Comentario Bíblico, 24 de Febrero de 2019

Séptimo Domingo Ordinario

Ciclo “C”

Página Sagrada:

1Sam 26, 2.7-9.12-13; Sal 102; 1Cor 15,45-49; Lc 6,27-38

 

Invocación inicial:

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

27 Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. 28Bendigan a los que los maldicen, rueguen por lo que los difaman. 29Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. 30Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. 31Hagan por lo demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.
32Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. 33Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. 34Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. 35Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.
36Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. 37No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. 38Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».

Lc 6,27-38

Meditación

El respeto al enemigo (1ª Lectura).Es un ejemplo de respeto al enemigo. Respeto de David al rey Saúl, que lo andaba persiguiendo para darle muerte. En un determinado momento, las circunstancias ponen a Saúl en manos de David. Ahí lo tiene, para tratarlo a su antojo. Uno de sus hombres, Abisaí, hace incluso una lectura religiosa de aquella “ocasión de oro” para que David tome venganza, y se ofrece él mismo para matar a Saúl: “Dios te pone al enemigo en la mano” (v.8). Como diciéndole: – es voluntad de Dios que lo mates.  Pero David le replica, haciendo también una lectura religiosa de ese mismo momento: “no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor”(v.9).Así David se lo hace ver a Saúl, mostrándole con evidencias que ha tenido la ocasión de pagarle con la misma moneda, a él que lo andaba buscando para darle muerte. Y, sin embargo, no lo ha matado. Todo el relato una alabanza a la grandeza de ánimo de David que, de algún modo, adelanta el paso del respeto al amor al enemigo, que pide Jesús.

El amor al enemigo (Evangelio). Del  respeto al enemigo (1ª Lectura), Jesús nos pasa al amor. Amar al enemigo es el signo de que el amor es totalmente gratuito. No nos pide Jesús que amemos al enemigo sólo cuando éste nos pide perdón, porque quiere que cese la enemistad (esa es lógica humana de amor que muchas veces seguimos: sabemos perdonar). Es ya un paso importante, muy importante. Pero, el amor que nos propone Jesús da un nuevo salto, que humanamente nos parece ya un paso ilógico: “hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian”. Es decir, amen no sólo cuando ya les han pedido perdón y “las aguas han vuelto a su cauce”. Incluso cuando persisten las actitudes y hasta el mismo perdón que ofrecemos es rechazado por el enemigo. Con relación a los enemigos, Jesús desarrolla su enseñanza con cuatro “mandamientos”: amar, hacer el bien, bendecir y rezar. Enfrente hay situaciones reales y concretas: enemistad, odio, maldición, difamación. San Pablo agarró bien la enseñanza de Jesús, cuando recomienda “vencer el mal a fuerza de bien”. Jesús nos pide actitudes que, miradas “desde abajo”, parecen expresiones de debilidad y cobardía. Pero, nos quiere llevar a comprender que se necesita más fuerza y coraje para amar que para odiar. “Los otros” son tan importantes en la vida del discípulo que nos exigen reacciones que chocan con los criterios puramente humanos. Y, bien mirado, lo más importante, la razón más honda de amar, incluso a los enemigos es que, perdonando al enemigo, estamos “siendo compasivos como nuestro Padre es compasivo”. No se trata sólo de “cumplir” un mandamiento a la fuerza, se trata, más bien, de “imitar a Dios”, de ser semejantes a Él, “que es bondadoso incluso con los desgraciados y con los malos” (v.35). Nuestro modelo de compasión es Dios, como lo era para Jesús. En el amor hay que llegar al exceso: no vale sólo con responder: dar sólo a quien me da; amar sólo a quien me ama; portarme bien sólo con quien se porta bien conmigo. Ahí no hay exceso. Ahí hay sólo lógica humana. La lógica divina es que “amemos a nuestros enemigos, que hagamos el bien y prestemos sin esperar nada a cambio” (v. 35). Quien espera a cambio, lo que hace es comercio; quien no espera nada a cambio empieza a amar con el amor de Dios y tiene la recompensa que vale: parecerse a su Padre, Dios.

Mirar con “ojos de la tierra”/ mirar con “ojos del cielo” (2ª Lectura) Indicaciones muy hermosas de Pablo: para llegar a ese nivel de vida cristiana (amar a los enemigos), hay que dar el paso de vivir sólo como “hombres” (como hermanos en Adán) a vivir como “cristianos” (como hermanos en Cristo). No se trata, por tanto, sólo de vivir, sino de vivir como Cristo. Porque, no tenemos sólo vida (esa la tenemos por Adán), sino que tenemos también “espíritu” (y ése lo tenemos por Cristo): “el último Adán (Jesús) se convirtió en espíritu que da vida” (v.45) Jesús nos abre un camino nuevo para ser hombres y mujeres en una plenitud insospechada. Estamos llamados a la misma plenitud que tiene Cristo, comparado con Adán: “el primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo” (v.47). En Cristo, es posible alcanzar la meta de nuestra propia humanidad: “nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial” (v. 49). Como deudores de Adán, somos terrenos, pero hemos sido agraciados en Cristo con una meta nueva que nos abre un horizonte insospechado (el cielo).

Ecos para la semana

Lunes: La grandeza de ánimo de David lo lleva a no querer tomar venganza contra Saúl, que buscaba matarlo. Las circunstancias se lo ponen en su mano, pero él no lo mata. No le responde con la misma moneda. Es el primer paso en relación con nuestros enemigos: decir “no” a la venganza. Miramos nuestra vida personal y la vida de nuestras comunidades y aldeas, ¿descubrimos hechos de venganza? La venganza, ¿es solución para arreglar los problemas de relación de unos con otros?

Martes: Pero Jesús nos pide más. No ser vengativos es ya un gran paso. Pero Jesús nos pide “amar” a los enemigos. Nos dice que ese tipo de amor es el más generoso, porque es gratuito, ya que no esperamos nada a cambio. A ese tipo de amor generoso no llegamos si no es con la gracia de Jesús. Supone que perdonamos nosotros, aunque la otra o las otras personas no nos perdonen ¿Cómo ando personalmente en el asunto del perdón? ¿Tengo un corazón perdonador o “perdono, pero no olvido”? Y, ¿cómo está lo del perdón en nuestra aldea o comunidad?

Miércoles: “Ser compasivos como nuestro Padre del cielo es compasivo”. Tratarnos unos a otros con ternura y misericordia. Llevar a la práctica obras de misericordia. “Ser corazón para quienes están en la miseria” (eso significa la palabra “misericordia”): ¿Nos dejamos llevar por un corazón bueno, o somos indiferentes ante las penalidades de la gente? ¿Ayudamos, socorremos, cuidamos de quien nos necesita, aunque no sean parientes o amigos nuestros?

Jueves: Se nos pueden pedir cosas muy altas, porque Jesús nos “ha elevado” a un nivel superior de vida: nos ha regalado, en el bautismo, la vida de Dios. Nuestros criterios no pueden ser ya los criterios puramente humanos (por ejemplo: “es que toda la gente lo hace así” = éste es un criterio terreno). Nuestros criterios tienen que ser los de Jesús. Para saber cómo pensó y actuó Jesús tenemos que leer los Evangelios ¿Tenemos los Evangelios? ¿Los leemos? ¿Vamos aplicando a nuestra vida todas las enseñanzas y ejemplos que ahí da Jesús para vivir una vida “superior”, en un nivel más alto de exigencia?

Viernes: Muchas veces pensamos que, si no somos como la demás gente, no podemos prosperar en nuestra vida, ¿será eso así? El ideal es que vivamos de tal modo que la gente se tenga que preguntar: “pero, ¿por qué esta persona vive de manera distinta: perdona, es generosa, ayuda a los enfermos y ancianos, se preocupa de que haya mejores escuelas, mejores servicios de salud…, y todo lo hace sin que le pague nada nadie…?”. Si logramos ser de esa manera, hemos logrado el primer paso del anuncio de Jesús… Y mucha gente dirá: “yo quiero parecerme a él/ a ella”. ¿Nos damos cuenta que sin este primer paso no podríamos hacer ningún tipo de misión? Nos animamos unos a otros para caminar así.

Sábado: María es “la llena de gracia”. Lo que quiere decir que estaba totalmente abierta a Dios. Pero, para llenarse de Dios, hay que vaciarse de muchas cosas; hay que hacer que nuestro corazón esté disponible para el Señor y para la gente. Le pedimos a María que nos ayude a abrir nuestro corazón para que se llene de Dios y se llene de nombres y de rostros de la gente ¿Tenemos este corazón abierto? ¿O pensamos sólo en nosotros mismos y en nuestras cosas e intereses personales?

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Comentario Bíblico, 17 de Febrero de 2019

9Sexto Domingo Ordinario

Ciclo “C”

Texto Sagrado:

Jr17, 5-8; Sal1; 1 Cor 15,12.16-20; Lc 6,17. 20-26

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

17 Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón.

20 Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! 21 ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! 22 ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! 23 ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!

24 Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! 25 ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! 26 ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos traban a los falsos profetas!

Lucas 6, 17; 20-26

Meditación

Lograr o malograr la vida (1ª Lectura). Una vida “mal-decida = maldita” es una vida que no se logra llenar, se queda vacía; una vida “bien-decida=bendita” es una vida que logra plenitud y sentido. Este es el tema de la 1ª Lectura. Jeremías nos dice cuál es la vida lograda y cuál se queda en vida malograda. Tomando una imagen de la naturaleza, el profeta pone la diferencia entre hombres mal-decidos y ben-decidos en el punto de apoyo y confianza que cada quien elige para construir su propia existencia (¿en quién confiamos?)  Una invitación a preguntarnos por el cimiento de la vida, aquello que da consistencia a toda nuestra construcción personal. Los hay que buscan ese cimiento en la gente, y construyen así sobre debilidades como las de ellos mismos, construyen en la debilidad de su carne, “apartando su corazón del Señor” ¿Por qué lo hacen?, porque tienen miedo a que Dios destruya lo humano (su alegría, sus ilusiones, sus ideas…) y no les deje alcanzar sus metas y proyectos. Piensan mal de Dios. Lo consideran enemigo y lo intentan echar del entorno de su vida. Pero hay quienes piensan bien de Dios y de Él “bien-dicen” (bendicen a Dios y son bendecidos). No sólo no tienen miedo a que Dios les arrebate lo suyo; saben que poniendo el cimiento  en el misterio de Dios, todo lo bueno que tienen echa las mejores raíces. Por eso, en Dios ponen su confianza y su apoyo para vivir cada día. La imagen es muy hermosa: el árbol sin agua se seca; el árbol con agua echa raíces, ramas y frutos. El hombre sin Dios se seca; el hombre con Dios, está siempre frondoso.

Las “bendiciones” (bienaventuranzas) de Jesús nos desconciertan (Evangelio).De “maldiciones” y “bendiciones” va también el Evangelio de hoy. Lucas reduce el número de bienaventuranzas (4)  y añade cuatro maldiciones que pueden parecer extrañas en labios de Jesús. Los bendecidos (felices) según Jesús, ¿no son esos a los que nosotros llamamos desgraciados y “maldecidos”? Jesús nos pone en un verdadero aprieto. Nos quedamos como desconcertados. Pero, él mismo nos da la clave: a los pobres pertenece el Reino de los cielos; los hambrientos serán saciados; los que ahora lloran, reirán; para los excluidos y odiados a causa de Jesús, el premio en el cielo será abundante. Hay un futuro que “cambia las suertes”. Es el futuro de Dios en el que entra esta vida, pero entra también el más allá de la muerte (el cielo). La vida futura y eterna forma parte del arco de nuestra vida humana,  para nada es como un piadoso añadido. Es un futuro de Dios que tiene sabor a reivindicación y gloria, la gloria y la bendición de todos aquellos que fueron maldecidos por los hombres a lo largo de la historia. Y por eso están también los otros: los hombres que maltrataron y maldijeron y que, al final, serán ellos los “maldecidos”: los ricos, los satisfechos, los que se la pasan riendo, los que son por todos alabados y venerados. Esos que incluso nosotros mismos tenemos la tentación de llamarlos “bendecidos”. Esos pasarán hambre, llorarán y tendrán una eternidad de duelo. Desde un proyecto de vida que cuenta con el futuro, no basta con relucir por fuera, ni engañarse con las simples apariencias. El que cree tenerlo todo, pierde el sentido de espera. Y, creyéndose ya realizado, se expone a perder la plenitud para siempre. Un fuerte llamado a poner en Dios la confiada esperanza. No para quedar pasivos. Como a creyentes, nos toca adelantar el futuro de Dios ya a nuestra historia.

Una bendición que cuenta con el futuro (2ª Lectura). La bendición de Dios (las bienaventuranzas) supone que miramos nuestra vida con un alcance largo. El corto alcance es muchas veces nuestra gran tentación: ¿es que todo queda perdido y anulado con la muerte? ¿Es que el límite del hombre está en su propia historia personal? ¿Es que la mirada al horizonte de la vida se termina con su ocaso, con la muerte? La mejor bendición que podemos hacer de Dios es el anuncio de Cristo resucitado, que rompe los límites y fronteras de la vida y de la muerte  y nos abre a la vida de Dios para siempre. El “largo alcance de la vida” tiene la respuesta en Jesús. Y no sólo respuesta para él, también para nosotros: “si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno que los muertos no resucitan? Entre Cristo y el cristiano hay comunión de sentido y de vida. Una comunión tan fuerte que “si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado”. Y sin resurrección no hay sentido para la vida presente. No es sólo que nuestra construcción quedaría incompleta, es que le fallarían los mismos cimientos: “si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo sólo para esta vida, somos los hombres más dignos de compasión (v.19). La propia vida, que se resiste a desaparecer, nos remite al más allá. Ahí está el núcleo mismo de la fe: “Cristo ha resucitado de entre los muertos, y resucitó como el primer fruto ofrecido a Dios (las primicias), el primero de los que han muerto” (v.20). Cristo como primicias; nosotros como cosecha. Para Él y para todos nosotros la misma plenitud de vida.

Ecos para la semana

Lunes: La bendición y la maldición no son dos realidades mágicas. No “compramos” bendiciones o maldiciones como se compran los tomates en el mercado. La bendición y la maldición son como el “resultado” de la propia vida, ¿llevamos una vida de la que Dios pueda bien-decir (hablar bien de ella)? Entonces somos “bendecidos”; ¿llevamos una vida de la que Dios tenga que mal-decir? (hablar mal de ella) Entonces somos “mal-decidos”. Nos quedamos con esto: para saber cómo es la relación de Dios con nosotros y de nosotros con Dios, tenemos que mirar a nuestra vida de cada día. Nos preguntamos: Dios, ¿puede hablar bien de nuestra vida? ¿De qué cosas hablaría bien y de qué cosas tendrá que hablar mal? Por ahí debemos buscar el ser “bien-decidos” (bendecidos)

Martes: Miramos nuestra vida: si confiamos en el Señor y buscamos en Él nuestro apoyo, eso se tiene que notar en la alegría, la paz interior, el deseo de hacer el bien, ¿es ese nuestro estilo?, ¿somos alegres, serenos, deseosos de hacer el bien? ¿Vamos por la vida con cara de Buena Noticia o más bien vamos con cara de permanente funeral?

Miércoles: Bienaventurados y felices al estilo de Jesús que es el de las bien- aventuranzas, ¿qué supone para nuestras vidas tener en las bienaventuranzas el camino señalado por Jesús? ¿A quiénes llama la gente felices y dichosos y a quiénes llama Jesús así? ¿Coinciden siempre los criterios de Jesús y los criterios de la gente?

Jueves: Sin vida eterna no podemos hablar de bendición ni de estar bendecidos, ¿cómo está de segura nuestra fe en el más allá de la muerte? ¿Qué confesamos en el credo cuando decimos: “creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”?

Viernes: “Si hemos puesto nuestra confianza en Cristo sólo para esta vida, somos los hombres más dignos de compasión” (v.19). Un mensaje fuerte, pero hermoso, ¿qué nos quiere decir San Pablo? ¿Tiene algo que ver con las bienaventuranzas de Jesús?

Sábado: Leemos despacio el cántico de la Virgen, llamado Magníficat. Lo encontramos en Lucas, 1, 46-55, intentando descubrir cómo la Virgen descubre ahí la manera de actuar de Dios que se refleja en las Bienaventuranzas. Vamos buscando ahí cómo Dios “cambia las suertes”. Y afianzamos nuestra confianza y nuestro deseo de “ayudar a Dios” a que se produzca el cambio.

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Comentario Bíblico, 10 de febrero de 2019

CQuinto Domingo Ordinario

Texto Sagrado

Is 6, 1-2ª.3-8; Sal 137; 1Cor 14, 1-11; Lc 5, 1-11

"No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".

LECTIO DIVINA

Invocación inicial

¡Padre mío! ¡Ahora tu Palabra está aquí! Se ha levantado como un sol después de obscura noche, vacía y solitaria: cuando ella falta, sucede siempre así, lo sé. Te ruego, soples desde el mar el dulce viento del Espíritu Santo que me recoja y me lleve a Cristo, tu Palabra viviente: Quiero escucharle. No me alejaré de esta playa, donde Él amaestra y habla, sino que permaneceré aquí, hasta que me tengas consigo; entonces lo seguiré y caminaré con Él, a donde me lleve.

Texto


La gente se agolpaba junto a él para escuchar la Palabra de Dios, mientras él estaba a la orilla del lago de Genesaret.
2 Vio dos barcas junto a la orilla, los pescadores se habían bajado y estaban lavando sus redes. 3Subiendo a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se apartase un poco de tierra. Se sentó y se puso a enseñar a la multitud desde la barca.
4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
—Navega lago adentro y echa las redes para pescar.
5 Le replicó Simón:
—Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos sacado nada; pero, ya que lo dices, echaré las redes.
Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. 7Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Llegaron y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
8 Al verlo, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús y dijo:
—¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!
Ya que el temor se había apoderado de él y de todos sus compañeros por la cantidad de peces que habían pescado. 10 Lo mismo sucedía a Juan y Santiago, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Jesús dijo a Simón:
—No temas, en adelante serás pescador de hombres.
11 Entonces, amarrando las barcas, lo dejaron todo y le siguieron.

Lucas 5, 1-11

Meditación

El llamado de Isaías en la majestuosa grandeza del templo (1ª Lectura). Isaías narra su propia vocación. La escena es grandiosa. A quien llama, Dios lo agarra desde sus propias raíces. Isaías había echado las suyas en el Templo. Es una vocación de gran lujo cultual. Todo es solemne y majestuoso. Las imágenes subrayan la trascendencia de Dios: “sentado en su excelso trono”, y arropando desde él el lugar de su presencia: “la orla de manto llenaba el templo”. La santidad de Dios cantada por los serafines: el Dios tres veces santo (el Dios “santísimo”) y Señor del universo; y su gloria que llena hasta rebosar toda la tierra. Dios arriba y abajo. Dios en el cielo y en la tierra. Dios en el templo y en el universo. Su voz potente  hace temblar los quicios de las puertas del templo, inundado por el humo de su presencia. Con esta descripción logra Isaías un impresionante cuadro de la majestad divina. Utiliza imágenes, porque a Dios nadie lo ha visto jamás. Pero logra producir el efecto que pretende: la experiencia de un Dios que lo trasciende todo y lo penetra todo y lo llena todo. Y esa luz deslumbrante se hace personal y cercana. Isaías pasa a narrar su experiencia: frente al Dios tres veces santo (el Dios “santísimo”), está un hombre que se considera perdido: es hombre de labios impuros y habita en medio de un pueblo también de labios impuros. Se considera perdido, por haber “visto” a Dios. Perdido y temeroso. Cuando el piadoso israelita se sentía visitado por Dios, su primera reacción era de temor incontenible. Le pesaba demasiado su condición pecadora. E Isaías acoge el perdón: del mismo altar del Señor vienen las brasas que tocarán sus labios para purificarlos: “tu culpa desaparece, se perdona tu pecado”. Ahora sí, ya está preparado para recibir la misión: “¿A quién enviaré?”. Y es Isaías quien contesta: “Aquí estoy yo, envíame”. El Señor acepta y lo envía: “ve a decir a mi pueblo…”. Llamado y envío van a la par, también en la vocación de Isaías.

El llamado de los discípulos en la cercana sencillez del lago (Evangelio). El ambiente es distinto: ya no es el templo; es el lago.  Jesús necesita una barca, para poder enseñar desde el lago. Su “asiento” (su cátedra”) es una barcaza de pesca, y su “templo” es el lago. Le ayudan pescadores sencillos del lago. Ahí los ha encontrado Jesús, y ahí los llama, en su propio trabajo. Pero Jesús necesita que aquellos pescadores del lago se fíen de él. Y los pone a la prueba en su mismo trabajo. Ningún pescador echaría las redes al lago a eso de mediodía, y más, cuando no habían pescado nada en la noche. Pedirle a Simón Pedro “navegar lago adentro” y “echar las redes para pescar” le pudo parecer al curtido pescador del lago de Galilea como un gran sinsentido. Pero, Simón se presta al “disparate pesquero”, sólo “porque lo dice Jesús”. Y echa las redes. No le importa su trabajo de toda la noche y estar, además,  “laboralmente frustrado”: “no hemos pescado nada”. Así: ¡nada! No “poco”; “nada”. Y en contraste con ese “nada”, Simón ve ahora “una cantidad tan grande de pescados que reventaban las redes”. Su barca y la de Juan y Santiago “se llenaron tanto que casi se hundían”.  Su reacción es parecida a la de Isaías. También Pedro teme. En aquella abundancia de peces descubre la cercanía de Dios: cae a los pies de Jesús, lo adora, pero le pide que “se aparte de él”, porque ante Dios él “es un pecador”. Esta vez es Jesús el que le pide: “no temas”.         A llamarlos ahora a ser “pescadores de hombres”, Pedro comienza a entender la inmensa redada de peces. Y, sin temor, “amarrando las barcas, lo dejaron todo y lo siguieron”. Comienzan a ser “socios de Jesús”, enviados a “pescar multitudes” para el proyecto del Reino. A quienes entendían de pesca, los llamó para hacerlos expertos en “la pesca” de Dios, en el Reino y en la misión. Ahí, en su propio trabajo, les llegó vocación y misión.

Jesús resucitado llama también a Pablo (2ª Lectura). El mismo Jesús que llamó a los primeros discípulos es el Jesús de quien Pablo habla a los corintios. Él ya es misionero que anuncia “el mensaje de salvación”, que los corintios recibieron y en él se deben mantener firmes, si es que “no quieren echar a perder su fe”. Y, ¿cuál es el corazón de ese mensaje? “que Cristo murió por nuestros pecados…, que fue sepultado y que resucitó al tercer día”. Pablo narra su experiencia personal: el no conoció a Jesús a la orilla del lago; él persiguió a la Iglesia, por lo que no merece siquiera llamarse apóstol; él es como “un hijo nacido fuera de tiempo” (una vocación “extemporánea”); pero, también a él se le apareció Jesús y lo llamó por pura gracia. “No merezco el nombre de Apóstol” –confiesa-. Pero se está dejando la vida por anunciar el mensaje: “en cuanto a mí toca, la gracia de Dios no se ha malogrado”…; “me he afanado más que todos los otros”. Consciente de su debilidad, apunta a la fuente de su fuerza: “la gracia de Dios que actúa en mí”. Pablo es un verdadero “pescador de hombres”, a quien, habiéndolo dejado todo, le “ha bastado la gracia”.

Ecos para la semana

Lunes: El tema de hoy es la vocación y el envío. Cambian las circunstancias del llamado, pero el Señor llamó y sigue llamando, ¿cuándo y cómo hemos percibido nosotros el llamado de Dios? ¿En qué circunstancias concretas de nuestra vida sentimos que Jesús nos llamó? ¿Nos llamó de una vez para siempre o nos continúa llamando cada día?

Martes: Somos llamados para ser enviados. A cada uno el Señor nos dice: “vaya”; y a toda la comunidad nos dirige el mandato: “vayan”. No hay llamado que no termine en la misión.  ¿Cómo nos puede servir este domingo para que crezca nuestra disponibilidad a ser enviados por Jesús? ¿Cómo animar en nosotros y en toda nuestra comunidad la misión?

Miércoles: Para realizar la misión necesitamos la confianza en Jesús y en Evangelio, Los buenos misioneros/as están muy unidos a Jesús: “sin mí nada puedan hacer”: “no hemos pescado nada”, pero “en tu nombre, echaré la red” ¿Trabajamos apostólicamente “por nuestra cuenta” o lo hacemos “en nombre de Jesús”? ¿Cómo va nuestra oración? ¿Podemos ir diciendo poco a poco: “vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí?”

Jueves: Una cosa es ser confiados y otra es ser pasivos. Tener la seguridad de que Jesús está con nosotros no significa que dejamos que Él lo haga todo. Él quiere que, como San Pablo, nosotros “nos afanemos”, ¿participamos en nuestra comunidad?, ¿ponemos las cosas buenas que tenemos a disposición de los demás? ¿Esperamos a que todo lo hagan los otros y nosotros nos quedamos en criticar?

Viernes: El corazón del mensaje, el corazón del Evangelio, el Kerigma, el primer anuncio… Muchos nombres para una misma cosa: lo esencial, lo que no puede faltar en el anuncio: el inmenso amor de Dios ¿Nos abrimos así a este misterio de gracia? ¿Predicamos este misterio de amor y de gracia o nos va más predicar el castigo y la amenaza?

Sábado: Nuestra Madre, la Virgen, sabe mucho de llamado y de envío. En la anunciación recibió el llamado y recibió la misión. También ella dudó: “¿Cómo puede suceder esto…?” Pero su respuesta fue: “hágase”. Con su ayuda, repasamos nosotros nuestra disponibilidad: ¿nos quedamos en nuestras dudas o respondemos con firmeza: “hágase”?

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Comentario Bíblico, 3 de Febrero de 2019

Cuarto Domingo Ordinario

Texto Sagrado:

Jr1, 4-5.17-19; Sal 70; 1 Cor 12, 31-13,13; Lc 4,21-30


Al escucharlo, todos se llenaron de indignación

Lectio Divina

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

21 Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». 22 Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?». 23 Pero él les respondió: «Sin duda ustedes me citarán el refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm».

24 Después agregó: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. 25 Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. 26 Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. 27 También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio».

28 Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron 29 y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.

30 Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Meditación

Te atacarán, pero no te podrán (1ª Lectura). Jeremías nos ofrece la bellísima descripción de su llamado y de su envío, envueltos ambos en un conocimiento personal y cercano por parte de Dios, que es anterior a cualquier actividad del profeta: “antes de formarte en el vientre”, “antes de que salieras de las entrañas maternas”. Antes de todo, Dios conoce, consagra y envía a Jeremías, “destinado a las naciones”. Llevar a cabo la misión no le resultará fácil a Jeremías. Tiene que ir, sin miedo, “dispuesto a pelear”. Y no a proclamar su propia palabra, sino “diciendo lo que Él le ordene”. Y se lo va a decir “puesto en pie”, en señal de autoridad. El profeta va revestido de la fuerza del Señor que hace de él “una plaza fuerte, una columna de hierro, un muro de bronce”. La va a necesitar, porque el rechazo a su mensaje le viene de todo el país. Todos se van a enfrentar contra él. La advertencia de Dios es clara: “te atacarán”. Es el destino del verdadero profeta. Pero, también la confianza es propia del profeta que habla en nombre de Dios. Lleva en su corazón una promesa: “no te podrán”. Y la razón no puede ser más hermosa ni más honda: “yo estoy contigo para salvarte”. Sin una confianza así no habrían existido jamás los profetas.

Los mismos que se admiran de Jesús lo intentan tirar al barranco (Evangelio).También el profeta Jesús ha proclamado su unción y misión en la sinagoga de su pueblo (“el Espíritu me ha ungido, me ha enviado”) (Lectura evangélica). Allí era conocido desde niño. Su proyecto de liberación de los pobres impresiona a sus paisanos, que quedan “admirados de aquellas palabras de gracia que salían de su boca”. Pero, estaban perplejos. Lo que decía era hermoso, pero ¿quién era él para decirlo? Simplemente, era el hijo de José, el carpintero de la aldea. ¡Cómo nos cuesta entender que Dios nos hable a través de nuestra propia gente! Preferimos un Jesús, “Rey de Reyes”, “Señor de Señores”, “Altísimo sobre toda la tierra”… ¡Alguien que haga signos espectaculares! Jesús siente el rechazo y la desconfianza y responde en tono de queja: “ningún profeta es aceptado en su tierra”. Y como profeta, sus paisanos lo perdieron. Jesús acepta el rechazo, pero les recuerda que cuando los cercanos no quieren, el mensaje salvador del profeta se marcha a los de lejos (“destinado a todas las naciones” había sido Jeremías). Ahí tienen a Eliseo que cura a un leproso de Siria (Naamán) y a ninguno de Israel; o a Elías que es enviado a una viuda de extranjera (de Sarepta) y no a las viudas de Israel. No se puede decir más claro: quien se cierra en sus prejuicios, se pierde la salvación, aunque crea que tiene derecho a ella. Sus paisanos se dieron por aludidos. Pero, no para cambiar. No les gustó el mensaje de una salvación para todos. Y se fueron por lo más fácil y dramático: decidieron matar al mensajero. Su intención fue despeñar a Jesús por un barranco. En esta escena programática (al inicio de la vida pública), Lucas adelanta ya el destino de Jesús: no será el barranco del pueblo, será la cruz la que intente malograr el proyecto que él mismo había dicho tan claro en la sinagoga de Nazaret: El Espíritu “me ha enviado a anunciar la liberación a los pobres”.

En medio de divisiones y de conflictos, también dentro de nuestras propias comunidades, nos toca ser “profetas del amor” (2ª Lectura). Sin amor, el carisma de lenguas no pasa de ser “campana que suena o platillos que aturden”. Sin amor, el predicador o el sanador o el sabio, son un “don nadie”: “no soy nada”, dice Pablo. Sin amor, la generosidad o la entrega hasta el martirio no aprovechan de nada… Y sigue todo el himno al amor, que concluye con un fuerte subrayado de su importancia: “de la fe, la esperanza y el amor, la más grande es el amor” (13,13), porque “el amor no pasa nunca” y los carismas sí que pasan: “vendrá un día en que nadie comunicará mensajes de parte de Dios; nadie hablará en un lenguaje misterioso; nadie podrá presumir de una profunda ciencia” (13,8). El aviso de Pablo es claro: hay que trabajar por lo que perdura, y lo que perdura es el amor. Sin amor, el carisma es como “la flor del heno, que hoy es y mañana no aparece” ¡Qué triste sería una comunidad “carismáticamente” enfrentada! Sería una comunidad que intentaría “suprimir” a los profetas del amor.

Ecos para la semana

Lunes: El profeta no es una figura del pasado. También entre nosotros hay profetas. Gentes sencillas y sinceras que nos transmiten la verdad, aunque no nos guste… ¿Conocemos a gente así en nuestras comunidades? ¿Cómo tratamos a esa gente?

Martes: Por nuestro bautismo, también nosotros hemos recibido la vocación de ser profetas ¿Por qué nos da miedo decir la verdad? ¿Por qué callamos frente a la injusticia, los atropellos de las personas, la corrupción…? Tenemos que ser “profetas del amor”, ¿por qué nos da tanto miedo serlo?

Miércoles: De la enseñanza y del estilo de vida de Jesús, ¿lo aceptamos todo e intentamos vivirlo todo, o nos quedamos sólo con lo que nos gusta y nos conviene? De las enseñanzas y de las maneras de comportarse Jesús, ¿qué es lo que más nos resistimos a aceptar?

Jueves: El criterio para saber si son buenos nuestros grupos, comunidades, asociaciones, nuestra aldea… es el amor. Si no hay amor, todo lo demás que hagamos no nos vale: ¿sentimos que el amor de unos hacia otros es el motor de toda nuestra vida en la comunidad, en la aldea? ¿O son otros comportamientos? ¿Cuáles?

Viernes: ¿Cómo y qué vamos a hacer, después de escuchar estas enseñanzas, para arreglar los posibles distanciamientos e, incluso, enfrentamientos que puede haber entre nosotros? Nos comprometemos con algunas acciones concretas.

Sábado: El anciano Simeón le dijo a la Virgen acerca de su hijo, Jesús, que sería “signo de contradicción”, anunciándole la suerte que correría como profeta. Ella comprendió muy bien este destino de Jesús. Hoy le hacemos una oración especial para que venga con nosotros en el camino de nuestras luchas por llevar el Evangelio en nuestro envío de profetas y misioneros.

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Comentario Bíblico, 27 de Enero de 2019

Tercer Domingo Ordinario

Palabra sagrada:

Comentario

Neh8, 2-4ª. 5-6.8-10; Sal 18; 1Cor 12, 12-30; Lc 1,1-4; 4, 14-21

Lectio Divina

Invocación inicial

Shadai, Dios de la montaña, que haces de nuestra frágil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto, para que brote el agua para nuestra sed.

La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la obscuridad de la noche y abra el corazón para acoger el eco del Silencio para que el alba encolviéndonos en la nueva luz matutina nos lleve con las cenizas consumadas por el fuego de los pastores del Absoluto que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro, el sabor de la santa memoria.

Texto

1 Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, 2 tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra.

3 Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, 4 a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.

4,14 Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región. 15 Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

16 Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. 17 Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 18 “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos 19 y proclamar un año de gracia del Señor”.

Meditación

Proclamación de la Palabra en una situación nueva del pueblo (1ª Lectura). El pueblo de Israel había estado un largo tiempo en el destierro de Babilonia. Allí, se le habían olvidado muchas cosas de la Ley. Una vez de vuelta, era preciso recordarlas, para que el “programa de vida”/”su proyecto”, fuera de nuevo la Ley que Dios había dado a Moisés. Desde el alba hasta el mediodía, Esdras se la proclamó y “los oídos de todo el pueblo prestaban atención”. El pueblo respondió a la proclamación de la Palabra: a) dice que sí a Dios con un repetido “amén”; b) ora (“alzaron las manos”) y c) adora (“rostro en tierra”). En una situación nueva de su historia, el pueblo vuelve a acoger la Palabra como “lámpara para sus pasos”; como “luz para su sendero”. Fue un momento de emoción religiosa y al pueblo le dio por entristecerse y llorar. Pero, acoger de nuevo la Palabra no era ocasión de llanto ni de tristeza. Era más bien un momento de fiesta, el momento de los ricos manjares y de las bebidas deliciosas, de la mística de encontrarse juntos y de compartir, “invitando a quien no tuviera nada para sí”. ¿Eran fuertes las exigencias de la Palabra? Lo eran, pero no para entristecerse y llorar. Del llanto y de la tristeza no les iba a llegar la fuerza. La fortaleza les llegaba de “la alegría del Señor”.

La proclamación de la Palabra para el proyecto nuevo y definitivo de Jesús (Evangelio). Pero la etapa más nueva de la relación con Dios, la inaugura Jesús. No es otra etapa más, es la etapa nueva y definitiva. Y, según el Evangelio de Lucas, Jesús presenta su “programa/proyecto” también desde la Palabra de Dios, en concreto, desde un texto del profeta Isaías (61,1-2). Jesús hace la proclamación en la sinagoga de su pueblo, “Nazaret, donde se había criado”. En la Palabra de Dios, busca un texto que va a lo esencial: a su unción y a su misión para “evangelizar a los pobres”. Aquel texto profético estaba pendiente de realizarse, y Jesús proclama: “hoy se cumple la Escritura que acaban de escuchar” (v. 21). La “Buena Noticia” (el “evangelio”, que eso significa “buena noticia”) tiene nombre propio: Jesús. Jesús es “el” Evangelio, Jesús es “el hoy” del amor de Dios. Como libros, evangelios hay cuatro (la primera parte de la lectura evangélica de hoy se refiere al que escribió San Lucas), pero como “Buena Noticia”, el Evangelio es uno sólo: Jesús es la buena noticia del amor inmenso de Dios, a todos, pero de una manera privilegiada a los pobres. Para todos, pero de manera especial para ellos, Jesús anuncia un “año de gracia”, un tiempo de misericordia entrañable.

En esa etapa nueva y definitiva de amor de Dios viven nuestras comunidades, como vivía la Iglesia de Corinto, que Pablo había fundado (2ª Lectura). Porque había nacido del amor de Dios, a Pablo le duele que aquella comunidad no sea testimonio de ese amor y que ande dividida a causa de liderazgos mal entendidos. Aquellos liderazgos que “trocean” a Cristo. Para que lo entiendan bien, les propone una a imagen sencilla: tenemos un solo cuerpo, pero es un cuerpo con muchos miembros. En nuestras comunidades, como en el cuerpo, todos los miembros son necesarios, todos son complementarios y todos son solidarios. Sólo así la unidad no se convierte en uniformidad y la diversidad no degenera en dispersión. Es un ejercicio bonito ver las reflexiones y diálogos que, en esta segunda lectura, hacen los miembros del cuerpo. Pablo les hace hablar entre ellos y llegan a reconocer esto: “todos los miembros estamos ligados por el amor”. La finalidad es que “no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros por igual se preocupen unos de otros”… ¿Cuándo serán así nuestras comunidades?

Ecos para la semana

Lunes: La lectura de la Palabra de Dios no es aquello de que “predíqueme, padre, que por un oído me entra y por el otro me sale”. Leemos para comprender y llevar a la vida el proyecto de Dios. Hacer del proyecto de Dios nuestro propio proyecto ¿Leemos así la Biblia, o sólo vamos buscando curiosidades o consuelos pasajeros o aprendernos de memoria versículos y más versículos?

Martes: El proyecto de Dios es un proyecto de amor y no de aflicción; un proyecto de alegría y no de tristeza; un proyecto de compromiso con los demás y no de pasividad… La Palabra de Dios recoge una historia de amor y de fidelidad que nos debe dar alegría… Sabernos hijos de un Dios que nos ama… ¿Vivimos la relación alegre con un Dios que nos ama o la relación temerosa con un Dios que castiga?

Miércoles: Jesús también presentó su proyecto desde el proyecto de Dios: ungido y enviado por el Espíritu para dar la buena noticia a los pobres… Lo proclama hoy y lo cumplió hasta dar su propia vida en la cruz… ¿Nos sentimos cercanos a ese proyecto de vida? “Hay más alegría en dar que en recibir”, ¿nos lo creemos de verdad?, ¿cómo lo vamos poniendo en práctica? ¿Cómo lo vivimos en la misión?

Jueves: Los cuatro evangelios son la fuente preciosa para conocer mejor a Jesús y amarlo e imitarlo más. Si queremos ser como Jesús, tenemos que recurrir de manera muy sencilla a los evangelios. Llevarlos con nosotros, leerlos, anotarlos, meditarlos…Esa aproximación a Jesús a través de los Evangelios es la que compartimos con los demás (familia, vecinos, compañeros de trabajo…) en la sencilla misión de cada día, ¿lo hacemos?

Viernes: La comunión no es sólo la comunión eucarística, se refiere también a la común-unión de todos los creyentes: “formamos un solo cuerpo (cuerpo=comunión de todos en la Iglesia=un solo cuerpo), todos los que participamos de un mismo pan” (comunión eucarística), ¿cómo andamos de común-unión entre nosotros? ¿Tenemos proyectos comunes o cada quien (personas, grupos, aldeas) marcha por su cuenta?

Sábado: A nuestra Madre, la Virgen, la invocamos como “Madre de los pobres, de los humildes y sencillos”, de todos aquellos a quienes Jesús se sintió especialmente enviado, los últimos y más necesitados de nuestras comunidades, de nuestras aldeas, ¿nos sentimos también nosotros enviados de preferencia a los más pobres? ¿Cómo manifestamos que compartimos en eso el proyecto de Jesús?

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Comentario Bíblico, 20 de Enero de 2019

Comentario Bíblico, 20 de Enero de 2019

Segundo Domingo Ordinario

Ciclo “C”

Lectio Divina

¡Vamos de boda! La alegría de la salvación
¡Vamos de boda! La alegría de la salvación

¡Vamos de boda! La alegría de la salvación

Is62, 1-5; Sal  95; 1Cor 12, 4-11; Jn 2,1-11

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto1

1Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2 Jesús también fue invitado con sus discípulos. 3 Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». 4 Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía».

5 Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga». 6 Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. 7 Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. 8 «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron.

9 El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo 10 y les dijo: «Siempre se sirve primero el bu en vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento».

11 Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.a llegado todavía».

5 Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga». 6 Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. 7 Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. 8 «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron.

Meditación

Dios se desposa con Jerusalén (1ª Lectura) Con esa “boda”, se terminan para Jerusalén los días de desolación y de abandono y se convierte en la novia “querida y desposada” con el mismo Señor: “el Señor te quiere a ti y tu tierra tendrá ya marido” (v. 4)… ¡Qué hermosa imagen del amor de Dios que ofrece la salvación a su pueblo! Y ¡qué alegría para Jerusalén poder sentirse como “la novia” del mismo Dios! Es una imagen atrevida, pero de una gran belleza: “la alegría del novio por su novia es la alegría de tu Dios por ti” (v. 5) De la relación de Dios con su pueblo tenemos que hablar en lenguaje humano, con imágenes y aproximaciones, y a los profetas les parecía que hablar de esa relación tan entrañable con la imagen del “pacto” (la alianza) que hacen “dos socios”, era una manera muy fría, muy distante y como de simple cumplimiento de obligaciones… Por eso, recurrieron a imágenes de amor. La relación de Dios con su pueblo y de su pueblo con Dios es una relación de amor gratuito, entregado, generoso y alegre.

La salvación de Jesús es alegre y desbordante como vino de boda (Evangelio). La boda en Caná da pie a Jesús para presentar su misión: el “signo” que realiza ahí, se convierte en la gran presentación de la obra del Señor. Las seis tinajas estaban vacías. Jesús manda que las llenen de agua. Y convierte el agua en vino: ese cambio significa el paso de lo antiguo a  lo nuevo. Aquellas grandes tinajas “vacías” son un  signo de la Antigua Alianza… La Nueva Alianza son las seis grandes tinajas, llenas hasta el borde, hasta rebalsar. Es una hermosa imagen de plenitud, la imagen de una salvación desbordante. Y no sólo desbordante, también alegre: el “vino” es signo bíblico de la alegría. Y no sólo desbordante y alegre, también una salvación “nueva”. El vino que se sirvió en la boda y que faltó no era el mejor; el mejor estaba por venir. Así lo reconoció el encargado del banquete: “has guardado hasta ahora el vino mejor”.  Para el cuarto evangelio, este signo equivale a una presentación de Jesús y de su obra: Él es el portador de una salvación desbordante, alegre y nueva. Las tinajas de la vida muchas veces se nos vacían (nos falta plenitud); o si acaso, las llenamos de agua (nos falta la alegría); es preciso que rebalsen del “vino de la alegría del Evangelio”. Hacia esa plenitud nueva y alegre encamina el mandato de la Virgen: “Hagan lo que Él les diga”. En Jesús y en su misión salvadora (Evangelio), Dios “se ha desposado” con su pueblo (1ª Lectura) ¡Misterio de amor entregado!

Ese mismo inmenso amor de Dios, manifestado en Jesús, es el que crea los lazos más profundos en nuestras comunidades (2ª Lectura). Como la Iglesia de Corinto, nosotros tenemos el gran reto de mantener la comunión entre todos (personas o grupos), reconociendo la diversidad que el Espíritu concede a su Iglesia mediante los diferentes ministerios, dones y carismas. Pablo quería que aquella comunidad, que estaba dividida a causa de sus líderes, no confundiera la unidad con la uniformidad; pero que tampoco pensara que la diversidad es algo así como la dispersión (cada quien por su cuenta). Hay un solo Dios y Señor (con la imagen de la 1ª Lectura, diríamos que “hay un solo novio”). Pero, también “hay una sola novia”. Para adornar a esa sola novia (la Iglesia), el Espíritu reparte a cada uno sus dones como Él quiere”, pero los concede “para que cada uno se ordene al bien de todos” (v. 7).

Ecos para la semana

Lunes: La salvación se compara a una boda y no a un funeral. Sacar de ahí las consecuencias sobre cómo tenemos que pensar de Dios y de su obra en nosotros: ¿Dios/amenaza o Dios/amor? ¿Dios Padre o Dios verdugo? ¿Dios imponente y distante o Dios amoroso y cercano?

Martes: La salvación de Jesús es desbordante (las tinajas llenas a rebalsar), alegre (el vino de la alegría) y nueva (el último vino – el de Jesús – es mejor que el primero). Examinar la plenitud de horizontes que da nuestro anuncio: ¿nos abre o nos deja como encerrados en nuestros pequeños horizontes?/ Examinar nuestra alegría: ¿salimos de la Iglesia con cara de buena noticia?/ Examinar nuestra novedad: ¿siempre lo mismo y de la misma manera? Nuestro anuncio, ¿lo entiende la gente?

Miércoles: Jesús es el culmen y la plenitud de la revelación del amor de Dios: las tinajas vacías se llenan de vino hasta el borde. Debemos leer y vivir el Antiguo Testamento desde la plenitud que le da Jesús. Lo contrario es quedarnos a mitad del camino. De cualquier cosa que leamos en el Antiguo Testamento, siempre tenemos que preguntarnos: y de esto, ¿qué dijo Jesús?, o ¿qué hizo Jesús para llevar esta enseñanza del Antiguo Testamento a su plenitud?

Jueves: El Espíritu Santo crea la comunión y adorna a la novia (la Iglesia) con el amor: frente a la dispersión de lenguas de Babel, el Espíritu Santo promueve la comprensión de todos mediante el idioma común del amor, ¿hemos aprendido los signos del idioma del amor? ¿los empleamos para entendernos cada día, o son para nosotros como una lengua muerta, un lenguaje que ya nadie habla en nuestra comunidad?

Viernes: En la Iglesia no nos parqueamos  “por nuestra propia cuenta y riesgo”, porque en la comunidad “todos somos responsables de todos”. Hacerse los unos cargo de los otros. Así crece la comunidad cristiana y así se hace una “novia” digna de un pretendiente tan singular (Dios que nos quiere como el novio quiere a su novia), ¿qué le falta a nuestra comunidad para lograr este sentido de amor? ¿Qué aspectos comunitarios hay, sin embargo, en nuestra cultura que nos podrían ayudar en este camino?

Sábado: Nos sentimos encaminados por María hacia la plenitud de una salvación desbordante, alegre y nueva: “hagan lo que les diga”: Importancia de María en nuestro caminar de creyentes… Ella da a todo lo que hacemos la chispa de la ternura. Los rasgos de una mamá, ¿los tiene nuestra comunidad? Desde María, la comunidad es amorosa, servicial, comprensiva, sabe perdonar y consolar, sabe ayudar y entregarse… ¿somos así en nuestra comunidad?

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Comentario Bíblico, 13 de Enero de 2019

Comentario Bíblico, 13 de Enero de 2019

Fiesta del Bautismo del Señor

Primer Domingo del Tiempo Ordinario

Lectio Divina

bautismo-de-jesus-x-kiko-arguello

¡Gracias Señor Jesús por el Sacramento del Bautismo!

Is 42, 1-4. 6-7; Sal 28; Hch 10, 34-38; Lc 3, 15-16.21-22

Invocación inicial

¡Señor, nuestro Dios y nuestro Padre! Te pedimos el conocimiento del misterio del bautismo de tu Hijo. Concédenos comprenderlo como lo comprendió el evangelista Lucas: como lo comprendieron los primeros cristianos. Concédenos Padre, contemplar el misterio de la identidad de Jesús como lo has revelado en el momento de su bautismo en las aguas del Jordán y que está presente en nuestro bautismo.

¡Señor Jesús! Enséñanos en esta escucha de tu palabra qué cosa signifique ser hijos, en Tí y contigo. Tú eres el verdadero Cristo porque nos enseña ser hijos de Dios como tú. Danos una profunda conciencia de la acción del Espíritu que nos invita a una escucha dócil y atenta de tu palabra. ¡Espíritu Santo! Te pedimos que calmes nuestras angustias, los temores, los miedos para ser más libres, sencillos y mansos en la escucha de la voz de Dios que se manifiesta en la palabra de Cristo Jesús, nuestro hermano y redentor. ¡Amén

Texto

Lucas 3,15-16.21-22

15 Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, 16 él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.

21 Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo. 22 y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

Meditación

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Humildemente, Él, que no cometió pecado, se coloca en la fila de los pecadores para mostrar su solidaridad con nosotros, pecadores. A la salida del Jordán desciende sobre Él el Espíritu Santo y se oye la voz de lo Alto: “Éste es mi Hijo, el predilecto, escúchenlo”. Escucharlo, eso es lo que tenemos que hacer a lo largo de todo este año.

Las dos primeras lecturas indican que no se trata fundamentalmente de celebrar el bautismo de Jesús (y menos el nuestro) sino de la manifestación de Dios que autentica la persona y la misión de Jesucristo. Todo lo que el pueblo de Dios esperaba (1.lectura) y todo lo que Jesús hizo y la Iglesia cree y anuncia (2. lectura) está incluido en la proclamación del Jordán: Jesús es el hombre lleno del Espíritu de Dios que podrá manifestar y comunicar al Padre, al Dios del amor (ya que él es el Hijo, el amado, “en quien he puesto mi amor “=” el que es el predilecto”).

La escena del bautismo nos es presentada por Lucas con evidente intención del paralelismo con la que él mismo describirá como acontecimiento inicial de la Iglesia (Pentecostés). De ahí que Lucas atribuya a Juan la profecía de que “él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Se trata, por tanto, de subrayar el inicio de la misión profética de JC, que después continuará en la Iglesia de sus discípulos.

Con la fiesta del Bautismo del Señor finalizamos el tiempo de Navidad y empezamos el tiempo Ordinario. Esta es una de las fiestas de manifestación de Jesús. Se presenta a Jesús como verdadero Dios y como verdadero hombre. Él es nuestro Salvador.

La Palabra de Dios subraya, en efecto, estos puntos. El Evangelio recalca que “mientras permanecía en oración se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre Él en forma visible”. En Jesús, pues, habita el Espíritu de Dios, es Dios. Además se nos dice que “se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco”. Esa voz del cielo es la voz del Padre que confirma que Ése a quien Juan ha bautizado es su Hijo. Pedro, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles subraya que Jesús de Nazaret fue ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. No cabe duda que Jesús es verdadero Dios.

Pero Jesús no es sólo Dios, también es hombre. La primera lectura subraya la debilidad con la cual el Siervo de Yahvé actuará: ´”No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará”. El Evangelio apunta que “Jesús se bautizó”. El bautismo de Juan era un bautismo de conversión. Jesús se pone en la fila de los pecadores, no porque sea pecador sino porque se solidariza con nosotros pecadores. Ha decidido recorrer los caminos de nuestra historia experimentando nuestras debilidades.

Y que Jesús es nuestro Salvador lo recalcan las tres lecturas de hoy. El profeta Isaías nos presenta al Siervo de Dios como aquel que traerá el derecho a las naciones, abrirá los ojos de los ciegos y sacará de la prisión a los cautivos y hará ver la luz a los que habitaban las tinieblas. San Lucas subraya que Jesús pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Jesús es el Mesías, el Salvador.

Tenemos, pues, una presentación de Jesús como verdadero Dios, como verdadero hombre y Salvador.

Si bien el bautismo de Juan es diferente al bautismo cristiano en sus efectos, el bautismo de Jesús es una buena oportunidad para reflexionar acerca de nuestro propio bautismo, algo de lo cual no siempre somos enteramente conscientes. En efecto, el bautismo nos configura con Jesús, nos hace partícipes de su muerte y resurrección, nos da la filiación divina y nos abre el camino de la salvación.

Por el bautismo nos hacemos uno con Jesús y eso significa que participamos de la naturaleza divina, de la misma vida de Dios: somos verdaderamente hijos de Dios. Podemos reflexionar acerca de esta gran dignidad: poder llamar a Dios “Padre”. Pero a esta gran dignidad se une también la gran responsabilidad: vivir y actuar como verdaderos hijos de nuestro Padre Dios, siendo testigos de su amor y de su Reino.

Como configurados con Cristo, hijos de Dios, los cristianos debemos seguir los pasos de Jesús, eso es ser sus discípulos y debemos participar, también de su obra salvadora, cumpliendo su mandato: “Vayan y prediquen el Evangelio a toda creatura”. Ser misionero no es una prerrogativa de algunos sino parte esencial de nuestro ser cristiano. También a nosotros, bautizados, se nos dice hoy: “Tú eres mi hijo, el predilecto”. Pero también a nosotros se nos encarga hoy trabajar por implantar el derecho y la justicia, abrir los ojos de los ciegos, liberar a los cautivos, ser luz en el camino, pasar haciendo el bien, como Jesús. En otras palabras, trabajar por la implantación del Reino de Dios. Y esto aun experimentando nuestras limitaciones y flaquezas, con la certeza que el Espíritu del Señor está sobre nosotros, porque se nos ha derramado en nuestro bautismo y ha venido a hacer su morada en nosotros.

Hoy más que nunca se necesitan cristianos comprometidos, cristianos que den testimonio de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. El mundo necesita saber que Dios se ha hecho Hombre para nuestra salvación, que ha muerto y resucitado para que tengamos vida plena. En un mundo en el que priva la desesperanza, es necesario ser testigos de esperanza, hombres y mujeres que sabemos que Dios-Hecho-Hombre camina con nosotros, comparte nuestras alegrías y penas y nos abre el camino de “cielos nuevos y tierra nueva”.

Ecos para la semana

Lunes: ¿Creo realmente que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre?

Martes: ¿Confío en el poder de Jesús pero también experimento su presencia entre nosotros?

Miércoles: ¿Qué implicaciones tiene en mi vida el hecho de que Jesús sea verdadero Dios y verdadero hombre?

Jueves: ¿Soy consciente de mi dignidad de cristiano? ¿Vivo y actúo como verdadero hijo o hija de Dios?

Viernes: ¿Qué significa en mi vida diaria eso de que soy hijo predilecto del Padre?

Sábado: ¿A qué me compromete esta Palabra de Dios?

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