Comentario Bíblico, 23 de junio de 2019

Solemnidad del Cuerpo y Sangre del Cristo

Ciclo “C”

Página Sagrada:

Gen 14, 18-20/1Co 11, 23-26/Lc 9, 11-17

Todos comieron y se saciaron

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Texto

11 Pero la multitud se dio cuenta y lo siguió. El los recibió, les habló del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados.

12 Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto». 13 El les respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Pero ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente». 14 Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: «Háganlos sentar en grupos de cincuenta». 15 Y ellos hicieron sentar a todos.

16 Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud. 17 Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

Comentario a las lecturas

Durante el ciclo C la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo invita a la comunidad discipular a meditar en la presencia sacramental de su Señor: es decir, a vivir intensamente esa forma nueva y “misteriosa” de encontrarlo en el camino del discipulado y del testimonio. El misterio de la totalidad de la persona de Cristo presente en la Eucaristía viene profetizada por la acción de gracias del rito antiguo (primera lectura del Génesis), encuentra su cumplimiento en Aquel que simbolizó su entrega al mundo en la multiplicación de los panes (Evangelio), y toma forma definitiva para la comunidad en el “memorial de la cena” establecido por el mismo Cristo (segunda lectura de la Primera Carta a los Corintios): la celebración y en el compromiso que nace de ella, la Iglesia de todos los tiempos se nutre del Cuerpo y la Sangre de su Señor “hasta que Él vuelva”.

1ra. Lectura: El relato de la “acción de gracias” ofrecida por Melquisedec, rey de Salem, es el final feliz de la acción heroica de Abraham el “rescatador” de Lot, narrada antes en Gen 14, 1-16. En la narración actual aparecen:

1. La ofrenda de Melquisedec, pan y vino, restaura las fuerzas de Abraham, y de los suyos, luego del combate: dos especies alimentarias y simples –pan y vino- tiene la fuerza de nutrir a los que han vivido la fraternidad hasta las últimas consecuencias, como lo son poner la propia vida en peligro (VER v.18)

2. Ese gesto tiene de pronto carácter de ofrenda sacerdotal: el misterioso rey de Salem une en sí mismo las funciones sacerdotal y real, prefigurando la personalidad de “otro sacerdote-rey” que hará una ofrenda también de pan y vino, signo de sí mismo (VER vv.19-20).

Evangelio: Por su parte, Jesús de Nazaret alimenta a una gran muchedumbre en un acontecimiento donde interesan varios detalles:

1º) El milagro de la multiplicación de los panes ocurre en medio del ministerio de misericordia del Señor quien “predicaba y sanaba los enfermos” de aquella multitud que le buscaba intensamente como fuente de vida y verdad (VER antes Lc 9, 10-11; ver acá v. 12).

2º) Las acciones de Jesús son sacerdotales y recuerdan las de Melquisedec: Él bendice y reparte a los necesitados (VER v. 16). San Lucas subraya este aspecto al describir las acciones que Jesús dejo vivas en la memoria y práctica de la comunidad de sus discípulos: “tomó el pan, levantó los ojos al cielo, lo bendijo, lo partió y se los dio”.

3º) Anteriormente ha lanzado a sus discípulos el desafío de saciar aquella necesidad de las gentes (VER v. 13), pero su intención es obrar el mismo la provisión del alimento, si bien también se servirá del grupo discipular para hacer llegar los panes y los peces a la muchedumbre (VER vv. 16-17)

4º) Finalmente, lo extraordinario del milagro es que de muy poco, de casi nada, se nutre una multitud inmensa: con ello claramente se indica que han llegado los tiempos mesiánicos, es decir, el tiempo de la salvación donde los milagros prodigiosos del Éxodo se repiten pero de modo más intenso: ahora, verdaderamente hay Uno que es más que Moisés: para testimonio queda a los escuchas de la narración comparar los cinco panes y los dos peces con los “doce canastos” que sobraron luego de que “todos comieran y se saciaran” (VER v. 17)

2da. Lectura: El famoso texto del relato de la institución de la Eucaristía en la Primera Carta a los

Corintios coloca a la Iglesia de todos los tiempos ante una acción no solamente fundamental sino

constitutiva de la Iglesia misma: ella es la “comunidad que cumple el mandato del Señor” en la realización de su “banquete memorial” de su Cuerpo y de su Sangre:

1. Pablo cita lo sucedido en la Última Cena para recordar que estamos ante un mandato del Señor mismo: Él ha establecido “esta Eucaristía” como parte de su misterio de entrega y donación por la salvación del mundo (VER vv. 23-24)

2. Interesa notar que el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo son el signo de su amor: su “presencia real” en ellos es al mismo tiempo su entrega constante “por ustedes –los circunstantes de la Cena- y por todos los hombres” (VER v. 24)

3. Finalmente., se celebra una alianza nueva, fundada ya no sobre el acto mecánico del sacrificio de una víctima sino sobre el amor de Aquel que se entrega en alimento y aquellos que han de recibirlo para vivir una vida verdaderamente nueva, movida por amor y la esperanza “hasta que él vuelva” (VER vv. 24-26).

Cultivemos la Semilla de la Palabra:

a. Nuestra celebración eucarística ¿es expresión del discipulado-testimonio que nos unen a quien se entrega en su Cuerpo y en su Sangre?

b. La celebración del sacerdocio de Cristo que bendice, parte y entrega su mismo ser a la comunidad

¿hace más fuerte nuestra devoción a la Eucaristía misma?

c. Nacida del amor de Dios a los hombres, nuestra celebración eucarística ¿comparte ese sentimiento por las necesidades espirituales y materiales de todos?

d. ¿Recordamos que la Eucaristía es alimento en el camino y que nos prepara a un momento de

encuentro más intenso con Dios más allá de la vida presente?

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Comentario Bíblico, 9 de Junio de 2019

Domingo de Pentecostés

Ciclo “C”

El Espíritu que resucitó a Jesús habita en ustedes

Lectio Divina

Texto Sagrado:

Hechos 2, 1-11; Salmo 103; 1 Corintios 12, 3b-7.12-13; Juan 20, 19-23

Invocación inicial

Señor, Padre misericordioso, en este día santísimo yo grito hasta ti desde mi cuarto con las puertas cerradas; a ti elevo mi oración desde el miedo y la inmovilidad de la muerte. Haz que venga Jesús y que se detenga en el centro de mi corazón, para arrojar toda miedo y toda oscuridad. Haz que venga tu paz, que es paz verdadera, paz del corazón. Y haz que venga tu Espíritu Santo, que es fuego de amor, que inflama e ilumina, funde y purifica; que es agua viva, que salta hasta la vida eterna, que quita la sed y limpia, bautiza y renueva; que es viento impetuoso y suave al mismo tempo, soplo de tu voz y de tu respiro; que es paloma anunciadora de perdón, de un comienzo nuevo y duradero para toda la tierra.

Manda tu Espíritu sobre mí, en el encuentro con esta Palabra, en este encuentro con tu Palabra, en la escucha de ella y en la penetración de los misterios que ella conserva; que yo sea colmado y sumergido, que sea bautizado y hecho hombre nuevo, por el don de mi vida a ti y a los hermanos. Amén, aleluya.

Texto

19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». 22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. 23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Meditación

Pentecostés es la gran fiesta misionera. Con la efusión del Espíritu Santo, la Iglesia se hace misionera. El anuncio de Pedro alcanza a la diversidad de los pueblos, con sus diferentes lenguas. Pedro predica la muerte y la resurrección de Cristo.

Las lecturas bíblicas nos están hablando de la venida del Espíritu Santo: “se llenaron todos del Espíritu santo y empezaron a hablar…” Con el salmista, le hemos pedido al Señor que envíe su Espíritu y repueble la faz de la tierra. Las lecturas nos recuerdan también que hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo. El evangelio nos narra como Jesús en un soplo Divino comunica el Espíritu Santo a sus Apóstoles.

Estamos celebrando la solemnidad de Pentecostés. Estamos en el quincuagésimo día, en el día número 50, desde la resurrección de Jesús.

La pascua de Cristo es una sola con varios aspectos: la Resurrección de Cristo; la Ascensión de Cristo al Cielo; la venida del Espíritu santo, sobre los apóstoles.

Hoy, celebramos el misterio de Pentecostés, la plenitud del misterio de la Pascua, en la efusión del Espíritu Santo. Celebramos el fuego de vida y de amor que el Espíritu Santo encendió en la Iglesia para que arda en el mundo entero. Ya lo había dicho Jesús: “He venido a traer fuego a la tierra y cuanto deseo que arda”… y ese fuego, no se apagará jamás. Ese fuego es el Espíritu Santo, que viene a guiarnos y a conducirnos hasta la verdad plena.

Cuando el Espíritu Santo se derrama sobre los apóstoles y sobre la Virgen María… percibimos, una serie de signos: el viento, el fuego que se pueden oír y se pueden ver y son como un preludio de la realidad. Y la realidad es que los apóstoles, “quedaron llenos del Espíritu Santo”.

En el alma, en el corazón, en el ser de los discípulos, en su interior, el Espíritu Santo los ha ungido con su presencia… El Espíritu Santo está en ellos.

Llenos del Espíritu Santo, que los llena de valor, los apóstoles, abren las ventanas, de la casa donde estaban escondidos por miedo a los judíos, quitan las trancas de las puertas, las abren de par en par, y salen a la calle a predicar. Ahí en Jerusalén, hay una multitud internacional, pluricultural y multilinguística… hay gente que habla diversos idiomas… y ahí se da el milagro…Los discípulos comienzan a hablar en lenguas, es decir, ellos predican, el Espíritu Santo pone en los labios de los discípulos, el Kerigma, el primer anuncio de la muerte y resurrección de Cristo: “Ese Cristo al que ustedes mataron, Dios Padre lo ha resucitado de entre los muertos…”

Y los no convertidos creen, y los que hablaban diferentes idiomas, entienden…pues el Espíritu Santo da capacidad para comunicarse y entenderse… el Espíritu Santo da capacidad para amar…

Frente a esta predicación de los apóstoles, la gente queda estupefacta, esa gente es una multitud internacional y pluricultural, ahí hay gentes de diferentes pueblos y de diferentes lenguas, colores y culturas y todos comprenden, todos entienden el Kerigma, que Cristo murió y resucitó para salvarnos. Todos comprenden el lenguaje del amor, de aquel que amó hasta el extremo. Aquel día se bautizaron unas tres mil gentes… y así se comenzó a formar las pequeñas comunidades Cristianas, en la comunión de la Diversidad. En esas pequeñas comunidades el centro es Cristo y Reina el amor.

Aquel pueblo exclamó. “todos los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”

Y todos quedaron llenos del Espíritu santo. Y nosotros llenos del Espíritu Santo… prediquemos el Kerigma, la muerte y resurrección de Cristo por amor, para la salvación del cosmos entero. Vamos a predicar a Cristo, al mundo entero.

Pentecostés, es comunión, comunicación, entendimiento, unidad….

Ecos para la semana

  • Lunes: Conversa con un amigo(a) sobre el acontecimiento de Pentecostés.
  • Martes: ¿Qué diferencia encuentras entre la torre de Babel y Pentecostés?
  • Miércoles: ¿Cómo el Espíritu santo hace superar las diferencias y une en lo esencial a la Iglesia?…
  • Jueves: Tú, personalmente ¿Estás lleno del Espíritu Santo?..
  • Viernes: ¿Cómo obra el Espíritu santo en la Iglesia Católica?…
  • Sábado: ¿Tú y tu familia se dejan guiar por el Espíritu Santo?…
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Comentario Bíblico, 19 de mayo de 2019

Quinto Domingo de Pascua

Página Sagrada:

Hch 14, 21b-27; Sal 144; Ap 21, 1-5a; Jn 13, 31-33a. 34-35

Invocación inicial

Señor Jesús ayúdanos a entender el misterio de la Iglesia, comunidad de amor. Al darnos el mandamiento nuevo como constitutivo de la Iglesia, tú nos indicas que es el primero en la jerarquía de valores. Cuando estabas a punto de despedirte de tus discípulos, has querido ofrecer el memorial del mandamiento nuevo, el nuevo estatuto de la comunidad cristiana. No fue una piadosa exhortación, sino más bien, un mandamiento nuevo, que es el amor. En esta ‘relativa ausencia’ estamos invitados a reconocerte presente en la persona del hermano. En este periodo de la Pascua, Señor Jesús, tú nos recuerdas que el tempo de la Iglesia, es el tiempo de la caridad, es el tempo del encuentro contigo mediante los hermanos. Sabemos que al final de nuestra vida nos juzgarán sobre el amor. Ayúdanos a encontrarnos en cada uno de nuestros hermanos y hermanas, aprovechando las pequeñas ocasiones de cada día.

Texto

31 Después que Judas salió, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. 32 Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

33 Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: «A donde yo voy, ustedes no pueden venir». 34 Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. 35 En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros».

Meditación

En este contexto de la glorificación, de la resurrección  de Jesús, el amor. Decía San Juan de la Cruz  que “a la caída de la tarde, nos examinaran sobre el amor.  Al discípulo se le reconoce por el amor. ¿Podrá descubrir la gente en nosotros a un verdadero discípulo del amor?

Las lecturas bíblicas nos hablan de los viajes misioneros de Pablo y Bernabé. Ambos contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.  Apocalipsis nos habla de la nueva Jerusalén, de los cielos nuevos y de la tierra nueva., “Donde Dios enjugará las lágrimas de sus ojos”.  Jesús Resucitado nos da el mandamiento nuevo del amor…”os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado, dice el Señor”…

Que felices somos cuando amamos, que felices somos cuando nos sentimos amados, correspondidos.     Que desoladora, triste y dolorosa es la experiencia de no ser amados por nadie. ¡Cuánta amargura inunda el corazón vacío de amor!

En este quinto domingo de pascua, les animo  a perseverar en la fe,  a vivir en el amor, superando todas las dificultades, hasta llegar a participar en la gloria de Dios, en la gloria de Cristo en los cielos nuevos y la tierra nueva.

En las lecturas del día de hoy, aparecen Pablo y Bernabé con una gran movilidad misionera.  Ellos viajaban por Antioquía, Lista, Iconio, Pisidia, Panfilia, Perge, Atalía, Antioquía. Viajan predicando el Kerigma, (anunciando la muerte y la resurrección de Cristo) formando pequeñas comunidades cristianas.  Como ellos, también nosotros,  estamos llamados a ser discípulos misioneros, móviles, viajeros. En constante salida misionera…   Por amor y llenos de amor vamos a la misión, predicando la muerte y la resurrección de Cristo.  De Petén a Santa Rosa. De Jutiapa, a San Marcos…

Nosotros que nos hemos encontrado con el Señor, que nos hemos dejado tocar por El y estamos siendo transformados por El, tenemos que ir a anunciar su amor a los demás…

Nuestro compromiso es “amorizarnos”, es decir llenarnos del amor de Dios, para ir a derramar ese amor por todos los rincones del planeta, comenzando por Guatemala.    Por amor sirvamos a los otros predicando la Palabra de Dios,  Anunciando  el evangelio de la reconciliación y  de la paz y denunciando el pecado.  Por amor demos buen testimonio de vida Cristiana, colaboremos en la construcción de la civilización del amor.  Por amor ayudemos a otros  a encontrarse con Cristo, a construir una iglesia en salida misionera,  a colaborar en la construcción de una nueva sociedad.

En esta celebración de la Palabra, Dios nos está revelando su amor…Dios nos ama, Dios es amor, Dios nos ha creado para amar.  Amar es nuestro ser y nuestra vocación más profunda.  Amemos a Dios, a las personas, a los animales, a las cosas.   Amemos a la creación entera.   Sin amor nuestra vida se torna gris, oscura, triste… Sin amor nuestra vida no tiene sentido.  Necesitamos amar y ser amados integralmente.  Amar y ser amados es una necesidad básica del ser humano.

Ecos para la semana

Lunes: ¿Puedes compartir con alguien tu experiencia del amor de Dios? ¿Compartes con tu cónyuge el amor de Dios?

Martes: Comparte con un amigo(a) tu experiencia de amor en la familia. ¿Compartes con tus hijos la belleza del amor divino?

Miércoles: ¿Has experimentado el amor fraterno en tu comunidad?  ¿Comunicas amor a tus hermanos y hermanas?

Jueves: ¿Eres discípulo misionero de Cristo que predica el amor y vive en el amor de Dios y del prójimo?… ¿Tienes en ti la fuerza del Sacramento de la confirmación?  .  Comparte con tus amigos y amigas la experiencia de tu confirmación.

Viernes: ¿Haz amado a alguien gratuitamente sin pedirle nada a cambio?  Comparte con alguien esta experiencia.

Sábado: Virgen María, madre al amor, enséñanos a amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo con el amor de Cristo.

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Lectio Divina, 21 de Abril de 2019

Lectio Divina, 21 de Abril de 2019

Domingo de Pascua de Resurrección

Página Sagrada:

Hechos 10, 34‐43/Sal 117/Col 3 , 1 ‐4/Juan 20, 1‐9

resucitado

Vio y creyó

INVOCACIÓN INICIAL

¡Señor Jesucristo, hoy tu luz resplandece en nosotros, fuente de vida y de gozo! Danos tu Espíritu de amor y de verdad para que, como María Magdalena, Pedro y Juan, sepamos también nosotros descubrir e interpretar a la luz de la Palabra los signos de tu vida divina presente en nuestro mundo y acogerlos con fe para vivir siempre en el gozo de tu presencia junto a nosotros, aun cuando todo parezca rodeado de las tinieblas de la tristeza y del mal.

TEXTO

1 El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. 2 Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice:

—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5 Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró. Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó las sábanas en el suelo 7 y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con las sábanas, sino enrollado en lugar aparte.

8 Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9 Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

LECTURA

Siempre será sorprendente el hecho de que en ninguna página del NT se tenga un relato de la resurrección en sí misma sino del el anuncio de que ella ha tenido lugar. Los Evangelios se detienen ante lo que es más bien la presencia de un Cristo ya resucitado en la primera Iglesia, al mismo tiempo que narran el camino de fe de los primeros creyentes. Tal es el tema que descubren en la lectio divina los discípulos del Resucitado en este Domingo de Pascua, momento fundamental para todo el año cristiano: A Jesús es posible encontrarlo vivo y presente en la misma celebración dominical de nuestra fe.

El relato evangélico hoy ofrecido en la página sagrada, tampoco describe “como ocurrió la resurrección”, pero sí indica cómo llegaron a la fe los primeros creyentes y cómo pueden hacerlo los que son creyentes de todos los tiempos: a la certeza de la fe ‐aunque el término parezca contradictorio‐ se llega por medio de los signos. Al entrar en la tumba la mañana de Pascua, se desarrolla un proceso, un “educarse a ver los signos de la resurrección” para creer en lo que ha ocurrido. Así:

1. En primer lugar, María Magdalena simplemente “ve” las cosas como “no deberían estar“: la piedra está quitada, La piedra, sello de la condena humana sobre una historia que no era solamente humana, sino la acción más maravillosa del Dios que salva. Su comprobación le hace actuar a nivel humano: corre y denuncia (VER v.2).

2. En segundo lugar; Pedro también simplemente “observa” las cosas fuera de lugar: la piedra quitada, las vendas y el sudario doblado… Todos signos “insuficientes” para uno que ve con ojos de asombro y comprobación a nivel horizontal. En estos dos casos las reacciones “humanas” son lo más natural, pues se basan en actitudes “humanas” ante lo ocurrido (VER vv 3‐8).

3. En tercer lugar; el “discípulo amado” quien ya no ve u observa simplemente, sino que “ve o contempla‐ y cree”Llega a un estado de certeza de que la historia de Cristo no fue la historia de un fracaso terminado en el robo del cuerpo, sino de que verdaderamente “algo ha ocurrido”. El discípulo amado tiene fe, y esa fe es don de Dios, por ello ahora comprende la Escritura, el testimonio de los profetas que Pedro anuncia a Cornelio en Hechos. 10,43: el Cristo debía de padecer, pero también de resucitar para salvar a la humanidad.

Desde esa mañana, y ahora más que nunca, Cristo muerto pero también resucitado comenzará a irrumpir en la historia y en la vida de cada hombre a través de la fe en los signos de su presencia. Al igual que aquellos discípulos, los cristianos hemos de dar crédito a las Escrituras aunque no veamos físicamente al Resucitado, pues en nosotros ha de vibrar la misma fe que movió al “discípulo amado” a no apagar su esperanza de que la historia de su amado Señor no podía terminar en la oscuridad del Calvario.

MEDITACIÓN

En medio del gozo de la celebración comunitaria, la comunidad discipular se propone para su meditación:

a. ¿Nuestra esperanza en aquel Jesús que pasó haciendo el bien nos lleva también a imitarlo en el trato con todo hombre y mujer de nuestro alrededor? ¿Colaboramos a que la presencia del Resucitado siga cambiando el mundo a través de “nuestro paso”?

b. ¿Creemos suficientemente en las cosas de arriba, es decir, en los valores del Reino de Dios como para que ello afecte nuestras decisiones a todo nivel (personal, familiar, social, económico, etc.)?

c. ¿Sabemos leer los signos de la presencia de Cristo en el mundo, y animamos a los demás a leerlos ellos también? ¿o nuestro desánimo contagia a los que nos tratan?

ORACIÓN

¡Amor, Amor, Amor!

Quiero sentir, vivir y expresar todo este Amor

que es empeño gozoso en el mundo

y contacto feliz con los otros.

Sólo tú me libras, sólo tu me sueltas.

Y los hielos descienden para regar

el valle más verde de la creación.

-Marco Guzzi

CONTEMPLACIÓN

Reflexiono es esta frase: “¡Jesús está vivo!”¡Resucitó!”

ACCION

Me propongo tener una fructífera Pascua de Resurrección. No me quedo con Jesús crucificado, sino que me regocijo en su victoria sobre la muerte, que también es por todos nosotros.

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Lectio Divina, 20 de Abril de 2019

Lectio Divina, 20 de Abril de 2019

Sábado Santo

Vigilia Pascual

Celebración de la Resurrección del Señor

Seven Sorrows

Página Sagrada:

INVOCACIÓN INICIAL

Señor, en este día sólo hay soledad y vacío, ausencia y silencio: una tumba, un cuerpo sin vida y la oscuridad de la noche. Ni siquiera Tú eres ya visible: ni una Palabra, ni un respiro. Estás haciendo Shabbát, reposo absoluto. ¿Dónde te encontraré ahora que te he perdido? Voy a seguir a las mujeres, me sentaré también junto a ellas, en silencio, para preparar los aromas del amor. De mi corazón, Señor, extraeré las fragancias más dulces, las más preciosas, como hace la mujer, que rompe, por amor, el vaso de alabastro y esparce su perfume.

Y llamaré al Espíritu, con las palabras de la esposa repitiendo: “ ¡Despierta, viento del norte, ven, viento del sur! ¡Soplad sobre mi jardín ¡

LECTURA

(A) El anuncio y preparación de la Pascua cristiana en el Antiguo Testamento

Primera lectura: Génesis 1, 1‐2, 2

Al principio creó Dios todas las cosas

La primera de las páginas de la Sagrada Escritura, la narración de la creación del mundo es la clave para la comprensión del Misterio Pascual que hoy llega a su plenitud: Cristo es el autor de una nueva creación, en la cual, Dios mismo mediante el Espíritu como fue al inicio (VER v. 2) renueva todas las cosas. Como lo profesa la fe de la Iglesia en esta noche, la obra más perfecta de Dios sigue siendo el hombre: un Hombre Nuevo que inicia el Cristo Resucitado, en justicia y santidad (cfr Efesios 4, 24). En el destino de la humanidad, hoy salvada y restaurada en el Resucitado, todo lo antiguo ha pasado, como narra la creación original, del caos al cosmos, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida.

Salmo responsorial: Salmo 103

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

En el salmo 103 estamos invitados a contemplar la acción silenciosa, casi ignorada, sin testigos del momento preciso, como fueron la creación y la Resurrección, pero con un actor principal: el Espíritu del Señor.

Segunda lectura: Génesis 22, 1‐18

Dios no permitió la muerte de Isaac

La historia del sacrificio de Abraham ilumina el sentido de la Pascua como un paso de un destino de muerte al don de la vida. Una vida que “se recobra” porque Dios evita la muerte del ser humano (VER v. 11). En la Pascua cristiana el Señor quien ha obrado un rescate, ya en el monte Moriah, ya no de un hijo del Abraham peregrino, sino de todos los seres humanos, si bien, ha permitido el Viernes Santo el sacrificio de su propio Hijo en el monte Calvario, sacrificio que nos ha devuelto la vida.

Salmo responsorial: Salmo 15

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Con el salmo 15 contemplamos la resonancia de una voz, la voz del que ha sido salvado. Pudiera ser la de Isaac, salvado del sacrificio, pero es la voz del Resucitado cuya vida “ha comenzado a recorrer el sendero de la vida” pues el Padre lo ha levantado de entre los muertos.

Tercera lectura: Ex 14, 15‐15,1

El pueblo paso a través del mar desde la muerte hasta la vida

La narración de la salida de Egipto en el Éxodo, es central en la Vigilia de esta noche: ella contiene la revelación más profunda de lo que ha sucedido. Al igual que los antiguos hebreos, todos hemos sido rescatados a través de paso que es la Resurrección del Señor. Los diversos símbolos del relato de Éxodo nos ayudan a entender que esa liberación ha sido una verdadera recreación a través de las aguas. Comenzamos a vivir el ambiente “bautismal” de esta Vigilia. Entre dichos simbolismos están

  1. el paso del agua a terreno seco (eco de la primera creación);
  2. el paso de occidente a oriente (del mundo de las sombras a la luz);
  3. el paso de la noche al amanecer (paso de la muerte a un destino que inicia como vida);
  4. el paso de la esclavitud a la libertad (de “no ser pueblo de Dios” a ser “comunidad del Señor”).

Responsorio: Cántico de Ex 15, 1‐2. 3‐4.5‐6.17‐18

Cantemos al Señor, sublime es su victoria

La comunidad discipular, sintiéndose protagonista de los eventos de la Pascua contempla la obra de Dios cuya narración ha escuchado y proclama el famoso cántico de María, hermana de Moisés, hoy que ha visto y puede testimoniar el poder del Dios del Éxodo nuevo: Cristo, el Señor.

Cuarta lectura: Isaías 54, 5‐14

De la aflicción y del dolor hemos pasado al gozo del Señor

La profecía de Isaías revela la acción de Dios en la noche de Pascua como un rescate, una restauración tal y como Él lo prometió al pueblo destruido y disperso en el Exilio. Al centro se encuentra el v. 7 donde “el Señor efectúa una “alianza” semejante a un matrimonio donde la comunidad toma el nombre y recibe la bendición del Esposo, que es el mismo Señor.

Salmo responsorial: Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Con el salmo 29 contemplamos y proclamamos con el Resucitado el “rescate” obra de Dios: “Sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa” “Cambiaste mi luto en danzas”, y por lo mismo invitamos a la creación entera a alabar al Señor (VER v. 12).

Quinta lectura: Isaías 55, 1‐11

Sellaré con ustedes una alianza perpetua

Continuando con el tema de la alianza nueva que se celebra en la Pascua cristiana la voz del profeta Isaías es portadora del consuelo porque el Señor ahora va actuar con los desposeídos, con los confundidos por las desgracias de la historia de la destrucción del Reino y del Exilio en Babilonia (VER vv. 1‐3). Ellos, que han esperado que Él actúe, encuentran con sorpresa que el Señor ha seguido caminos extraños, insospechados, pero que conducen a la salvación definitiva: la vida vino a través de la muerte de Cristo (VER v.8).

Responsorio: Isaías 12, 2‐3. 4abc.5‐6

Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación

La comunidad de los discípulos del Señor es toda la Iglesia que en esta noche ha recibido en el Resucitado “gracia tras gracia” (cfr. Juan 1, 17) y se prepara a “sacar el agua del renacimiento bautismal el don de la vida nueva”.

Sexta lectura: Ba 3, 9‐15. 32‐4,4

Caminen en la claridad del Señor

Haciendo suyo el símbolo de la claridad que domina esta noche la profecía de Baruc invita a la comunidad discipular a una “meditación sobre la historia”, sobre todo el camino de la salvación donde siempre se ha encontrado en el Señor la fuente de la vida. Toda idolatría y creencia en dioses falsos, toda opción equivocada, todo error debe ahora quedar atrás y la Iglesia salvada esta noche debe caminar a la luz de la salvación del único Dios verdadero.

Salmo responsorial: Salmo 18

Señor, tú tienes palabras de vida eterna

Con el salmo 18 contemplamos y proclamamos como discípulos la verdad y eficacia del Señor Resucitado: sus palabras son en verdad el camino de la salvación, tan diferentes a las de falsos dioses en los cuales, hasta ahora, ha confiado la humanidad.

Séptima lectura: Ez 36, 16‐28

Derramaré sobre ustedes un agua pura y les daré un corazón nuevo

La antigua promesa de una intervención profunda, definitiva de Dios en la existencia humana personal y comunitaria, tal y como la expuso en su profecía Ezequiel a los israelitas en el Exilio, encuentra en esta noche su cumplimiento. El don del Espíritu del Resucitado (VER v. 26) corresponde al “espíritu de Dios” que sopla sobre los huesos secos, símbolo de la humanidad destruida por los efectos del pecado. Al don del Espíritu, acompaña el don de un corazón nuevo (VER v. 26) pues en Cristo Resucitado se puede vivir una nueva forma de orientar la vida, decidir acertadamente: tal era la función del corazón en la mentalidad hebrea.

Salmo responsorial: Salmo 41

Como busca la sierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío

Con el orante del salmo 41, la comunidad discipular proclama que ahora la tendencia más importante de su vida es el Señor: a Él le buscará, como María Magdalena en la mañana de Pascua, con un profundo deseo o “sed” en lenguaje bíblico. El deseo de Dios que es propio de los que han renacido esta noche con Cristo Resucitado (cfr Romanos 6, 1ss)

(B) El cumplimiento de las promesas de Dios en la Pascua cristiana del Nuevo

Testamento

Lectura de la Epístola: Romanos 6, 3‐11

Por el Bautismo fuimos incorporados al Misterio Pascual de Cristo

La noche de Pascua es la ocasión propia para vivir la celebración del Bautismo que nos incorpora a Cristo: es una celebración en que simultáneamente se viven “muerte y resurrección” como lo propone todo el capítulo 6 de la Carta a los Romanos. Este texto instruye en el tema de la unión con el Resucitado que es el camino de libertad auténtica y definitiva para el hombre. Al mismo tiempo, el misterio del Bautismo es el inicio de un camino de seguimiento discipular, de maduración y continua transformación en la vida de “hijos de Dios” (cfr Romanos 5, 1ss).

Salmo responsorial: Salmo 117

Este salmo invita a contemplar en esta noche el “día del Señor” es decir, el momento de la resurrección de Cristo, donde se han manifestado la bondad de Dios para su pueblo (VER v. 12), el poder del Señor que ha vencido la fuerza del mal (VER v. 16), y la extraña “inversión de situaciones” pues Cristo, piedra desechada por los arquitectos, es ahora el fundamento del edificio nuevo del culto a Dios, la Iglesia (VER vv. 22‐23; cfr. 1 Pe 2, 1‐10).

Evangelio: Lucas 24, 1‐12

¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?

El texto lucano propio del ciclo C muestra muy bien las características del Tercer Evangelio:

1. El Señor se manifiesta a los pequeños, tal y como en la noche de su nacimiento, cuando el ángel anunció “la buena noticia de gran alegría” a los pastores, que eran ciertamente los pobres de la sociedad, ahora son las mujeres las depositarias de la gran noticia de la resurrección (VER v. 1)

2. Hay que notar que las mismas mujeres habían visto el lugar de la sepultura (VER Lucas 23, 55). Con ello no sólo se declara que la búsqueda del cuerpo de Jesús para ungirlo no fue un “error de equivocación de la tumba” sino que además se señala a aquellas mujeres como las protagonistas del paso de la tristeza y temor al gozo de la resurrección (VER vv. 2‐3)

3. Las palabras de los ángeles tienen una fuerza especial de anuncio de la victoria de Cristo sobre la muerte: ‐ “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”: contrapone dos ambientes opuestos, la vida y la muerte: el campo del fruto del pecado y la que ahora es la acción del Dios de la vida que ha realizado la resurrección del Mesías.

‐ No está aquí, ha resucitado: con la misma fuerza de las palabras anteriores, señala el escenario –el sepulcro que ellas han visto según Lucas 23, 55‐56‐ de la victoria de Dios sobre la muerte.

‐ Recuerden lo que dijo en Galilea: el mensajero “refresca la memoria” sobre promesa de Dios, un tema muy querido para San Lucas: Dios cumple su promesa, se acuerda y realiza lo que el hombre olvida. Al final dice que ellas “recordaron” (VER vv. 6 y 8).

‐ Era necesario que padeciera: finalmente se relacionan los temas de la Pasión y la redención, ambos parecen opuestos a la lógica humana, pero son el cumplimiento del plan de Dios, de toda la esperanza del Antiguo Testamento (VER v. 7).

MEDITACIÓN

a. La celebración de la Solemne Vigilia Pascual ¿reafirma en nosotros la esperanza de los discípulos en la presencia viva y permanente del Señor con los que ha llamado?

b. ¿Estamos dispuestos a recomenzar todo camino de discipulado que se haya visto bloqueado o interrumpido por la realidad del pecado en nuestras vidas, en el ambiente de la comunidad?

c. A diferencia de los Once que en aquel momento permanecieron escépticos al mensaje de las mujeres ¿abrimos el corazón a la fe y alegría pascual que nos comunican los más pequeños y humildes?

d. ¿Percibimos la riqueza del “día del Señor”, el domingo, donde de nuevo caminamos con él, escuchamos y

meditamos la Palabra y le reconocemos en la fracción del pan?

e. ¿Somos discípulos‐misioneros, es decir, enviados fieles y perseverantes de la Resurrección en todos los

ambientes donde vivimos, estudiamos, trabajamos, conocemos a otros y somos conocidos?

ORACIÓN

Hacemos hoy, en la Vigilia de Resurrección, oración junto a las hermosas plegarias litúrgica.

CONTEMPLACIÓN

Me detengo a pensar en la muerte, y como Jesús la ha vencido.

ACCIÓN

  • Tengo oraciones y gestos de Amor para Santa María, que este día tiene una espada en su corazón. La acompaño y me propongo ser un buen hijo/a de Ella.
  • Hago oración por las comunidades cristianas de Oriente Medio, que están sufriendo atroces persecuciones.
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Lectio Divina, 19 de Abril de 2019

Lectio Divina, 19 de Abril de 2019

Viernes Santo

Página Sagrada:

Isaías 52, 13‐53,12/Salmo 30/Hebreos 4, 14‐16; 5, 7‐9/ Juan 18,1‐19,42

Viernes Santo

Todo está cumplido

INVOCACIÓN INICIAL

Ven, Tú, refrigerio,

delicia y alimento de nuestras almas.

Ven y quita todo lo que es mío,

e infunde en mí sólo lo que es tuyo.

Ven, Tú que eres el alimento de todo casto pensamiento,

círculo de toda clemencia y cúmulo de toda pureza.

Ven y consuma en mí todo lo que es ocasión

de que yo no pueda ser consumada por ti.

Ven, oh Espíritu,

que siempre estás con el Padre y con el Esposo,

y repósate sobre las esposas del Esposo.

TEXTO

Juan 18,1‐19,42

Salió Jesús con los discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allá entró él con sus discípulos. Judas, el traidor, conocía el lugar, porque Jesús muchas veces se había reunido allí con sus discípulos. 3Entonces Judas tomó un destacamento y algunos empleados de los sumos sacerdotes y los fariseos, y se dirigió allá con antorchas, linternas y armas.

Jesús, sabiendo todo lo que le iba a pasar, se adelantó y les dice:

—¿A quién buscan?

5 Le respondieron:

—A Jesús, el Nazareno.

Les dice:

—Yo soy.

También Judas, el traidor, estaba con ellos. 6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron al suelo. 7 Les preguntó de nuevo:

—¿A quién buscan?

Le respondieron:

—A Jesús, el Nazareno.

8 Contestó Jesús:

—Ya les dije que yo soy, pero, si me buscan a mí, dejen ir a éstos.

Así se cumplió lo que había dicho: No he perdido ninguno de los que me has confiado.

10 Simón Pedro, que iba armado de espada, la desenvainó, dio un tajo al sirviente del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha –el sirviente se llamaba Malco–.

11 Jesús dijo a Pedro:

—Envaina la espada: ¿Acaso no beberé la copa que me ha ofrecido mi Padre?

12 El destacamento, el comandante y los agentes de los judíos arrestaron a Jesús, lo ataron 13 y se lo llevaron primero a Anás que era suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año 14 –Caifás era el mismo que había dicho a los judíos, que era mejor para ellos que un solo hombre muriese por el ían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Como ese discípulo era conocido del sumo sacerdote, entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, 16 mientras Pedro se quedaba afuera, en la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y ésta dejó entrar a Pedro.

17 La sirvienta de la portería dice a Pedro:

—¿No eres tú también discípulo de ese hombre?

Contesta él:

—No lo soy.

18 Como hacía frío, los sirvientes y los guardias habían encendido fuego y se calentaban. Pedro estaba con ellos protegiéndose del frío.

19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza.

20 Jesús le contestó:

—Yo he hablado públicamente al mundo; siempre enseñé en sinagogas o en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. 21¿Por qué me interrogas? Interroga a los que me han oído hablar, que ellos saben lo que les dije.

22 Apenas Jesús dijo aquello, uno de los guardias presentes le dio una bofetada y le dijo:

—¿Así respondes al sumo sacerdote?

23 Jesús contestó:

—Si he hablado mal, demuéstrame la maldad; pero si he hablado bien, ¿por qué me golpeas?

24 Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.

25 Simón Pedro seguía junto al fuego. Le preguntan:

—¿No eres tú también discípulo suyo?

Él lo negó:

—No lo soy.

26 Uno de los sirvientes del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro había cortado la oreja, insistió:

—¿Acaso no te vi yo con él en el huerto?

27 Pedro volvió a negarlo y en ese momento cantó el gallo.

28 Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al cuartel. Era temprano. Ellos no entraron en el cuartel para evitar contaminarse y poder comer la Pascua.

29 Pilato salió afuera, adonde estaban, y les preguntó:

—¿De qué acusan a este hombre?

30 Le contestaron:

—Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.

31 Les replicó Pilato:

—Entonces, tómenlo y júzguenlo según la legislación de ustedes.

Los judíos le dijeron:

—No nos está permitido dar muerte a nadie 32 –así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir–.

33 Entró de nuevo Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:

—¿Eres tú el rey de los judíos?

34 Jesús respondió:

—¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí?

35 Pilato respondió:

—¡Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

36 Contestó Jesús:

—Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

37 Le dijo Pilato:

—Entonces, ¿tú eres rey?

Jesús contestó:

—Tú lo dices. Yo soy rey, para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.

38 Le dice Pilato:

—¿Qué es la verdad?

Dicho esto, salió de nuevo adonde estaban los judíos y les dijo:

—No encuentro en él culpa alguna. 39 Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a un preso durante la fiesta de la Pascua. ¿Quieren que suelte al rey de los judíos?

40 Volvieron a gritar:

—A ése no, suelta a Barrabás.

Barrabás era un asaltante.

19,1 Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mandó azotar. Los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; lo revistieron con un manto rojo, 3 y acercándose a él le decían:

—¡Salud, rey de los judíos!

Y le pegaban en la cara.

4 Salió otra vez Pilato afuera y les dijo:

—Miren, lo saco afuera para que sepan que no encuentro en él culpa alguna.

Salió Jesús afuera, con la corona de espinas y el manto rojo.

Pilato les dice:

—Aquí tienen al hombre.

6 Cuando los sumos sacerdotes y los policías del templo lo vieron, gritaron:

—¡Crucifícalo, crucifícalo!

Les dice Pilato:

—Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, que yo no encuentro en él ningún motivo de condena.

Le replicaron los judíos:

—Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se ha hecho pasar por hijo de Dios.

Cuando Pilato oyó aquellas palabras, se asustó mucho. Entró en el cuartel y dice de nuevo a Jesús:

—¿De dónde eres?

Jesús no le dio respuesta.

10 Le dice Pilato:

—¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte? 11 [Le] contestó Jesús:

—No tendrías poder contra mí si no te lo hubiera dado el cielo. Por eso el que me entrega es más culpable.

12 A partir de entonces, Pilato procuraba soltarlo, mientras los judíos gritaban:

—Si sueltas a ése, no eres amigo del césar. El que se hace rey va contra el césar.

13 Al oír aquello, Pilato sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gábbata. 14 Era la víspera de Pascua, al mediodía. Dice a los judíos:

—Ahí tienen a su rey.

15 Ellos gritaron:

—¡Afuera, afuera, crucifícalo!

Les dice Pilato:

—¿Voy a crucificar a su rey?

Los sumos sacerdotes contestaron:

—No tenemos más rey que el césar.

16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

Se lo llevaron; 17 y Jesús salió cargando él mismo con la cruz, hacia un lugar llamado La Calavera, en hebreo Gólgota.

18 Allí lo crucificaron con otros dos: uno a cada lado y en medio Jesús.

19 Pilato había hecho escribir un letrero y clavarlo en la cruz. El escrito decía: Jesús el Nazareno, rey de los Judíos. 20 Muchos judíos leyeron el letrero, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad. Además, el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego.

21 Los sumos sacerdotes dijeron a Pilato:

—No escribas: Rey de los judíos, sino: Éste ha dicho: Soy rey de los judíos.

22 Pilato contestó:

—Lo escrito, escrito está.

23 Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada soldado; tomaron también la túnica. Era una túnica sin costuras, tejida de arriba abajo, de una pieza. 24 Así que se dijeron:

—No la rasguemos; vamos a sortearla, para ver a quien le toca.

Así se cumplió lo escrito: Se repartieron mi ropa y se sortearon mi túnica.

Es lo que hicieron los soldados.

25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo amado, dice a su madre:

—Mujer, ahí tienes a tu hijo.

27 Después dice al discípulo:

—Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

28 Después, sabiendo que todo había terminado, para que se cumpliese la Escritura, Jesús dijo:

—Tengo sed.

29 Había allí un jarro lleno de vinagre. Empaparon una esponja en vinagre, la sujetaron a una caña y se la acercaron a la boca. 30 Jesús tomó el vinagre y dijo:

—Todo se ha cumplido.

Dobló la cabeza y entregó el espíritu.

31 Era la víspera del sábado, el más solemne de todos; los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos para que no quedaran en la cruz durante el sábado.

32 Fueron los soldados y quebraron las piernas a los dos crucificados con él. 33Al llegar a Jesús, viendo que estaba muerto, no le quebraron las piernas; 34sino que un soldado le abrió el costado con una lanza. Enseguida brotó sangre y agua.

35 El que lo vio lo atestigua y su testimonio es verdadero; él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 36 Esto sucedió de modo que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un hueso; 37 y otro pasaje de la Escritura dice: Mirarán al que ellos mismos atravesaron.

38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús, por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cadáver de Jesús. Pilato se lo concedió. Él fue y se llevó el cadáver.

39 Fue también Nicodemo, el que lo había visitado en una ocasión de noche, llevando cien libras de una mezcla de mirra y áloe. 40 Tomaron el cadáver de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. 41 En el lugar donde había sido crucificado había un huerto y en él un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido sepultado. 42 Como era la víspera de la fiesta judía y como el sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús.

LECTURA

En el ejercicio de la lectio divina en este día donde no existe la celebración eucarística, y donde estamos invitados en cambio a vivir la Acción Litúrgica de la Pasión del Señor, encontramos un centro que atrae con fuerza nuestra fe: el misterio de la cruz al cual se refiere la Página Sagrada en este día. La cruz, el sacrificio de Cristo, es instrumento de salvación, de liberación, de reconciliación con el Padre y con los hermanos. A través de ese “signo de muerte”, la muerte misma ha sido vencida por el acto de donación amorosa y total del Siervo de Dios.

En su relato de la Pasión de Cristo, San Juan quiere mostrar la glorificación del Hijo de Dios, de la cual es consciente el mismo Jesús que así lo ha anunciado antes de que todo comience, cuando todavía está en la Cena: “Padre, glorifícame”(Juan 17, 24). Ahora bien, Pilato por ejemplo, ajeno al sentido más profundo de lo que está ocurriendo, irónicamente acierta en comprender la persona de Cristo y el

significado de su sufrimiento pues dos veces declara “rey” al Siervo sufriente:

1ª. Haciéndolo sentar en el lugar más honorable del tribunal romano.

2ª Escribiendo el letrero sobre la cruz, como una “confesión o manifestación universal” de Cristo Rey en las cuatro lenguas principales de entonces, y negándose a quitar lo que había escrito (VER Juan 19, 19‐22).

En esta narración del sufrimiento de Cristo, tan especial en el estilo de San Juan, nos interesa notar:

a. Que Jesús tiene conciencia de los acontecimientos y durante ellos Él sigue gozando del poder divino. El es el “Yo soy” (traducción de Yahveh en el Antiguo Testamento), y por tanto ninguna potencia podría acabar con él; al contrario, en el huerto de los Olivos queda clara su identidad cuando los soldados caen ante su voz (VER Juan 18, 6).

b. Que los hechos muestran la santidad de Cristo a quien nadie puede acusar de pecado (VER Juan 18, 20‐24) siendo la violencia irracional el único recurso de sus acusadores. Su santidad es aquella de la “víctima perfecta”: al no tener pecado es el “Cordero sin defecto”.

c. Que sin embargo, en el momento central de esa historia de Cristo en Viernes Santo como “Cordero inmolado” en la pronunciación de que “Todo se ha cumplido” según la misión que tenía del Padre, surge también la historia de la Iglesia y ello se refleja en cuatro momentos:

1º‐ El nacimiento de la Iglesia del “costado traspasado” por la lanza del soldado, del cual mana agua y sangre, figuras de la vida de la Iglesia en el Bautismo y la Eucaristía (VER Juan 19, vv. 34)

2º ‐ La unidad de la Iglesia, simbolizada en el manto sin costura, sin división (VER Juan 19, 23).

3º‐ La recepción del Espíritu Santo por la Iglesia en “Pentecostés anticipado” a la efusión del Espíritu Santo en Juan 20, 23): Cristo en la cruz tiene “sed”, es decir, “deseo” de dar el Espíritu y así lo hace al “expirar” sobre las personas que al pie de la cruz concentran la Iglesia: María la Madre y Juan el discípulo amado (VER Juan 19, 28‐29).

4º ‐ La fuerte relación de la Iglesia con María, dejada como madre del discípulo que simboliza el resto de la Iglesia en aquel momento, el mismo Evangelista Juan, quien como ocurre hasta el día de hoy en la Iglesia Católica: “La recibió en su casa” (VER Juan 19, 25‐27)

MEDITACIÓN

a. ¿Cómo hemos entendido hasta ahora la muerte de Cristo: acaso como una “ausencia de Dios en ante el dolor y la muerte”?

b. El advertir el gran amor del Padre y de su Hijo por nosotros, que es el mensaje más grande de la cruz ¿nos lleva a desear corresponder con nuestro amor a Dios y al hermano?

c. La contemplación de la cruz como expresión de las consecuencias del pecado que Cristo vivió siendo

inocente ¿nos impulsa a acercarnos solidariamente a todo dolor, inocente o culpable, movidos por el

ejemplo del Señor?

ORACIÓN

¡Oh Sabiduría Eterna!. ¡Oh Bondad Infinita! ¡Verdad Infalible! ¡Escrutador de los corazones, Dios Eterno! Haznos entender, Tú que puedes, sabes y quieres! Oh Amoroso Cordero, Cristo Crucificado, que haces que se cumpla en nosotros lo que tú dijiste: “Quien me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8,12). ¡ Oh luz indeficiente, de la que proceden todas las luces! ¡Oh luz, por la que se hizo la luz, sin la cuál todo es tinieblas, con la cuál todo es luz. ¡Ilumina, ilumina e ilumina una y otra vez! Y haz penetrar la voluntad de todos los cooperadores que has elegido en tal obra de renovación. ¡Jesús, Jesús Amor, transfórmanos y confórmanos según tu Corazón! ¡Sabiduría Increada, Verbo Eterno, dulce Verdad, tranquilo Amor, Jesús, Jesús Amor!

CONTEMPLACIÓN

Repite con frecuencia, con calma, esta palabras de Jesús, asociado a Jesús en el ofrecimiento de si mismo:

“Padre en tus manos entrego mi Espíritu”

ACCIÓN

Hoy, Viernes Santo, me detengo un momento para contemplar y agradecer a Jesús su sacrificio por mí y por todos los pecadores.

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Lectio Divina, 18 de Abril de 2019

Lectio Divina, 18 de Abril de 2019

Jueves Santo

Página Sagrada:

Ex 12, 1‐8.11‐14/Salmo 115/1 Co 11, 23‐26/Juan 13, 1‐15

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Este será un día memorable para ustedes

ORACIÓN INICIAL

Cuando tu hablas, Señor, la nada palpita de vida: los huesos secos se convierten en personas vivientes, el desierto florece… Cuando me dispongo a hablarte, me siento árido, no sé qué decir. No estoy, evidentemente, sintonizado con tu voluntad, mis labios no están de acuerdo con mi corazón y mi corazón no hace un esfuerzo por entonarse con el tuyo. Renueva mi corazón, purifica mis labios, para que hable contigo como tú quieres, para que hable con los demás como tú quieres, para que hable conmigo mismo, con mi mundo interior, como tú quieres.

TEXTO

1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

2 Durante la cena, cuando el Diablo había sugerido a Judas Iscariote que lo entregara, 3 sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, 4 se levanta de la mesa, se quita el manto, y tomando una toalla, se la ató a la cintura. 5 Después echa agua en un recipiente y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba en la cintura.

6 Llegó a Simón Pedro, el cual le dice:

—Señor, ¿tú me vas a lavar los pies?

7 Jesús responde:

—Lo que yo hago no lo entiendes ahora, más tarde lo entenderás.

8 Replica Pedro:

—No me lavarás los pies jamás.

Le responde Jesús:

—Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

9 Le dice Simón Pedro:

—Señor, si es así, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza.

10 Le responde Jesús:

—El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos 11 –conocía al que lo iba a entregar y por eso dijo que no todos estaban limpios–.

12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo:

—¿Comprenden lo que acabo de hacer?

13 Ustedes me llaman maestro y señor, y dicen bien. 14 Pero si yo, que soy maestro y señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.

15 Les he dado ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

LECTURA

Inaugurando el Solemne Triduo Pascual, la Palabra de Dios que se ofrece a la lectio divina recoge los temas fundamentales propuestos por la Liturgia de la Misa de la Cena del Señor: en el Evangelio sobre todo, aquel del amor extremo de Cristo hacia los suyos y hacia la humanidad que redime en su Pasión; amor que expresa el del Padre por el mundo caído en el pecado (cfr. Juan 3, 16) que llegará a ser “mandamiento nuevo para los discípulos de Cristo”. En la lectura del Evangelio. También propone el tema del misterio eucarístico (1ª y 2ª. lecturas) como don que perpetúa la entrega amorosa del Señor; e igualmente el tema del don del sacerdocio ministerial (2ª lectura) como servicio a la prolongación de la salvación que ya inicia con la Cena del Señor.

Jesús, a quien Juan Bautista ha señalado como el “Cordero de Dios” realiza la Pascua definitiva, el paso definitivo de la muerte a la vida. En el famoso capítulo de San Juan que hoy se lee, Él convoca a una Cena que ya no corresponde totalmente a la pascua judía, sino que es el inicio de la nueva Pascua definitiva. Aún cuando en el relato de San Juan no se narra la institución de la Eucaristía como en los Evangelios Sinópticos, o más aún como lo hace la 2ª lectura en el relato más antiguo de esa institución (1 Co 11), el signo del lavatorio de los pies de los discípulos encierra profundamente el mismo significado: la vida que se entrega en sacrificio redentor. Tres momentos son notorios en la escena: cada uno de ellos tiene un profundo significado “eucarístico”:

(1º) El lavatorio (VER vv. 3‐5). Según se indica en el v. 1, es la manifestación de amor más grande del Maestro hacia sus discípulos. Pero ello ocurre cuando Él, el Cordero de Dios debe “pasar” de este mundo al Padre (v. 1), Por ello Cristo realiza el lavatorio de los pies como “servicio supremo”, como gesto de amor supremo simbolizado en el quitarse la túnica y servir como un esclavo.

(2º) El diálogo con Pedro (VER vv. 6‐11). La resistencia de Simón Pedro a dejarse lavar los pies interesa especialmente a los discípulos de Cristo. En un primer momento, Jesús no intenta explicarle a su discípulo un gesto tan sorprendente (“lo entenderás luego” en v. 7b), pero ante la segunda negativa de Pedro, Cristo señala la necesidad de tener parte con Él es decir, de participar en su Misterio Pascual (v. 8). Pedro acepta y pide un baño general, y Jesús declara que “ya hay una limpieza” en él y en otros discípulos: es la limpieza de la fe que crece en sus corazones.

(3º) El mandato nuevo de Cristo (VER vv 12‐15). Dicho mandamiento “nuevo” se refiere a la misma actitud amorosa del Señor. Recordando su condición de Señor y Maestro, Él instituye el mandamiento nuevo cuyo cumplimiento consiste en imitar al Señor en su amor (“como yo los he amado).

MEDITACIÓN

a. Este momento culminante del camino cuaresmal ¿nos encuentra reconciliados con Dios y con los hermanos en la cena de la caridad?

b. ¿Cuál es nuestro servicio humilde y concreto ante el hermano, a imitación del Señor que nos dio el ejemplo del lavatorio de los pies?

c. ¿Cómo hemos reaccionado hasta ahora ante el amor extremo que Dios nos muestra en la Pasión de su Hijo: correspondiendo con nuestra propia entrega al Señor y su voluntad?

d. Los signos del Misterio Eucarístico ¿son concretos en nuestra vida de servicio, fe y caridad?

ORACIÓN

Jesús, ven, tengo los pies sucios,

Por mí te has hecho siervo,

versa el agua en la jofaina;

Ven, lávame los pies..

Lo sé, es temerario lo que te digo,

pero temo la amenaza de tus palabras:

“Si no te lavo los pies,

no tendrás parte conmigo”

Lávame por tanto los pies,

para que tenga parte contigo.

Orígenes

CONTEMPLACIÓN

¡Oh, mi Señor Jesús!

Déjame lavar tus sagrados pies;

te los has ensuciado desde que caminas por mi alma…

(San Ambrosio)

ACCIÓN

  • Participar en este triduo pascual que inicia el Jueves Santo.
  • Hacer una oración por las vocaciones sacerdotales, consagradas y religiosas.
  • Orar por nuestros sacerdotes y obispos.
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