Lectio Divina, 15 de julio de 2018

Lectio Divina, 15 de julio de 2018

Décimo Quinto Domingo Ordinario

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Am 7, 12-15 * Salmo 84 * Ef. 1, 3-14 * Mc 6, 7-13

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“Los fue enviando”

Invocación inicial

Concédenos, oh Padre, reconocer en tu Hijo tu rostro de amor, la Palabra de salvación y de misericordia, para que podamos seguirlo con un corazón generoso y lo anunciemos de palabra y obra a los hermanos y hermanas que esperan el Reino y su justicia. Cólmanos de tu Espíritu para que nuestra escucha sea atenta y nuestro testimonio sea auténtico y libre, incluso en los momentos de dificultad y de incomprensión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Texto

7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 9 que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.

10 Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. 11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».

12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13 expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

Lectio

La página del Evangelio según San Marcos, amplía y actualiza para la vida de la Iglesia el tema del envío del discípulo a un ambiente de posible rechazo. La escena narrada contiene elementos significativos para entender la “misión que debe cumplir la comunidad eclesial en el mundo”:

a. Jesús congrega y envía a sus discípulos (VER v. 7): Él, que a su vez es enviado del Padre para testimoniarlo en un mundo necesitado y hostil, al mismo tiempo (cf. Jn 16. 4ss) prolonga su misión de evangelizador a través de la comunidad de discípulos.

b. Jesús da autoridad a sus enviados, a los que ha elegido para que “estuvieran con Él” (Mc.3, 14). Se trata del poder para seguir extendiendo su Reino de vida en un mundo oprimido por el Demonio y el misterio del mal del pecado humano (VER v.7b).

c. Jesús se hará presente al mundo a través de un estilo de misión: la prohibición de llevar otra cosa que un bastónpara el camino, y una túnica (VER vv.8‐9).

d. Jesús también comparte con sus enviados aquel rechazo del que son objeto el Hijo del hombre y el Reino de Dios, haciendo la advertencia sobre la casa que no acoge la Buena Nueva y ordenando un signo claro ante el rechazo del mundo: sacudir el polvo de las sandalias, jurídicamente los comentarios judíos simbolizaban así que atrás quedaba un pueblo pagano.

Meditatio

·        ¿Con qué intensidad ejerces tu profecía en el mundo? ¿acaso en complicidad con el silencio frente a lo que se opone al Reino de Dios?

·        ¿Mantienes tu libertad y generosidad en la dura tarea a la que has sido “enviado” por el Señor?

·        En tu presentación y obrar en el mundo ¿conservas y haces posible el espíritu de dependencia de Cristo (no llevar nada para el camino, más que la certeza de la misión recibida)?

Oratio

Recorriendo nuestros caminos, has traído al mundo la buena nueva de la vida, oh Cristo, enviado por la misericordia del padre. Hoy eres Tú quien nos envías, en las condiciones de vida que Tú has tenido, ayúdanos a perseverar siempre. AMÉN.

Contemplatio

La voz de todos aquellos que esperan la acción profética de los discípulos de Cristo, parece estar recogida en la súplica del Salmo 84: “Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos la salvación”. Misericordia y salvación que son el primer objetivo de todo anuncio.

Actio

  1. Renovar nuestras formas de profecía en el mundo, haciendo más fuerte nuestro testimonio y compromiso con el Reino.
  2. Hacer de nuestra comunidad un espacio auténtico de vida en el Espíritu de los hijos de Dios.
  3. Explorar los caminos de los hombres, acompañando todas sus situaciones, para llevar a todos el Evangelio de la paz, la justicia, la libertad.
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Lectio Divina, 8 de julio de 2018

Lectio Divina, 8 de julio de 2018

Décimo Cuarto Domingo Ordinario

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Ez 2, 2-5 * Salmo 122 * 2Co 12, 7-10 * Mc 6, 1-6

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“¿No es el hijo del carpintero?”

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

1 Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanos no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.

4 Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa». 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

Lectio

En el evangelio de hoy, Jesús experimenta el ser motivo de escándalo y rechazo que caracterizó la vida de todos los profetas anteriores a Él. Como Ezequiel en su momento, también Jesús hallará el rechazo de sus propios parientes: gente de falsa religiosidad que se niega a reconocer la intervención de Dios en “aquel hombre” que consideran “hijo del carpintero” y pariente de muchos presentes. Diversos elementos son propuestos en la enseñanza de esta escena:

a. En su camino hacia quienes quiere salvar, Dios provoca un acto de fe más que un “acto de maravilla meramente” en cosas extraordinarias y vistosas. Así, el problema de sus contemporáneos no fue creer en los milagros, sino “creer que venían de aquel a quien conocían” (VER v.2).
b. En su plan de salvación, Dios pasa a través de lo normal y conocido, tal y como ocurre en el misterio de la Encarnación (Gal. 4,4), de lo que uno conoce y de “los que uno conoce” (VER v. 3).

c. Ocurre entonces que hay un aparente fracaso del enviado por la falta de fe de quienes no le reciben: No pudo hacer allí muchos milagros (VER v.5). Pero en el fondo, son ellos quienes fracasan en su pretendida capacidad de “ver y valorar” a los profetas de Dios.

De esta manera queda diagramada la “pérdida de oportunidad de la salvación” en el Cristo que pasa: esa oportunidad perdida se dibuja en el drama del rechazo a la visita del Cristo a Nazaret. Pérdida de todo, por no abrirse sinceramente al modo cómo Dios habla también por los de casa a quienes nos falta fe para escucharlos. Por ello: para llegar al misterio de la persona de Jesús, es necesario abrirse al Jesús real.

Meditatio

  • Aún cuando tienes mucho tiempo de ser cristiano ¿hay algo que aún te escandaliza de Cristo? ¿algo que no aceptas “de su Palabra que sacude tu forma de pensar?
  • Aún cuando se afirma que “hablar no cuesta”… en tu compromiso testimonial en los diversos ambientes ¿cuánto estás dispuesto a servir como testigo esforzado de un mensaje que no es nuestro sino que es “Palabra del Señor”?

Oratio

Hacia Ti, oh Dios y Señor nuestro, levantamos nuestros ojos, fijamos atentos nuestra mirada, pues todas nuestras empresas nos las realizas Tú. En Jesús reconocemos, oh Padre, tu visita maravillosa a nuestra tierra. AMÉN

Contemplatio

El tema del servicio incondicional se dibuja en la profunda disponibilidad del orante del Salmo 122. Estamos invitados a contemplar a alguien que suplica en medio de las dificultades.

Actio

  1. Renovar nuestra capacidad de advertir el paso de Cristo en sus siervos, mártires y profetas.
  2. Cuestionar nuestros muchos y duros prejuicios y condenas hacia la debilidad humana de los servidores del Reino.
  3. Disponernos nosotros mismos como discípulos al testimonio constante de su Reino de justicia, paz y reconciliación en todo ambiente donde nos encontremos.
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Lectio Divina, 1º. de Julio de 2018

Lectio Divina, 1º. de Julio de 2018

Décimo Tercer Domingo Ordinario

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Sab 1, 13-15; 2,23-24 * Salmo 29 * 2Co 8, 7; 9, 13-15

* Mc 5, 21-43

Madre Teresa

“A ti te digo, niña: ¡Levántate!”

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén. Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Texto

21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva».

24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. 25 Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias. 26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. 27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada». 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?». 31 Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?». 32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».

35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?». 36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.

39 Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». 40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». 42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

Lectio

A ti te digo, niña: ¡Levántate!: La famosa escena de la resurrección de la hija de Jairo según el Evangelio de Marcos, viene a completar la presentación del Dios de la vida propuesta por la Página sagrada. En realidad se trata de una doble presentación:

a. Jesús es el paso de Dios, del Dios que ha creado al hombre destinándolo para la vida plena. Tanto en el caso de la niña enferma y luego muerta, como en el de la mujer enferma, dichas personas encontrarán en Cristo su sanación, y más aún, el verdadero destino de lo humano: una vida digna y restaurada en su ambiente social y familiar.
b.
En el caso de la mujer enferma (VER vv.25‐34) ocurre una doble curación, una doble intervención del Dios que vivifica:

– Jesús no se niega a participarle de la vida que de él emana (VER 31 ss): de hecho él ha venido para restaurar todo lo humano que padece bajo el poder del mal. Su interrogación (VER v. 32) no es de indignación sino destinada a poner de manifiesto lo que es el inicio de toda sanación: la fe de aquella mujer que “quiso creer y pasar desapercibida de todos”.

– A la curación física, el Maestro añade la curación espiritual absolviendo sus pecados (VER v. 34), elemento que se deduce de la valoración de la enfermedad como fruto del pecado tenida entonces entre los judíos.

c. En el caso de la niña, las palabras con que tiene lugar su restauración son prácticamente palabras y gestos de resurrección: El Maestro la toma de la mano, es decir, extiende su “mano poderosa” como de Moisés, aquella que se extendió en el caos del Mar Rojo e hizo salir al pueblo de la escena de la muerte a la vida. Las palabras de Jesús son figura de la resurrección, pues dicho milagro simboliza ya lo que será el levantarse del final de los tiempos de todos los que “esperan en el Dios de la vida”.

Meditatio

  • ¿Nuestro compromiso con la vida en todas sus formas es en verdad imitación de la acción del Dios de la vida? ¿o hemos caído pasivamente en la indiferencia o hasta en la complicidad de lo que atenta contra la vida?
  • Nuestra postura delante de la enfermedad y del fin de la vida ¿se ve orientada por nuestra fe y relación con Cristo, vida nuestra?

Oratio

Si Tú pasas de nuevo, oh Cristo, no moriremos para siempre… si tu nos ves, no veremos más las sombras del sepulcro… si Tú nos lo ordenas, nos levantaremos de nuevo hacia la vida: ¡oh Dios de la vida y vida de los que creen! aumenta nuestra poca fe. AMÉN

Contemplatio

Con el salmo 29 la asamblea se ve invitada contemplar y a proclamar su testimonio del auxilio recibido de parte del Dios de la vida. Dicho auxilio no es otro que el rescate de la muerte y el paso a la vida que se celebran en el domingo cristiano.

Actio

  1. Reforzar nuestra propia fe en la vida que viene de Dios, haciendo concreto nuestra cercanía a toda situación donde la vida está amenazada.
  2. Extender en todo ambiente, mediante nuestro amor cristiano, el Reino que ha de imperar sobre la cultura de la muerte y la violencia.

 

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Lectio Divina, 17 de Junio de 2018

Lectio Divina, 17 de Junio de 2018

Décimo primer domingo del tiempo ordinario

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Ez 17, 22-24 • Salmo 91 • 2Co 5, 6-10 • Mc 4, 26-34

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“Si tuvieran fe como una semilla de mostaza”

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu para que nos ayude a leer la Escritura con la misma mirada con la que tú se la leíste a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos estremecedores de tu condena y muerte. De este modo, la cruz que parecía ser el fin de toda esperanza, se mostró a ellos como origen de vida y de resurrección.

Haz en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Que tu Palabra nos oriente para que también nosotros, como los dos discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y dar testimonio a los demás de que tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a tí, Jesús, hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado al Espíritu.

Amén.

Texto

26 Y decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: 27 sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.

28 La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. 29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha».

30 También decía: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?

31 Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, 32 pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra».

33 Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. 34 No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

Lectio

Retomando el curso de su mensaje en el ciclo B, la Página Sagrada continúa presentando a la comunidad eclesial de discípulos y testigos del Señor el tema del Reino de Dios y su desarrollo misterioso, más allá de los cálculos y de las fuerzas humanas. Ese Reino es comparado abundantemente en este domingo con figuras vegetales: tanto con aquel plantío que Dios colocará y hará crecer portentosamente (1ª lectura de Ezequiel), como con la semilla de crecimiento prodigioso, que se hace árbol grande (Evangelio). Por su parte, la 2ª lectura continúa la presentación de la Segunda Carta a los Corintios, con este mensaje no lejano al misterio de la vida cristiana: en este caso, una invitación a dirigir la mirada al futuro donde se aclarará el sentido de nuestro peregrinar y luchar por la construcción del Reino de Dios desde ya.

a. El Señor ensalza a los árboles humildes. En el pensamiento del Antiguo Testamento, el Reino de Dios estaba concretizado en el mismo pueblo de Israel: su crecimiento, su progreso y esplendor, o tal vez su desgracia y ruina significaban el progreso o ruina del mismo Reino. Es por ello que Ezequiel, que escribe para los deportados en Babilonia, luego de la tragedia del s. VI a.C. presenta hoy la restauración del Reino de Dios mediante la restauración del Reino de Dios mediante la restauración de Israel. Dios está por obrar algo prodigioso y nunca antes visto:

  1. Él transportará y plantará el resto de los exiliados de nuevo al Monte Sión, haciendo crecer la comunidad como un árbol grandioso. Más allá de lo que el pueblo puede esperar, el poder de Dios se manifiesta en el retorno y en el progreso de Israel en su tierra recobrada.
  2. Dios convertirá la comunidad castigada en “árbol frondoso” de fruto abundante y morada de aves del cielo: Israel tiene un futuro que no se cierra sobre sí mismo, sino que ha de realizar la misión de Abraham: “ser bendición para las naciones de la tierra” (cfr. Gn 12,3).
  3. El mismo Señor será conocido y glorificado por lo que obrará en la comunidad reunida desde el exilio: la suerte de Israel se orienta a una gloria que no le pertenece: es Dios el último objeto del conocimiento y de la alabanza de las naciones que hasta ahora sólo han visto la ruina de la nación consagrada.
  4. La fórmula de juramento que cierra el texto deja ver el empeño serio y personal con que Dios se prepara a instaurar su Reino en el mundo… Israel cuenta con el poder del creador del universo y señor de todos los pueblos.

b. En destierro o en patria, nos esforzamos por agradarlo. La tonalidad bastante emotiva e igualmente seria de toda la Segunda Carta a los Corintios está recogida hoy en la sección del capítulo 5 donde el apóstol Pablo plantea desde su propia experiencia de fe lo que es el misterioso camino del cristiano en el mundo, camino que se ve marcado por ciertas características:

  1. Hay que avanzar movidos por la esperanza más que por las certezas y las constataciones claras de lo que se está haciendo o logrando por el Reino de Dios. Pablo mismo ha hecho experiencia de un misterio que “ha logrado dar frutos” pero que termina mostrando resultados contrarios a él como apóstol: en el momento en que escribe esta carta debe prácticamente defenderse de los cristianos mismos, incomprensivos de su forma de hacer apostolado.
  2. La relación del cristiano con el Señor pasa a través del continuo esfuerzo por agradarle, viviendo como al Señor le agrada: de una manera nueva, tan diferente de los criterios del mundo que ignora a Dios.

c. La semilla más pequeña superará a todas en altura. El texto del Evangelio contiene dos comparaciones vegetales que llegan a dibujar felizmente el destino del Reino en el Nuevo Testamento: teniendo su centro en la Iglesia de Cristo, dicho Reino crece misteriosamente según el designio del Maestro:

  1. La primera parábola se refiere a la fuerza que en sí mismo tiene el Reino. La semilla “crece por sí sola”, es decir, en un contraste: mientras el dueño del terreno duerme, o bien si vigila, aquella semilla –figura de la gracia poderosa de Dios– continúa su desarrollo. Se trata igualmente de un proceso cuyo camino secreto sólo Dios lo conoce: la hierba, la espiga, el trigo abundante. En síntesis: el control humano sobre el plan de Dios (para su Reino) queda atrás, pues se trata de un misterio que el hombre debe adorar antes que pretender dominar.
  2. La segunda parábola se refiere a la maravillosa potencia de lo pequeño y despreciable del Reino capaz de convertirse en manifestación de la gloria de Dios. La semilla del grano de mostaza (la más pequeña entre las comunes de la hortaliza) es figura de aquel “brote arrancado del árbol grande y sembrado por Dios en Sión” del que hablaba Ezequiel en la 1ª lectura: acá también destaca el tema del contraste del inicio con el esplendor del final de la obra de Dios en la historia… una figura de lo que debe de tener en cuenta la comunidad de fe en su propio crecimiento confiado en Dios.

En ambos casos, se trata de estimular la reflexión de la comunidad creyente sobre su mismo destino: ella debe de pasar del temor a la confianza, pero también de autosuficiencia a la adoración del que tiene en su mano poderosa el destino de todos y cada uno en su Reino.

Meditatio

  • ¿Hasta qué punto cultivamos la humildad en lo que consideramos el trabajo por el Reino de Dios?¿Entra en conflicto nuestro hacer con lo que Dios tiene dispuesto más allá de nuestras fuerzas?
  • Nuestros proyectos ¿están suficientemente alentados por la esperanza o dependen de nuestra “autosuficiencia” en lograr lo que nos proponemos?
  • ¿Cuánto enriquecemos o empobrecemos la vida comunitaria con nuestro querer conquistar el Reino cuando éste es más bien un don que depende de la gracia de Dios?
  • ¿Participamos del espíritu del mundo, capaz de la frustración, cuando nos parece que el esfuerzo personal o eclesial ha sido vano? ¿Nuestra mirada de fe sobre la historia que Dios dirige es intensa?

Oratio

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir cuanto tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros, como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar sino practicar la Palabra.

 Contemplatio

Leemos y contemplamos el Salmo 91.

Actio

Realizamos un acto de amor con alguno de nuestros enemigos.

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Lectio Divina, 10 de Junio de 2018

Lectio Divina, 10 de Junio de 2018

Décimo domingo del tiempo ordinario

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Gn 3, 9‐15 • Salmo 129 • 2Co 4,13 ‐ 5,1 • Mc 3, 20‐35

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“El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca”

Invocación inicial

Dios amable y amoroso,
gobernante de todas las cosas en el cielo y en la tierra,
escucha favorablemente la oración de Tu pueblo
y concédenos tu paz en nuestros días.
Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo,
quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
Un Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Texto

20 Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. 21 Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: «Es un exaltado».  22 Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios». 23 Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: «¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? 24 Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir, 25 Y una familia dividida tampoco puede subsistir. 26 Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llega a su fin. 27 Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

28 Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. 29 Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre». 30 Jesús dijo esto porque ellos decían: «Está poseído por un espíritu impuro». 31 Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. 32 La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera». 33 El les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». 34 Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35 Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

 

Lectio

El misterio de la libertad para aceptar o rechazar el plan de Dios viene hoy profundamente propuesto por la página sagrada en la escena clave de la “caída de los primeros padres”: a la opción contraria a la vida seguirá en consecuencia un destino marcado con el sufrimiento y la muerte (1ª. Lectura). En la plenitud de los tiempos, la misma decisión libre excluirá de la posible salvación a los adversarios de Jesús de Nazaret, el Mesías rechazado… aquellos que sin embargo, aceptando el plan de Dios en su destino y en su historia escuchan al Hijo de Dios, harán parte de su familia nueva: donde la fraternidad y la filiación vienen de la imitación de Jesucristo (Evangelio). La auto-presentación como hombre de fe realista ante las propias limitaciones completa este domingo la “defensa” paulina, referida en todo momento al misterio del Crucificado, en quien San Pablo sigue poniendo su esperanza (2ª. Lectura).

Decían: “Este actúa por el poder de Beelzebu”. En esta nueva escena de controversia entre Jesús y sus adversarios, prácticamente se contienen los mismos personajes y situaciones que en la página fundamental de Génesis 3:

Ante la presencia del Reino que se ha hecho cercano en Cristo (Véase Mc 1,14) la humanidad reacciona de muy diversas formas:

  1. a) Con escepticismo y con “lógica a la medida del mundo”: los parientes físicos del Señor (Véase v.20)
  2. b) Con renovada cerrazón y violencia, e incluso con razonamientos que bloquean el reconocimiento de la acción de Dios aquí y ahora: los escribas (Véase v.22)
  3. c) Con apertura y disponibilidad para entrar al Reino que se ofrece en Jesús: la muchedumbre que le escucha atenta y que constituirá una “nueva familia” vinculada por la imitación de Cristo, modelo de “filiación perfecta en la obediencia al plan de Dios” y por lo tanto Hombre Nuevo a diferencia de Adán (Véase 31-35)

Todas estas clases de respuesta a Dios presente en Cristo perfilan el drama constante en el que se juega el destino de vida o muerte para el hombre. En un análisis más profundo y desde otra perspectiva, acá se repite la conquista o la pérdida de la libertad verdadera como en la escena del Génesis:

  1. a) El grupo de la familia de Jesús se mueve por temor ante las acciones provocativas y comprometedoras de su pariente. Buscan “declarar la enfermedad” ocultando más bien la vergüenza que les hace prisioneros de la situación social (Véase vv. 20-21)
  2. b) El grupo fariseo encarna la oposición total y satánica: aquella que comente “con el único pecado que no será perdonado”, contra el Espíritu Santo que actúa en la potencia del Cristo (cfr. Mt 12,24ss y acá v.29) (Véase vv. 22-30). Ante ellos sin embargo, Jesús también presenta un argumento, una razón ilustrativa (el doble ejemplo del reino dividido y de la casa tomada por asalto; (Véase vv. 24- 28). Más que una defensa, su intención es liberar a este grupo, prisionero de sus intereses y temores.
  3. c) Una actitud que manifiesta la libertad verdaderamente deseada caracteriza al tercer grupo que inicia con el primer paso de la escucha una nueva relación de vida con Dios a través de su Cristo
    (Véase vv. 31-35)

Meditatio

  • ¿Hasta qué punto testimoniamos el ser cristianos en un mundo que hace de menos e inclusive se opone al Evangelio y sus consecuencias de vida personal, familiar y social?
  • ¿Tenemos también nosotros argumentos con los cuales retirar el mensaje cristiano de la escena de la vida cotidiana? ¿Hasta dónde somos libres y coherentes?
  • ¿Podemos identificar la voz de Cristo como seguidores suyos, como “ovejas que reconocen su voz (cfr.10,4ss)? ¿O la distorsión que el mal hace de la obra del Evangelio termina por hacernos dudar “en nombre de quien actúa la Iglesia, Cuerpo de Cristo en el mundo?

Oratio

Oh Señor, Tú nos has buscado y conocido.

Sabes cuándo nos sentamos y cuando nos levantamos; Tú disciernes nuestros pensamientos desde lejos.

Pruébanos y conoce nuestros pensamientos.

Ve si hay alguna maldad en nosotros, y guíanos por caminos de eternidad.

Amén. (del Salmo 139)

Contemplatio

Escucho a Dios para conocer su voluntad.

Actio

Oremos ante la Sagrada Familia por un mundo que se ve afectado por antivalores que dominan la sociedad.

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Lectio Divina, 3 de Junio de 2018

Lectio Divina, 3 de Junio de 2018

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Ciclo “B”

Página Sagrada:

Ex 24,3-8 • Sal 115 • Hb 9,11-15 • Mc 14,12-16.22-26

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“Esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre”

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

12 El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?». 13 El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, 14 y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: «¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?». 15 El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario». 16 Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

22 Mientras comían, Jesús tomo el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo». 23 Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. 24 Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. 25 Les aseguro que no beberá más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios». 26 Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Lectio

En la solemne celebración del “Corpus Christi” la Iglesia que celebra y vive la Eucaristía, reconoce un tema fundamental en la página sagrada: la alianza de vida entre Dios y los hombres, realizada y contenida en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. En primer lugar aparece aquella “antigua alianza” celebrada en el monte Sinaí con la mediación de Moisés (1ª lectura), por la cual Israel dio acción de gracias a lo largo de toda la historia de la salvación (salmo 115): ella sin embargo, preparaba tan solo la que sería alianza nueva y definitiva en la cual la relación con Dios se fundamenta en su entrega total en el alimento eucarístico (Evangelio); alianza que debe profundizarse para llegar a ser en Verdad relación de vida entre personas, historias, amores (2ª lectura).

  1. Esta es la sangre de la alianza que el Señor hace con ustedes. La 1ª lectura presenta la inolvidable escena de la alianza en el Sinaí, la cual debe de ser entendida por Israel como aceptación de la vida de Dios en la vida humana a todo nivel. Elementos a notar son:
  2. De hecho, el pueblo acepta la propuesta de Dios: seguiremos todos los mandamientos del Señor. Sólo cuando han actuado la libertad y la voluntad, tiene razón de ser el rito.
  3. En sí mismo, el ceremonial de la alianza ya contiene expresión de la libertad comprometida: no es magia, sino que objetivamente las palabras de la alianza se convierten en un Libro que podrá leerse y entenderse y cumplirse. Dentro del rito se construye el altar que a su vez expresa:
  • La vida entregada, comprometida: la sangre.
  • El libre compromiso del hacer humano: la promulgación de la ley.
  1. La sangre de Cristo puede purificar nuestra conciencia. La lectura de Hebreos es la que presenta, sin duda de modo más excelente el sentido del Cuerpo y Sangre ofrecidos por Jesús Sumo Sacerdote de la alianza nueva: se trata de un sacrificio mucho más efectivo de que todos los anteriores:
  2. En efecto, los holocaustos habían perdido eficacia, su poder de relacionarnos con Dios precisamente porque existía el divorcio entre rito y ejercicio del mandato de amar: Jesús lo ha reclamado a su generación recordando la sentencia de Oseas 6,6 “¿No han entendido aquello de: Misericordia quiero y no sacrificios?” (Mt 12,7).
  3. Y sin embargo, Él ofreció un sacrificio diferente, porque fue movido por la más grande misericordia (es decir, el amor), y no por un cumplimiento externo. A sus discípulos dice: No hay amor más grande que dar la vida por los amigos (Jn 14,13), y su entrega fue sin reservas, total (Cuerpo y Sangre, persona toda). De este modo, la más fuerte alianza, la de Dios por la Eucaristía, tiene en Jesús su sacerdote nuevo propio del nuevo tiempo de salvación.
  4. Esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre. Comprendiendo que la antigua alianza era “únicamente imagen de la nueva y verdadera” (Orígenes), la página evangélica contempla hoy por excelencia a Cristo, renovador de toda alianza divino-humana en los días en que se celebraba la Pascua de los Judíos. De la narración según el Evangelio de Marcos, interesa notar algunos elementos:
  5. Jesús tiene todo preparado, para sorpresa de sus discípulos, por lo que se presenta como el que toma la iniciativa de la nueva alianza.
  6. El hecho de hacerlo en Pascua significa que Jesús desea dejar claro que se trata de vida nueva hecha posible por el mismo Dios que liberó al pueblo de Egipto.

iii. Los gestos de Jesús son igualmente significativos:

  • Él bendice como lo hacían los judíos en la cena de Pascua, dando gracias a Dios por los acontecimientos de aquella primera pascua. Ello hace sin embargo, de modo nuevo: ahora su misterio pascual será la gran obra, la gran maravilla obrada por Dios para la liberación verdadera y definitiva.
  • Él ofrece a los suyos su cuerpo y su sangre, pues ya no habrá más víctima que Él mismo: No sólo la sangre –como en los antiguos sacrificios– sino cuerpo y sangre, pues para los hebreos ambos elementos son la persona total, la “existencia toda” de una persona tal es lo que, Jesús dona en la alianza nueva.

De este modo, dejando para siempre no elementos externos, sino su misma persona su existencia ofrecida toda, Jesús crea un vínculo, una relación que solo puede darse a nivel de existencias: la nueva alianza no tiene valor por los ritos en sí mismos, sino por lo que Dios da y por lo que el hombre ofrece como respuesta. La vida comprometida con el otro para siempre. Salvador y salvados se unen por un vínculo que es más fuerte que el tiempo o que las fallas de los hombres: la Eucaristía vínculo de caridad (Sto. Tomás de Aquino).

Meditatio

La celebración de “Corpus Christi” planteada como la celebración de la alianza nueva de vida propone a la reflexión:

  1. Nuestra comunidad de discípulos ¿Se conserva realmente unida con Dios y entre sí a través del Santísimo Sacramento? ¿O hemos olvidado la urgencia de unidad y amor que él significa?
  2. En nuestros proyectos personales y comunitarios ¿Partimos de la Eucaristía como fuente y nos orientamos a ella como a nuestro fin?
  3. ¿Cuánta de nuestra piedad es realmente Eucaristía y centrada en la presencia real de Cristo (su Cuerpo y su Sangre, la persona toda ofrecida por amor)?
  4. Este misterio de Encarnación, de donación y entrega ¿Nos mueve a acercarnos a los más pobres y olvidados, imitando a nuestro Señor y Maestro?

Oratio

Guárdame, oh Dios, que en ti me refugio.  Digo a Yahvé: «Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de ti».  Pero ellos dicen a los santos de la tierra: «¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!». Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo.  Pero no les haré libaciones de sangre, ni mis labios pronunciarán sus nombres.

Yahvé es la parte de mi herencia y de mi copa, tú aseguras mi suerte:  me ha tocado un lote precioso, me encanta mi heredad.

Bendigo a Yahvé, que me aconseja; aun de noche me instruye la conciencia;  tengo siempre presente a Yahvé,  con él a mi derecha no vacilo.

Por eso se me alegra el corazón, sienten regocijo mis entrañas,  todo mi cuerpo descansa tranquilo;  pues no me abandonarás al Seol,  no dejarás a tu amigo ver la fosa.

Me enseñarás el camino de la vida, me hartarás de gozo en tu presencia,  de dicha perpetua a tu derecha.

Contemplatio

Medito en el misterio de la Eucaristía.

Actio

Esta semana me propongo hacer una Hora Santa

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Lectio Divina, 27 de Mayo de 2018

Lectio Divina, 27 de Mayo de 2018

Solemnidad de la Santísima Trinidad

Ciclo “B”

Página Sagrada:

 Dt 4, 32-34.39-40 * Salmo 32 * Rm 8, 14-17 * Mt 28, 16-20

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“Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”

Invocación inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz , que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.

Amén.

Texto

16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. 17 Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. 18 Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. 19 Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

Lectio

Mateo concluye su evangelio con un relato de encuentro, envío y promesa de Jesús a sus discípulos. La presencia de Dios en el mundo una vez que los cielos se han abierto y Jesús se ha encarnado, es definitiva, pues su nombre es “Emanuel”, es decir, “Dios‐con‐nosotros”.

El encuentro final de Jesús con sus discípulos tiene lugar en un escenario significativo: en Galilea, donde comenzó la misión; y en un monte, como cuando Dios congregó a su pueblo en el Sinaí. Es la iniciativa de Jesús la que hace posible el encuentro: los once van donde Él los había citado. Este encuentro es un momento decisivo; en él Jesús constituye al nuevo pueblo de Dios que continúa su misión. Es el momento del nacimiento de la Iglesia. Sorprendentemente, Mateo recuerda aquí la duda (v. 17). En otras palabras, la actitud de los discípulos expresa la fe; sin ella no hay fundamento para el nuevo pueblo, para la Iglesia, para la misión. Pero una fe que ha estado, está y estará mezclada con la duda, que es compañera inseparable de la fe itinerante. Como siempre: fe y vacilación, claridad y desconcierto.

En el relato de hoy se nos dice que la Trinidad no sólo es el ideal y modelo de unión, diversidad y comunión que la Iglesia debe intentar realizar entre sus miembros; es también fuente de nuestra vida e identidad cristiana. Dios, en su misterio más intimo y en su relación más honda, no es soledad sino familia; lleva en Sí y nos comunica paternidad, amor vivo y creativo. La Trinidad es la mejor expresión para comprender nuestra vida cristiana como encuentro, envío, promesa, presencia y paciencia. Romper nuestros muros, para seguir a Jesús; ir al mundo y encarnarnos, para descubrir lo que somos y lo que estamos llamados a ser; consagrarnos al Dios de Jesús, para experimentar su revelación y compañía.

Meditatio

  • Nuestra relación con el Dios de la Trinidad (al que invocamos tan continuamente, por ejemplo, al santiguarnos) ¿Nos hace tomar conciencia del amor que Él nos tiene?
  • ¿Tenemos la serenidad y la esperanza de que todo viene de Dios? ¿O también nosotros buscamos, otras cosas que definan nuestro camino y lo gobiernen ‐tentación de magias, horóscopos, supersticiones‐?
  • ¿Cómo se refleja nuestra fe en el Dios de la Trinidad? ¿Creamos comunión en nuestros ambientes de casa, vecindario, grupo juvenil, trabajo? ¿Se distingue nuestra vida porque ejercemos el amor y la solidaridad en lo personal, social, etc.?

Oratio

Dios único y verdadero, tú eres la fuente de la vida y a quien pedimos ahora que nos concedas lo necesario para vivir, amar y conservar la obra de tus manos. AMÉN

Contemplatio

La alabanza contenida en el cántico de Daniel invita a la contemplación recorriendo con la visión de fe la presencia del Dios Trinidad en la liturgia (templo), en la creación (bóveda celeste, abismos, ángeles), pero también en la historia (Dios de los padres).

Actio

  1. Orientar nuestra vida de jóvenes según los planes y voluntad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
  2. Recordar que la revelación del Dios verdadero ha venido por Jesucristo, e invitar con alegría a su conocimiento y seguimiento como Camino, Verdad y Vida que llevan a Dios (cf. Jn 14, 5).
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