lejos. Amén.

Contemplatio

Jesús ayúdame a amarme para amar a los demás

Actio

Durante esta semana me propongo amar, escuchando sin interrumpir cuando me hablen.

*Cortesía de Lectionautas.com.

Autor: P. Damián Nannini.

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Lectio Divina, 28 de Octubre de 2018

Lectio Divina, 28 de Octubre de 2018

Trigésimo domingo Ordinario

Ciclo B

Página Sagrada:

Jer 31, 7-9 * Salmo 125 * Heb 5, 1-6 * Mc 10, 46-52

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“Maestro, que pueda ver”

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

46 Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo –Bartimeo, un mendigo ciego– estaba sentado junto al camino. 47 Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!». 48 Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!».

49 Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Entonces llamaron al ciego y le dijeron: «¡Animo, levántate! Él te llama».

50 Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. 51 Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?. Él le respondió: «Maestro, que yo pueda ver».

52 Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

Lectio

La estupenda narración de la curación del ciego Bartimeo encierra un mensaje paralelo al de la 1a. lectura cuyos puntos fundamentales son:

a. La presencia de Jesús en la historia humana es precisamente la de uno que ha venido para ser luz del que camina en tinieblas (Jn. 12,46), es decir, del hombre que camina desconcertado y oprimido por la historia de pecado que se va acumulando en el mundo. Jesús es el “siervo de Yahvé” que en su ministerio ha brillado y liberado del error a los que esperan en Dios, según profetizaba Is. 42,6-7 (VER).

b. A esta acción de Dios en su “siervo Jesús” debe de corresponder una actitud de esperanza como la que ya tenía el ciego Bartimeo, quien más allá de los regaños de las gentes clamaba al que creía como “Hijo de David”, quien dejando aquel manto en el que recogía limosna para vivir, saltó hacia el encuentro con Cristo (VER v. 47).

c. Dios, como hace acá Jesús, no ignora las pequeñas o grandes esperanzas que viven en el corazón de los pobres de espíritu (Mt.5, 3ss) y por ello se hace presente, para dar una respuesta a quien pone en Él su confianza:

  • Jesús se detiene y manda llamarlo (v. 49).
  • Jesús acude, como servidor de la liberación que viene de Dios, y concede a aquel hombre lo que quiere y espera (v.50).

d. Del encuentro con el Dios que actúa en la vida del hombre, nace entonces del deber y deseo de seguirle como discípulo. Es precisamente lo que hace Bartimeo, quien no importándole ya el hecho de su propio beneficio conseguido (la vista, la dignidad, las posibilidades de vida) ahora entrega su vida al que le ha sanado (VER v. 52).

En síntesis: Porque lo deseaba ardientemente, Bartimeo encontró la vista, pero más que eso, encontró la Luz; encontró a uno que se le planteó como camino a seguir, quien libera a profundidad la vida del hombre de toda oscuridad y experiencia de muerte. El ciego Bartimeo comprendió que al decirle “Animo, te llama” otros testimoniaban el paso de quien le podía hacer ver y al mismo tiempo convertirse para él en la riqueza grande que no poseía como mendicante:
esa riqueza no es otra que el poder ser discípulo y testigo de Cristo en el mundo.

Meditatio

  • ¿Hasta dónde, en realidad, llega nuestra capacidad de ver la acción de Dios en los acontecimientos que han sucedido o están sucediendo? ¿No dejamos más bien, lugar a una cierta idea pesimista de que Él está ausente?
  • Nuestra ceguera ¿nos hace olvidar que delante de Él somos ciegos, cojos, necesitados de ayuda? ¿Acaso sufrimos y hacemos sufrir las consecuencias del pecado personal o social sin recurrir a quien puede salvamos y hacernos ver?

Oratio

Permite que te sigamos por el camino, oh Cristo, que has librado nuestra vida de las sombras del pecado y la muerte, permite que dejando todo aquello en lo que hemos ciegamente confiado, seamos en el mundo presencia amorosa de tu Reino entre los hombres. Y continúa abriendo nuestros ojos ante los signos de tu paso: que podamos decirte en medio de todos: “piedad de nosotros, hijo de David, llena nuestras vidas de tu gracia”. Amén.

Contemplatio

El Salmo 125 recoge la que muy bien pudiera ser la expresión agradecida de Bartimeo: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” Recoge la experiencia del paso de la desgracia a la dicha, de la ceguera a la visión.

Actio

  1. Examinar cómo ha estado presente el Señor en nuestra vida personal y comunitaria durante este año.
  2. Hacer posible su paso en las vidas de quienes ya le esperan desde una condición de sombras en la sociedad actual (violencia, ignorancia, marginación, pobreza…).
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